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Los retos de la virtualidad

Ahora que comienza el 2012 y por ahí se filtran ciertas amenazas contra algunos de los principales adelantos vinculados a Internet, preciso escribir unas breves líneas sobre los retos que la virtualidad impone en esta era de la modernidad, donde casi nadie sabe qué es lo que está detrás de esa pantalla, ya bien en el teléfono inteligente, la tabletas o las pantallas más tradicionales de las computadoras de escritorios o laptop.

Y aclaro que no me estoy refiriendo a las vías que las propias redes sociales han creado en su dispersión mundial y mucho menos a que este tipo de fórmulas de contactos no sean efectivas para que cada quien logre sus propósitos en la vida.

El tema viene a colación ante la multiplicidad de nuevos sitios que nacen cada día en la red de redes y que uno se pregunta cómo es posible que se mantengan con sus ritmos habituales de entrega de los productos comunicativos para los que fueron creados.

Es ahí adonde quiero llegar, es decir, creo que estamos enfrentados todos a un dominio mayor de esa virtualidad que el propio desarrollo de las tecnologías han puesto en nuestras manos. ¿Cuántas personas puede haber hoy detrás de una publicación web informativa? ¿Acaso se necesitan grandes redacciones para mantener on line una página noticiosa de cierto decoro profesional? ¿No son cada vez más virtuales muchos de los sitios que hoy pueden marcar pauta dentro del complicado entramado que significa Internet?

A las interrogantes que yo mismo realizo, no les tengo todas las respuestas. Solo puedo aportar desde el estudio de ciertas propuestas, que han demostrado que para la realización de acciones en la web son necesarios ciertos requisitos, de lo contrario, todo esfuerzo que pueda hacerse quedaría muy por debajo de las necesidades informativas de los lectores más exigentes.

El primero de esos requisitos es sin dudas, poseer una conectividad. Este punto es clave y sin él posiblemente el resto no tengan mucho sentido. Y por supuesto, que mientras más rápida sea, será mejor, pero cualquiera que sea la vía para ello, significará el primer paso hacia el resto de las acciones que se deben realizar.

Pero no solo basta con tener,  pues puede desperdiciarase mucho si no se utiliza con efectividad y utilidad. Por ello, acompaña a la conectividad, una variable muy, pero muy importante;  se trata del tiempo, ese que casi nunca nos alcanza, pero que es imprescindible tomarlo en cuenta ante cualquier empeño en tales circunstancias. Hoy, creo yo, que nos alcanza menos que antes, pues ciertas adicciones de la vida moderna a las computadoras e Internet, restan tiempo para otras prácticas, que antaño eran realizables sin la “internetdependencia” o la “computadorización extrema” de la vida moderna. Y que conste que no critico, solo observo los comportamientos de que somos presa cada uno de nosotros.

No puede olvidarse entre los necesarios enfoques, las capacidades tecnológicas mínimas imprescindibles con que se deben contar, no solo en software, sino muy importante, el hardware, fundamentalmente los servidores que servirán como soporte para cualquier emprendimiento.

Y dejé de último en este breve pase de lista, al recurso, desde mi modesta apreciación, más importante y preciado: el ser humano y su capacidad profesional para emprender cualquier ¿aventura? en los tiempos de las Nuevas Tecnologías de la Información y las Comunicaciones. Sin los hombres y mujeres que deben otorgarle a la tecnología su valor de uso individual o social, poco se podrán alcanzar ante las competencias cada vez más altas que aparecen en el diario bregar.

Creo que por ahí seguiremos andando cada día desde la virtualidad que nos permite la era actual, con los primeros 11 años cumplidos del sigo XXI.

¿Tendremos muchos y mayores retos en los años por venir? Casi seguro. Ojalá y estas reflexiones en el inicio del 2012, también ayuden a meditar sobre este tema, uno de los tantos que merecen que nos detengamos a pensar.

¿Acaso la virtualidad será superada por algo que aún el ser humano no ha pensado todavía? Ver para creer.

Citar fuentes sin tener miedo

De lo que escribo hoy, podrá parecer para algunos una verdad de Perogrullo, pero en la era de las Nuevas Tecnologías de la Información y las Comunicaciones, la “competencia” para quienes nos dedicamos al Periodismo, puede resultar, de alguna manera y por momentos, algo difícil.

Traigo a colación este tema, pues hoy más que nunca, cuando el famoso San Google se nos hace cada vez más cercano, y casi nos convertimos en rehenes de él para la búsqueda primaria de información, no podemos pecar, en los medios de comunicación, de ingenuos y cometer pifias que en cualquier momento algún lector “avisado” no las puede señalar.

Y ese lector puede actuar así por varias razones. La principal, desde mi perspectiva, es que si bien antes la búsqueda de información para una persona alejada de los medios, debía transcurrir en bibliotecas, centros de documentación o lugares similares, mientras el periodista tenía en sus manos información exclusiva, única, de primera mano, pues accedía a fuentes solo disponibles en las redacciones, como por ejemplo, las agencias de prensa u otras variantes de obtención de información como televisoras, etc, hoy el panorama, con la llegada de Internet y todo cuando a ello viene aparejado, es totalmente diferente.

Porque ahora, el acceso a la red de redes pone casi en igualdad de condiciones al profesional y al lector. La diferencia estaría en las competencias profesionales de cada cual para asumir el acto comunicativo, pero incluso, siendo esto verdad, la irrupción de Internet en la vida moderna y las complejidades que ha sumado desde todos los puntos de vista, han hecho temblar muchos conceptos hasta ahora intocables en el ámbito de la comunicación.

Sin embargo,  sigo apostando, quizá demasiado aferrado a pensamientos tradicionalistas, a que los profesionales de los medios no han perdido la batalla de la comunicación por Internet, pero las distancias entre estos y sus potenciales receptores parece acortarse con el paso del tiempo y la velocidad de los cambios que la nueva era va imponiendo.

Por ello creo de alta prioridad, hoy más que nunca, el constraste de las fuentes que utilizamos para cualquier trabajo periodístico y además, abogo por un correcto uso de estas. Es decir, no puede ser que el primer resultado que obtenga en mi búsqueda primaria, sea tomado como único e indiscutible, porque fue lo primero que apareció en la caja del San Google.

Necesitamos, cada vez más, estar seguros de qué fuentes utilizamos y si realmente es confiable, seria y profesional;  evitar que nos “embarque”, porque fue lo primero que “apareció” cuando requerí información sobre un tema determinado.

El tema de las fuentes en el Periodismo ha sido muy debatido en círculos académicos y en las propias redacciones y existen tendencias y maneras de ver el asunto.

Para ciertos profesionales, las fuentes son cosa de poca monta o algo secundario; para otros, citarlas se convierte en una obsesiva protección ante cualquier señalamiento posterior.

Entonces, lo importante, es ir más allá de cualquiera de estas apreciaciones y ser, ante todo, profesionales en nuestro trabajo.

Si, porque lo que debe marcar la labor de cualquier profesional en los medios es su apego a la verdad, y su humildad para cada trabajo que realiza.

No estoy clamando, como alguien me dijo hace poco, que ante cada frase o palabra extraída de un texto consultado, detrás aparezca un número para la referencia al final del artículo periodístico.

Si creo que las fuentes deben utilizarse en la justa medida que lo requieren, sin excesos, pero no obviarlas, sobre todo cuando son necesarias para la confirmación de datos, la explicación de novedades y la seguridad de que lo que estamos diciendo es ciertamente así y no de otra manera.

Sobre el uso de las fuentes hay mucha tela por donde cortar, invito a otros que se embullen a realizar sus trazos y opinen aquí qué piensan sobre ello.

Los amigos de mis amigos de mis amigos, ¿son mis amigos?

Algo complicado el título, lo intuyo, pero no encuentro otra forma para hablar de algo que hace unos meses me ha estado dando vuelta en la cabeza y que por falta de tiempo y otras razones, no había comentado en mi blog.

Se habrán imaginado muchos que me voy a referir a eso que hoy llaman la gran revolución en la comunicación del Siglo XXI. Sí, son las redes sociales y específicamente la “líder”, la “estrella del momento”: Facebook.

Tenía preparado un titular diferente para cuando me acercara a este tema y más o menos había escrito en una hoja en blanco algo así como Facebook, la anarquía y la bobería.

Pero el tiempo pasó y traté de ahondar en los “misterios” de esa herramienta que cada día logra más usuarios, con una popularidad en crecimiento y con una integración cada vez mayor de todo lo que las personas aspiran a realizar en Internet, pero desde una sola Interfase.

Resulta muy complicado hacer un análisis sociológico de esta llamada red social- otros le dan otras clasificaciones, pero ello no viene al caso ahora- pues llevaría mucho tiempo acercarse a las motivaciones que encuentra la gente para llegar hasta ella y cualquier analisis científico tiene que llevar inexorablemente una investigación profunda detrás.

Innegable es que se ha constituido en uno de los fenómenos más destacados de la Era de las Nuevas Tecnologías de la Información y las Comunicaciones, y que muchos hoy deben estar estudiando, midiendo, buscando los por qué de tanta furia comunicacional.

Pienso yo que lo sucedido con Facebook de alguna manera ha sido la reproducción a escala de la red de redes, de fenómenos que se dieron en otros momentos de la humanidad, cuando nacieron tecnologías que acercaron a las personas distantes en espacios físicos lejanos, ahora bajo la filosofía de compartir entre todos y hacer comunidades.

Es decir, las relaciones sociales entre los individuos, los colectivos humanos y las sociedades en su conjunto, han encontrado mediante el uso de la Internet una expresión de globalización total.

No critico a Facebook, que se entienda, trato de acercarme al fenómeno desde mi poca experiencia, y puedo decir que tiene muchísimas aristas positivas, pero creo también que está regida, en ciertos aspectos, por algunas boberías que todavía andan por ahí.

Claro, me dirán muchos, es una plataforma para compartir lo que las personas desean. De acuerdo, pero no es menos cierto que muchas de esas personas, al menos para mi, utilizan sus neuronas para cosas que solo resultan de interés para ellas y sus más allegados.

Entonces, vuelvo al título, ¿acaso los amigos de mis amigos de mis amigos, tienen interés en que yo sea su amigo o viceversa?

Estaría por ver, pues conozco a muchos que quieren mantener su posición en esa red social para intercambiar con sus más allegados y llegan a molestarse cuando algún “intruso” o “amigo de su amigo”, lo comienza a “sofocar” para que acepte una invitación de amistad.

Parecería un trabalenguas, pero trato solo de acercarme a un fenómeno del que me gustaría leer otras opiniones. Claro que es muy bueno tener amigos, desarrollar nuevas relaciones, encontrar a personas que de pronto uno dejó de seguir y que luego te aparecen por aquí gracias a la “magia” de esta herramienta.

Por ello, voy a terminar con algunas interrogantes, que nos pueden ayudar a debatir sobre este novedoso, polémico y especial espacio que ya, según leí recientemente, tiene más de 500 millones de usuarios.

¿Facebook es acaso el ideal de la comunicación para la web? ¿Logró ya, como herramienta, la integración perfecta? ¿Facebook no es también sitio para la anarquía y la bobería? ¿Debemos estar de espaldas a este fenómeno? ¿Estar dentro de él es acaso un símbolo de la modernidad? ¿Los amigos de mis amigos, deben ser también mis amigos?
Los dejo para leerlos.

Las nuevas señales de la comunicación

El intento de Golpe de Estado contra el presidente ecuatoriano Rafael Correa revela varias lecturas para el campo de la comunicación y la información actual.

Y no solo lo digo por la manipulación mediática tradicional de las grandes trasnacionales de la mentira, esas que no reconocerán jamás que lo sucedido ese día fatídico para la constitucionalidad en América Latina fue el secuestro de un presidente, y un zarpazo contra la democracia, que por suerte no pudo consumarse.

Se sabe que CNN y algunos otros medios que se autoproclaman paladines de la libertad de expresión, como las grandes agencias de noticias y periódicos de mucha “autoridad”, tienen un libreto predeterminado para ocasiones como esta. La compañía norteamericana lo que vio en Ecuador fue una sublevación, una rebelión de policías descontentos. En fin, que para estos emporios mediáticos, los sucesos de aquel día no apuntaban a dañar la institucionalidad de un país y de un gobierno elegido democráticamente por el pueblo.

Pero dejo a los lingüistas y a otros profesionales un análisis más profundo, que se acerque quizá al uso de términos engañosos, que puedan desentrañar cuánto de maldad se esconde detrás de cada palabra utilizada.

Lo que quiero comentarles hoy es otra de las lecciones que, al menos para mí,  dejó este acontecimiento desde el punto de vista de la comunicación y que los editores de los medios en Internet no debemos desconocer.

Durante las tensas horas que duró el secuestro de Correa y las protestas del pueblo que avanzaba en su rescate, en Juventud Rebelde ofrecimos a los lectores fieles a nuestra página  un seguimiento minuto a minuto, posibilidad que nos ofrecía poder ver en Vivo las imágenes que Telesur, por suerte, nos hacía llegar de lo que acontecía en el país sudamericano.

En la vorágine de ofrecer a los internautas “lo último”, nació la idea de conocer qué opinaban los lectores de la web sobre el zarpazo a Correa.

Para ello construimos una breve nota cuyo titular era Opine sobre el intento de Golpe de Estado en Ecuador, con el propósito de palpar las apreciaciones que sobre lo que acontecía tenían quienes estaban accediendo a los productos informativos que ofrecíamos instantáneamente.

En pocos minutos, decenas de lectores de sumaron al apoyo a Correa con frases de aliento, expresiones de solidaridad y llamados a respetar la constitucionalidad de aquella nación.

Por otro lado, se mantuvo durante toda latarde- noche la actualización constante de lo sucedido hasta el momento victorioso cuando el presidente ecuatoriano llegó al Palacio de Gobierno, sus palabras y el apoyo popular. En días posteriores ofrecimos el seguimiento informativo que se desprende debe hacerse.

Pasaron los días, y llegaron los análisis dentro de nuestro medio de los resultados de esa amplia cobertura. Resultó interesante constatar, entonces, algunos de los datos que aportaron los análisis estadísticos. Para sorpresa de muchos, lo más leído de la histórica jornada y en días posteriores, resultó la nota breve, pequeña, escueta, donde invitábamos a los lectores a compartir sus opiniones sobre el acontecimiento noticioso del día.

¿Casualidad? ¿Era eso lo previsible sino nos atenemos a lo tradicional? ¿Acaso la función de siempre no fue dar noticias y nada más? ¿Realmente el acontecimiento noticioso era lo que más interesaba al lector? ¿Por qué tantas visitas a la nota en cuestión?

Estas y otras muchas interrogantes comenzaron a darnos vueltas en la cabeza, pues además de haber hecho la cobertura instantánea de lo que ocurría, también se multiplicaron los mensajes en las redes sociales, los correos electrónicos, en fin, no hubo herramienta de las que están a mano en Internet y disponibles, que no utilizáramos, sin embargo, lo que generó más tráfico en tales circunstancias no fue necesariamente la noticia, sino la posibilidad que le dimos al lector de opinar.

Ante tal panorama y aunque pueda tomarse como una simple casualidad o un ejemplo aislado, no debemos desconocer que algo ha ido cambiando.

Es deber primero de un Editor prestar atención especial a un suceso como este, sobre todo si queremos “enganchar” a más personas para que vean nuestros contenidos.

En esta era de las Nuevas Tecnologías, la comunicación nos está ofreciendo nuevas señales. El lector no quiere estar pasivo, es partícipe y cómplice, quiere que su punto de vista sea tenido en cuenta, no desear estar como simple espectador, ahora se involucra, opina, disiente, contradice, apoya, y cada vez más toma como bandera las posibilidades de intercambio activo que se abren.

El internauta dice “las condiciones cambiaron, mi opinión cuenta, vale y la tienes que tomar en cuenta, ya no solo es de allá para acá, también es de aquí para allá”.

Es decir, los medios no debemos estar de espaldas a realidades como esta. Antes el mensaje iba en una sola dirección, ahora “el fuego” es cruzado y puede haber tiros más certeros, incluso, del lado de quienes nos leen.

Son algunos retos que tenemos hacia el futuro, nuevas señales de los cambios que envuelven a quienes permanecen en los medios “tradicionales”, posibilidades que debemos medir en todo su alcance, para que cada paso que se de, en un mundo como este, no sea en vano.