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Cuidado con las enfermedades virtuales

Mucho se habla por estos tiempos de los “peligros” que acechan a quienes en la era de las Nuevas Tecnologías de la Información y las Comunicaciones, han caídos, presos, de los adelantos tecnológicos que por días revolucionan la existencia humana.

Se sabe, se ha escrito y se comenta con bastante frecuencia, los daños que puede causar el exceso de tiempo frente a una computadora y las enfermedades asociadas a ello, pero no quiero referirme específicamente ahora a este tipo de daños físicos, más bien me interesa, sin desdeñar la nueva era en la que vivimos, acercarme a otros más asociados a prácticas abusivas o de exceso en la relación del hombre y de la mujer, para que no me critiquen el enfoque de género, con esos aparatos que se nos han hecho imprescindibles en la vida moderna.

El uso de las herramientas informáticas es sin dudas una de las posibilidades más gratas que ha tenido el ser humano en los últimos 40 años, de eso no hay duda, sin embargo, el abuso en su empleo, puede de hecho ser nocivo, sino se controla bien y se convierte en enfermizo.

¿A dónde quiero llegar, se preguntarán algunos?

Pues solo es alertar, buscar la reflexión sobre todo para que la socialización a la que hemos estado acostumbrados durante mucho tiempo, no sea desplazada por un apego desenfrenado a la computadora o a los teléfonos móviles o cuanto aparato las grandes industrias inventen en su carrera hacia el infinito.

Y lo digo porque he tenido conocimiento sobre ciertos grupos de personas que solo y nada más, viven, y viven y requeteviven para y desde una computadora o un teléfono móvil, y si con Internet, mejor o ¿peor? y empiezan un alejamiento de sus semejantes que casi se convierten, ellos mismos en máquinas en su cotidiano andar.

Podrán pensar que exagero, pero nada más alejado de la realidad.

Ejemplos andan por ahí infinitos, disueltos en la gran autopista de Internet. Y aclaro que no solo los jóvenes, como a veces se piensa, son quienes más apegados están a prácticas que los van individualizando en sus conductas.

Me podrán decir algunos que ese comportamiento es intrínseco a la vida moderna, y quizá no les falte razón, pero no creo que ante tan avalancha, la solución sea esa y no otra.

El hombre y la mujer, por naturaleza, necesitan de las relaciones humanas para su desarrollo, y ha sido así desde que el mundo lo es y si bien en los actuales tiempos las vías de comunicación variaron, lo que no debía cambiar es ese sentido de convivencia que tanta falta nos hace.

Esto es solo un mínimo acercamiento a un tema mucho más complejo, que imagino debe tener ocupado a unos cuantos sicólogos, sociólogos y otros especialistas, enfrentados a una realidad cambiante, pero que no debe llevarnos a la soledad en nuestra vidas.

Analicemos bien nuestro comportamiento diario. Que debemos utilizar las tecnologías en nuestro beneficio es ya una necesidad vital, pero no pueden ellas llevarnos a “enfermedades” que pudieran ser irreversibles.

Otras opiniones, como siempre, las espero por acá.

Internet, la redacción y la ortografía

Internet es modernidad, satisfacción, futuro, pero es también un peligro potencial. Sí, y no lo digo por la proliferación en la red de redes de mucho contenido desechable, poco serio y superficial, que abunda más de lo que cualquiera desearía para una herramienta con tantas utilidades en la vida moderna.

Hay otros peligros relacionados con los cambios que ha venido provocando en el comportamiento humano este soporte en el que poco a poco nos vamos inmiscuyendo, y que está pasando a formar parte de la rutina diaria para millones de personas sobre el planeta.

Quiero referirme, específicamente, a las modificaciones que está trayendo el uso de algunas de las herramientas de la web, en la manera en que las personas escriben o se “hablan” a través de las computadoras.

Ahora que Juventud Rebelde ha ofrecido la posibilidad de agregar comentarios a las noticias, discutíamos en la redacción si cuando los internautas agreguen sus opiniones a los trabajos periodísticos, debe, o no, editarse lo que escribió.

No hablo de cambiar palabras, ni el sentido de lo que se diga y mucho menos manipular lo que el internauta piensa, me refiero a arreglar las faltas ortográficas, los signos de puntuación o elementales problemas de redacción.

¿Qué hacer? Esa fue la pregunta que quedó suspendida en el aire cuando revisé varios comentarios que deseaba publicar en algunos de los trabajos. ¿Deben dejarse esas faltas de ortografía? ¿Arreglar un texto poco entendible, es acaso una violación a las normas éticas que deben regir un sitio web con comentarios?

Para algunos en nuestro entorno, nada debe ser transformado, y lo argumentan diciendo que en otros sitios de Internet los comentarios se publican tal cual se ponen, pero ¿Estamos obligados a seguir cánones que la lógica y el sentido común indican que son incorrectos? ¿Debemos dejarnos llevar por las corrientes de lo mal hecho?

No debemos confundir respeto a la opinión ajena, a la diversidad de criterios, con permitir la reproducción, y no solo en sitios periodísticos, de faltas elementales que pueden y deben ser arregladas, y que de no hacerse le restarían calidad profesional al trabajo del medio.

Desde mi percepción, los editores de la web no deben dejarse guiar por aquello de que todo debe  ser puesto como el lector-internauta lo escribió, así tenga faltas como las que comento. Pienso que deben corregirse esos errores, sin alterar en lo más mínimo el contenido de lo que escribió la persona que deseó expresar una opinión.

Los periodistas y los editores tenemos la responsabilidad de ayudar al uso correcto del idioma y si hoy Internet forma, cada vez más, parte de nuestras vidas, no podemos dejar que semejantes peligros se conviertan en realidades que afecten el trabajo profesional que hacemos cada día.

No es solo el respeto a quienes llegarán a la página a leer esos comentarios. Se trata, también, de enseñar desde lo bien hecho.

Para terminar, les cito un comentario de un lector, a un trabajo periodístico publicado en Juventud Rebelde:

hola soy amate de los deporte extremo creo que devira de enfatisa de ponerlo mas en la televicion hablar mas sobre ellos esplicar las modalides que exiten

Una última pregunta, entonces, ¿debe arreglarse ese texto, o se publica así, para “respetar”, lo que el lector quiso decir?

Yo por mi parte defiendo, a capa y espada, el buen uso de nuestra lengua y como tal pienso debemos actuar en casos como este. Otras opiniones pueden enriquecer esta apreciación.