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El valor de un blog

Quizá esté equivocado, pero tengo la impresión que dentro de las novedades impuestas en el mundo moderno por las Nuevas Tecnologías de la Información y las Comunicaciones, los blog son quizá “el último de la fila”, cuando se les compara con las abarcadoras redes sociales de Facebook y Twitter, que han atraído la mayor cantidad de usuarios hacia sus espacios, convirtiéndose en las más populares en el mundo virtual.

Y por supuesto que no niego la influencia y el alcance de tales herramientas, como mismo he expresado en espacios de este post mis inquietudes y reservas sobre cierto uso de las redes sociales, pero ello ahora no viene al caso.

Me interesa hoy intercambiar con quienes me leen sobre la importancia que van adquiriendo con el paso del tiempo los blogs como sitios individuales y, por qué no, alternativos para la difusión de información, con características muy distintas a lo que son en la actualidad las propias redes sociales y también y no menos importante, con respecto a los llamados grandes medios, o medios oficiales o tradicionales.

¿Quién podría pensar, hace solo unos pocos años, que los blogs podrían convertirse y de hecho ya lo son, en espacios de información pararela a la que brindan lo que conocemos como medios de comunicación más tradicionales y que además, también podrían asumir la función de fuentes de información, ante las ausencias de esta en los lugares donde siempre el lector encontró lo que buscaba.

Y traigo un ejemplo reciente luego del paso devastador del huracán Sandy por el oriente cubano y donde todos los medios, sin excepción, se volcaron a reflejar lo sucedido en los territorios más abatidos, tanto en imágenes como en trabajos periodísticos de todos los géneros.

De manera general, mientras fuimos haciendo nuestra labor editorial para reflejar la tragedia y la recuperación posterior, utilizamos diversas fuentes para hurgar en la realidad de las provincias más dañadas y por supuesto, que en acontecimientos de esta índole, tendríamos que aplicar aquella máxima de que una imagen vale más que mil palabras.

Por lo tanto, si en algo insistimos a largo de todos estos días ha sido en mostrar, por cruda que fuera, la realidad dejada por el agresivo meteoro, las secuelas de tanto destrozo y la respuesta de quienes tienen en sus manos la recuperación.

Por supuesto que con el paso de los días las imágenes se agotan y los editores, ante reclamos de buscar la mejor para ilustrar un trabajo acuden a todos los medios disponibles que les permitan satisfacer los requerimientos. Es así, que ante la necesidad de ilustrar un trabajo periodístico sobre los daños causados a la universidad de Oriente, lo único que encontraban esos editores, era la misma foto ya publicada en reiteradas ocasiones. Buscaban y buscaban y no aparecía la imagen ideal para acompañar la información, hasta que… apareció un blog, de un periodista por más señas, para erigirse como la salvación. En él estaban las fotos que ningún otro medio “oficial” había tomado: el destrozo de los almacenes de libros de la universidad santiaguera. Solo allí estaba, luego de haber “navegado” por el ancho mar de Internet, Google mediante.

Ya logrado el objetivo, volví a reflexionar sobre la importancia de los blog y me asaltó una interrogante, que les dejo para meditar. ¿Blogs o medios? ¿Medios o blogs?

Amistades virtuales

La red social Facebook, a no dudarlo, ha logrado uno de los mayores impactos en cuanto a la socialización de Internet. En otros momentos he comentado mis criterios sobre ese invento de la era moderna, y he publicado aquí consideraciones sobre ciertas boberías asociadas a ese monstruo comunicativo, que según unos datos que me llegaron recientemente, tiene ya más de 500 millones de usuarios.

Pero no voy a ponerme a criticar ahora cierta anarquía y otros detalles que me han hecho señalarle lunares evidentes a tan “respetada” red.

Por otro lado, aunque mi posición haya sido la de mirar con profundidad sus zonas menos felices, no dejo de reconocer que Facebook forma parte de la vida de todos esos millones de seres humanos que de alguna manera encontraron en ella mucho de lo que les hacía falta y sintieron que a través de las posibilidades que brinda, se pueden, también, ampliar las relaciones entre quienes allí se encuentren.

Sin embargo, esta introducción solo era para acercarme a otro fenómeno, no tan masivo y quizá de no tanta trascendencia pública como la comunicación por las redes sociales, y es el relativo a la relación que establecen los lectores a través de otros espacios en la propia web.

Si, porque he estado apreciando cómo se vienen forjando relaciones de amistad o al menos de camaradería, mediante ciertos espacios que, al menos en los medios de prensa en Internet, permiten comentarios a las noticias, y que han servido de plataforma comunicativa para quienes se vuelven asiduos a debatir temas de diversa índole.

Para hacerlo más claro, cuando uno revisa los comentarios de los lectores que genera una sección de Juventud Rebelde como Acuse de Recibe, se aprecia, como primera tendencia, la recurrencia diaria de un grupo de personas, dispuestas cada día a opinar sobre la temática que el periodista pone a debate. Y eso, además de ser un excelente síntoma de lealtad al profesional, me ha permitido descubrir que el diálogo que se establece entre quienes opinan allí, ha ido derivando, para algunos, en intercambio de criterios más allá del propio tema puesto en el “tintero virtual” y se ha ido convirtiendo en un lugar donde se tejen nuevas relaciones.

Quizá pueda yo exagerar un poco, pero cuando se observa el comportamiento de algunos de los que allí ofrecen sus visiones del mundo y de la vida, de quienes se hablan como si se conocieran hace mucho tiempo y ni siquiera sabe el uno como es el otro, debemos entonces meditar cómo los nuevos espacios que la web proporciona pueden contribuir a que personas desde disímiles lugares del mundo se conozcan, intercambien, opinien, se ayuden, difieran, debatan, en fin, que una nueva comunidad, muy ajena a Facebook y compañía, puede estar surgiendo.

Y esas amistades virtuales,  son otro fenómeno que requiere estudio.  ¿Qué creen?

Cuidado con las enfermedades virtuales

Mucho se habla por estos tiempos de los “peligros” que acechan a quienes en la era de las Nuevas Tecnologías de la Información y las Comunicaciones, han caídos, presos, de los adelantos tecnológicos que por días revolucionan la existencia humana.

Se sabe, se ha escrito y se comenta con bastante frecuencia, los daños que puede causar el exceso de tiempo frente a una computadora y las enfermedades asociadas a ello, pero no quiero referirme específicamente ahora a este tipo de daños físicos, más bien me interesa, sin desdeñar la nueva era en la que vivimos, acercarme a otros más asociados a prácticas abusivas o de exceso en la relación del hombre y de la mujer, para que no me critiquen el enfoque de género, con esos aparatos que se nos han hecho imprescindibles en la vida moderna.

El uso de las herramientas informáticas es sin dudas una de las posibilidades más gratas que ha tenido el ser humano en los últimos 40 años, de eso no hay duda, sin embargo, el abuso en su empleo, puede de hecho ser nocivo, sino se controla bien y se convierte en enfermizo.

¿A dónde quiero llegar, se preguntarán algunos?

Pues solo es alertar, buscar la reflexión sobre todo para que la socialización a la que hemos estado acostumbrados durante mucho tiempo, no sea desplazada por un apego desenfrenado a la computadora o a los teléfonos móviles o cuanto aparato las grandes industrias inventen en su carrera hacia el infinito.

Y lo digo porque he tenido conocimiento sobre ciertos grupos de personas que solo y nada más, viven, y viven y requeteviven para y desde una computadora o un teléfono móvil, y si con Internet, mejor o ¿peor? y empiezan un alejamiento de sus semejantes que casi se convierten, ellos mismos en máquinas en su cotidiano andar.

Podrán pensar que exagero, pero nada más alejado de la realidad.

Ejemplos andan por ahí infinitos, disueltos en la gran autopista de Internet. Y aclaro que no solo los jóvenes, como a veces se piensa, son quienes más apegados están a prácticas que los van individualizando en sus conductas.

Me podrán decir algunos que ese comportamiento es intrínseco a la vida moderna, y quizá no les falte razón, pero no creo que ante tan avalancha, la solución sea esa y no otra.

El hombre y la mujer, por naturaleza, necesitan de las relaciones humanas para su desarrollo, y ha sido así desde que el mundo lo es y si bien en los actuales tiempos las vías de comunicación variaron, lo que no debía cambiar es ese sentido de convivencia que tanta falta nos hace.

Esto es solo un mínimo acercamiento a un tema mucho más complejo, que imagino debe tener ocupado a unos cuantos sicólogos, sociólogos y otros especialistas, enfrentados a una realidad cambiante, pero que no debe llevarnos a la soledad en nuestra vidas.

Analicemos bien nuestro comportamiento diario. Que debemos utilizar las tecnologías en nuestro beneficio es ya una necesidad vital, pero no pueden ellas llevarnos a “enfermedades” que pudieran ser irreversibles.

Otras opiniones, como siempre, las espero por acá.

La individualización del placer

El placer en los tiempos que corren está ligado a ciertas cosas materiales, me comentó hace poco un conocido mientras reflexionaba sobre cómo en la era de las Nuevas Tecnologías de la Información y las Comunicaciones el disfrute, pasa, según él casi inexorablemente, por ciertos niveles de posesión de objetos electrónicos de última generación.

Y alguien que se encontraba cerca decía no coincidir plenamente con tal afirmación, pues, para esta otra persona, llevar un vida plena requiere de muchos otros atributos, muy, pero muy lejos de la necesidad de contar con artefactos tecnológicos de la última moda.

Así, en esa dicotomía imagino se encuentren actualmente muchas personas en este mundo, pues por un lado están los defensores de una existencia atada a lo último que saldrá al mercado de los aparatos tecnológicos, mientras otros siguen refugiados en sus tradicionales hábitos en armonía con una convivencia menos virtual.

Y traigo el tema a colación, a propósito de los cambios que se vienen operando en muchas actividades de la vida diaria, donde cada vez más el uso de computadoras, teléfonos móviles en toda su amplia gama de inventos, y otros equipos, con Internet como telón de fondo, tienden a cierta individualización de los hábitos de vida cotidianos, a lo que pueden sumarse redes sociales, como Facebook, que si bien han revolucionado la manera de relacionarse entre las personas, también han provocado cierta adicción por momentos casi enfermiza, de estar “pegados” frente al ordenador.

A esta altura, alguien podría preguntarme, y a dónde quieres llegar con estas letras. Pues creo necesario que meditemos sobre cómo dentro los cambios obligados que nos ha impuesto la modernidad, preservamos ciertas formas que no se contradicen con la visión futurista de la vida.

Por ejemplo, en las redacciones periodísticas cada vez con más fuerza se aprecia la poca presencia de los profesionales, pues en muchos casos tienen conexión a Internet desde sus casas y ya se sabe que muchos en estos tiempos pretenden aplicar, parafraseando, aquella frase de “Denme Internet y moveré al mundo”.

Pues lo cierto es que muchos profesionales de los medios olvidaron el camino hacia sus antiguos predios y ya no necesitan visitar los espacios físicos, habida cuenta que la Internet transformó las rutinas de producción en todos los sentidos.

Ello es inevitable y no podemos negar sus ventajas, pero no deben quedar sin análisis los posibles contratiempos que traen tales prácticas, sobre todo si se entiende que la obra colectiva y la discusión y el intercambio in situ son prácticas muy saludables. Las relaciones humanas directas no tienen y no tendrán nunca sustitutos virtuales.

Otro tanto puede ocurrir con ciertas prácticas que se han venido a entronizar con la aparición de las redes sociales.

¿Acaso hay un tiempo determinado para estar frente a una computadora, “navegando” por las redes sociales? ¿Los cambios de conducta que ya son apreciables en algunas personas adictas a esos espacios, serán normales o inducidos por las nuevas tecnologías? ¿No debemos tomarnos ciertos aires de vez en cuando para salir al mundo real donde convivimos? ¿Podemos respirar si tener contacto o acceso a Internet?

Son algunas interrogantes que me vienen a la mente, que para muchos parecerán anticuadas y sé de antemano que desatarán la polémica.

Mientras, recuerdo la anécdota de dos amigas, que corren el peligro de  iniciar un no deseado distanciamiento en su centro de trabajo y en sus relaciones diarias, pues una de ellas no se despega de Facebook, mientras la otra le suplica que conversen sobre la última travesura de su mascota canina.

Ya para ellas, nada está siendo igual. Algo les cambió su manera de relacionarse. ¿Acaso fueron las Nuevas Tecnologías? ¿Las redes sociales? o ¿La vida misma?

La cultura Blog

Aunque en Internet aparecen un sinnúmero de definiciones sobre la cultura blog, quiero hoy proponerles algunas de las características que he notado comienzan a aparecer en quienes han iniciado la experiencia de mantener un blog en la web.

Primero quiero hacer una alerta. El blog puede crear ciberdependencia. Acabo de inventar la palabra y no sé si la Real Academia la aceptará, pero con ella ilustro la manera en que los blogueros se relacionan con la computadora y la red de redes. Crea hábitos y muy fuertes.

Lo otro es que se despierta un ansia desesperada por trasladar ideas. Cualquiera que sea, lo importante es poder transmitir el pensamiento que se tiene por dentro y ponerlo a disposición de los “seguidores virtuales”.

Igualmente, es primordial para el bloguero, un reconocimiento a su espacio. Necesita que lo publicado por él provoque el debate,  la confrontación, el apoyo o el rechazo, en fin, el intercambio. Creo que sin eso, se siente como vacío.

Otra característica que he comenzado a notar en quienes se han ido acercando a este nuevo mundo, está en la necesidad que sienten de dialogar con alguien, aún desconociendo al que está del lado de “allá” de la computadora. Es curioso, cuando te escriben en el blog, todo es tan virtual que hasta las identidades pueden solaparse.
Se transforma hasta la actitud con la que uno enfrenta las nuevas circunstancias.

El blog también está trayendo cierta individualización de las actitudes humanas. Piensen por un momento cuando están escribiendo, frente a la PC, si alguien los acompaña. Creo que se está dando un acto tan, pero tan íntimo que puede alejar, por lapsos, la socialización de muchos actos cotidianos.

Al listado puede agregarse, algo que creo es positivo. Aparecen nuevos amigos cuando de blog se trata. Aunque nunca se hayan visto, aunque la lejanía geográfica exista, puede encontrarse el consuelo en alguien que llegó a tu espacio y tuvo una frase amable, buena, esperanzadora.

Bueno, enemigos también, pero para que la vida sea vida, tiene que haber de todo un poco.

Por supuesto que no tener una conexión rápida es casi una afrenta para el bloguero o bloguera (por aquello del enfoque de género), porque no se concibe él (o ella)  sin la posibilidad de una veloz y eficaz conexión a la “Gran Autopista de la Información”.

No he estudiado muy a fondo todas las conductas humanas que van naciendo, cambiando, o desapareciendo con los avances que ha traído el siglo XXI y las Nuevas Tecnologías de la Información y la Comunicación, pero como siempre les digo, espero que quienes tengan otras  ideas las sumen a este espacio, ya que como bloguero recién nacido, estoy necesitando otras opiniones.