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Los libros duermen en el estante, ¿será por Internet?

Mientras me desplazaba una noche reciente, lentamente, por los pasillos despoblados de Juventud Rebelde, la vista se me detuvo en una hilera de estantes que, recostados a una pared de uno de los locales donde se archiva la memoria histórica del periódico, guardan como un tesoro, ejemplares de textos de muchos años de antigüedad.

Y de pronto, me quedé embelesado pensando desde cuándo ninguno de nosotros solicita un libro para consultar. Y luego seguí pensando si la era de las Nuevas Tecnologías puso, de una vez y para siempre, al libro contra las cuerdas.

Me resisto a creerlo, pero me preocupa el olvido en el que muchos textos valiosos pueden haber caído, ante la avalancha de Internet y todas las posibilidades que ofrece.

Y ante tal realidad, imaginé otros posibles escenarios en otros tantos sitios de este mundo. ¿Acaso será ocioso meditar qué camino transitarán en el futuro los libros que una vez fueron nuestros principales aliados?

¿Cuántas veces acudimos en esta era moderna a esos reservorios de tanta cultura y sabiduría? ¿Acaso, todo lo que ellos atesoran, está, ahí, disponible, a la vuelta de Internet? ¿Todo el conocimiento acumulado por la humanidad, tras siglos de existencia, puede localizarse en la red de redes? ¿No estaremos sobreestimando las posibilidades reales de algo que aún crece y se desarrolla? ¿Volveremos alguna vez a los libros, cualesquiera que sean, ante la aparición de tantos artefactos sustitutos de ellos, en esta era moderna de tantos avances e inventos diarios?

Son algunas interrogantes que me saltaron a la mente mientras continuaba mi paso por los pasillos de la redacción y mientras pensaba que sería un crimen, imperdonable, dejar que se vayan extinguiendo tantos y tantos libros, que para muchos no son más que un lejano recuerdo de cuanto aprendieron mientras hurgaban sus páginas.

Los libros que duermen en el estante, aquí, allí, allá, merecen también su oportunidad. ¿Será que Internet los condenó al olvido? Triste final sería, para tanto que nos aportaron y nos pueden aportar.

La era digital y la lectura

Son reiteradas las preocupaciones de estudiosos, investigadores, periodistas, maestros y muchos otros actores sociales, acerca de la influencia que las nuevas tecnologías han tenido en los bajos índices de lectura de los llamados nativos digitales, que son aquellos jóvenes y adolescentes que llegaron al mundo, podemos decir, “prendidos” de una computadora.

Y no les falta razón a quienes se muestran inquietos por tal realidad, cuando uno conoce o se acerca a muchachos y muchachas que tienen una deuda y grande, con conocimientos solo adquiribles mediante la lectura de un libro.

A veces hasta resulta difícil indagar con muchos de ellos sobre textos literarios que debían formar parte de su conocimiento elemental, ya no las grandes obras de la literatura universal.  Me estoy refiriendo, incluso, a libros infantiles de todos los tiempos, que para muchas generaciones son un referente de la primera etapa de sus vidas.

Podrán decirme algunos que las computadoras hoy y la famosa red de redes albergan una cantidad ilimitada de textos que pueden ser consultados on line por quienes tienen la posibilidad de conectarse a Internet y que por lo tanto el acceso a la literatura es ahora más masivo que hace unos 20 años.

Pero respondería yo que no es exactamente así la relación entre lo que está disponible y lo que se consume, pues si no se han creado hábitos de consumo cultural para sentir la necesidad de leer un libro, no importará la amplia documentación a la que se puede acceder desde Internet.

Y no se trata de negar que las nuevas generaciones, formadas bajo el influjo de la era digital, dirijan sus intereses hacia otros derroteros del conocimiento y el entretenimiento, pues de aquellos juegos de soldaditos de plomo combatiendo en las esquinas de cualquier barrio, o de los juegos de quimbumbia en las calles de las ciudades y comunidades, hemos pasado a las guerras y juegos electrónicos de la más alta tecnología.

Por supuesto que nada tengo contra la modernidad, pues este post ha tratado de ser un espacio para el debate sano y responsable sobre asuntos del presente y el futuro. Lo que si inquieta es que no se combinen, ya bien por poca influencia familiar, o por deformaciones en la enseñanza desde la casa o por las insufiencias en las instituciones educacionales, las posibilidades reales de la tecnología, con hábitos de cultivar el conocimiento mediante la lectura, ese acto placentero e iniguanable, que recorfota y alimenta el alma y que nos abre caminos para ser mejores.

Por ello, creo que debemos pensar, todos, como en medio del contexto en que las Nuevas Tecnologías de la Información y las Comunicaciones se abren un paso acelerado en nuestras vidas y ocupan la mayor parte de quienes nos suceden, incentivamos en el relevo las ansias de encontrar en un libro, el placer de descubrir algo nuevo.

No debemos cejar en empeño tan alto. Otros criterios podrán enriquecen esto que comento.