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La individualización del placer

El placer en los tiempos que corren está ligado a ciertas cosas materiales, me comentó hace poco un conocido mientras reflexionaba sobre cómo en la era de las Nuevas Tecnologías de la Información y las Comunicaciones el disfrute, pasa, según él casi inexorablemente, por ciertos niveles de posesión de objetos electrónicos de última generación.

Y alguien que se encontraba cerca decía no coincidir plenamente con tal afirmación, pues, para esta otra persona, llevar un vida plena requiere de muchos otros atributos, muy, pero muy lejos de la necesidad de contar con artefactos tecnológicos de la última moda.

Así, en esa dicotomía imagino se encuentren actualmente muchas personas en este mundo, pues por un lado están los defensores de una existencia atada a lo último que saldrá al mercado de los aparatos tecnológicos, mientras otros siguen refugiados en sus tradicionales hábitos en armonía con una convivencia menos virtual.

Y traigo el tema a colación, a propósito de los cambios que se vienen operando en muchas actividades de la vida diaria, donde cada vez más el uso de computadoras, teléfonos móviles en toda su amplia gama de inventos, y otros equipos, con Internet como telón de fondo, tienden a cierta individualización de los hábitos de vida cotidianos, a lo que pueden sumarse redes sociales, como Facebook, que si bien han revolucionado la manera de relacionarse entre las personas, también han provocado cierta adicción por momentos casi enfermiza, de estar “pegados” frente al ordenador.

A esta altura, alguien podría preguntarme, y a dónde quieres llegar con estas letras. Pues creo necesario que meditemos sobre cómo dentro los cambios obligados que nos ha impuesto la modernidad, preservamos ciertas formas que no se contradicen con la visión futurista de la vida.

Por ejemplo, en las redacciones periodísticas cada vez con más fuerza se aprecia la poca presencia de los profesionales, pues en muchos casos tienen conexión a Internet desde sus casas y ya se sabe que muchos en estos tiempos pretenden aplicar, parafraseando, aquella frase de “Denme Internet y moveré al mundo”.

Pues lo cierto es que muchos profesionales de los medios olvidaron el camino hacia sus antiguos predios y ya no necesitan visitar los espacios físicos, habida cuenta que la Internet transformó las rutinas de producción en todos los sentidos.

Ello es inevitable y no podemos negar sus ventajas, pero no deben quedar sin análisis los posibles contratiempos que traen tales prácticas, sobre todo si se entiende que la obra colectiva y la discusión y el intercambio in situ son prácticas muy saludables. Las relaciones humanas directas no tienen y no tendrán nunca sustitutos virtuales.

Otro tanto puede ocurrir con ciertas prácticas que se han venido a entronizar con la aparición de las redes sociales.

¿Acaso hay un tiempo determinado para estar frente a una computadora, “navegando” por las redes sociales? ¿Los cambios de conducta que ya son apreciables en algunas personas adictas a esos espacios, serán normales o inducidos por las nuevas tecnologías? ¿No debemos tomarnos ciertos aires de vez en cuando para salir al mundo real donde convivimos? ¿Podemos respirar si tener contacto o acceso a Internet?

Son algunas interrogantes que me vienen a la mente, que para muchos parecerán anticuadas y sé de antemano que desatarán la polémica.

Mientras, recuerdo la anécdota de dos amigas, que corren el peligro de  iniciar un no deseado distanciamiento en su centro de trabajo y en sus relaciones diarias, pues una de ellas no se despega de Facebook, mientras la otra le suplica que conversen sobre la última travesura de su mascota canina.

Ya para ellas, nada está siendo igual. Algo les cambió su manera de relacionarse. ¿Acaso fueron las Nuevas Tecnologías? ¿Las redes sociales? o ¿La vida misma?

Moderación moderada

Estuve revisando recientemente varios periódicos españoles, indagando sobre cómo algunos de ellos utilizan la filosofía de la web 2.0,  la famosa web social que estudiosos de todo el mundo no se cansan de predicar, y que por otro lado está en tela de juicio para ciertos entendidos.

La búsqueda que realicé estaba relacionada con la publicación de comentarios a las noticias de la portada de varios medios.

Sin embargo, tamaña sorpresa me llevé cuando visité las páginas de  elpais.com y elmundo.es:  no todas las noticias ofrecían la oportunidad de comentarlas. ¿Razones? No las sé, pero al parecer ciertas reglas encuentran fractura, cuando al editor de tales asuntos le conviene.

En Cuba, la posibilidad de ofrecer comentarios en las páginas web de los medios de comunicación ha ido creciendo poco a poco, pero a un ritmo quizá no tan rápido como se requiere. En los medios donde la administración de las páginas ha pasado a  sistemas de gestión de contenidos, comienza a apreciarse la inclusión de esa modalidad.

En otros post he comentado sobre la necesidad de continuar abriendo espacios de interacción en nuestras páginas web, urgidos como estamos de aumentar el intercambio entre quienes “desde el lado de allá” nos siguen y tienen el deseo de compartir con los “de acá” visiones iguales, o diferentes, a lo que le proponemos cada día.

No ha cesado el debate, ni en los  predios académicos ni en las redacciones, sobre qué métodos seguir para la publicación de los comentarios que los lectores realizan.

No obstante, la práctica más extendida ha sido y es, la moderación y el respeto a la opinión del otro, partiendo de normas que de antemano cada editor señala en la propia caja de comentarios, procedimientos no solo factibles para medios de prensa, sino en blog y en otros escenarios de intercambio, donde rigen reglas similares.

Incluso, y sin acusar a nadie, para que no se me entienda mal, algunos colegas me han expresado que a raíz de la campaña mediática contra Cuba, algunos quisieron ofrecer en ciertos medios europeos en idioma español sus razones y puntos de vistas, distintos,  sobre informaciones que esos periódicos no se “cansaron” de repetir y sin embargo, no tuvieron la “buena suerte” de que sus comentarios fueran publicados allí.

Pura casualidad, al parecer.

Bueno, a lo que iba, la experiencia indica que la posibilidad de hacer comentarios en la web multiplica la credibilidad del medio, ofrece al lector una nueva dimensión de su relación con este, que sobrepasa el mero hecho de recibir sin poder discrepar, opinar, disentir, apoyar, preguntar y un largo etcétera.

Igualmente, se ha convertido, al menos en el caso de Juventud Rebelde, en espacio para el intercambio, no llega a ser una red social por supuesto, pero los más asiduos lo utilizan para trasladarse ideas, se preguntan, apoyan, concertan estrategias sobre un tema determinado, se hacen citas para encuentros posteriores, ya bien virtuales o reales, y logran, pienso yo, modificar conductas en su relación habitual. En resumen, se “hablan” de tu a tu.

Alguien podrá decirme que para eso no fueron creados tales espacios, pero yo podría responder que la vida y la rutina diaria es mucho más rica que cualquier idea preconcebida.

La moderación de comentarios evita, por otro lado, ofensas, insultos, maltratos, atropellos, enjuiciamientos, amenazas y otras tantas barbaridades que se escudan hoy tras la identidad de algunos que visitan la web.

No es una práctica criticable, es más bien responsable y establece pautas a cumplir si se quiere participar.

El respeto es elemental para un diálogo civilizado. Aprender todos a modelarlo, es una actitud de seres humanos racionales en tiempos de tecnología infinita.

En Internet, cada periodista, un editor

Reconozco que la afirmación del título va a ser muy discutida, sin embargo me arriesgo a comentar sobre ella. Y lo hago porque si bien en el nuevo contexto del Periodismo y las Nuevas Tecnologías de la Información y las Comunicaciones, todavía se discute con bastante frecuencia cuáles son las funciones de los profesionales de los medios, no puede obviarse, por otra parte, la tamaña responsabilidad que adquieren quienes tienen bajo su responsabilidad la actualización de las web periodísticas.

No comparto la idea del periodista sabelotodo, pero no dejo de pensar en qué cualidades profesionales, éticas, técnicas, debe o debería tener quien labore en los medios  digitales.

Investigaciones desde las academias existen unas cuantas. Por un lado ponen al
periodista como el que debe saber de todo un poco,  por otro, definen a los profesionales como personas solamente “metidos” en el mundo digital. Es decir, las opiniones son muy diversas, en un campo bastante novedoso y que recibe el influjo constante de las nuevas características que aparecen a diario, aparejadas a los escenarios que van imponiendo esas tecnologías y los retos nacidos del desarrollo de la propia Internet.

Hemos hablado en otros post sobre cómo organizar las redacciones periodísticas, los flujos de trabajo, los soportes tecnológicos que deben dominar quienes en ellas trabajen, etc, sin embargo, poco hablamos de la rutina productiva asociado a ello.

Creo firmemente, y esta aseveración me puede costar una avalancha de opiniones contrarias, que para trabajar en las redacciones digitales o para Internet, como quiera llamárseles, debemos disponer de los profesionales más preparados y capacitados desde todos los puntos de vista.

Y lo afirmo consciente de que por ahí andan opiniones de subestimación a quienes tienen la responsabilidad de actualizar los contenidos de cara a la web. Sin embargo, mi aseveración se basa en la experiencia de estos años y en la posibilidad que ofrece un medio como este.

Por ejemplo, un periodista de la redacción tradicional de un medio que atiende deportes,  generalmente conoce muy bien y “está al tanto” de lo que ocurre en tal liga de fútbol, si es su especialidad, o si este pelotero o aquel está o no en buena forma. Lo mismo sucede con quienes aún mantienen en las estructuras organizativas de sus medios, la sectorialización. El de Cultura sabe generalmente mucho de la última actuación del artista que está “pegao” y en Internacionales, la última noticia sobre ese ámbito que sacudió al mundo.

Ok, hasta ahí todo bien, pero, ¿y el que trabaja para la web, que debe o no debe saber  sobre esos aspectos? Ahí nace, entonces, el dilema.

Desde mi punto de vista, debe saber de todo ello, si entendemos que las versiones web de los medios tradicionales, ya bien periódicos impresos, la radio y la televisión, van alcanzando cada vez más independencia de sus “parientes” en Internet.

Por eso, como digo en el título, la aspiración debe ser que para las redacciones
encargadas de dar soporte a las web periodísticas seleccionemos a nuestros mejores profesionales, que en potencia se convierten en sólidos editores, que si bien no son sabelotodos, como decía al principio, sí deben tener un sentido más abarcador del suceso periodístico, no pueden estar al margen de los acontecimientos noticiosos de la vida en todos sus órdenes, deben ser eficaces buscadores de cuanto está aconteciendo y está relacionado con el perfil editorial de su medio, en resumen, no pueden estar “detrás del palo”, desconociendo  una noticia porque no es su área de atención específica.

Tener en cuenta este asunto puede ser muy provechoso para lograr una efectividada mayor en los mensajes que transmitimos, no quedarnos rezagados a la hora de dar una noticia.

Eso depende mucho de los recursos humanos con que contemos y la preparación que logremos ofrecerles.

Los periodistas que trabajan de cara a la web tienen que ser Editores en potencia y ello no puede ser un sueño lejano. Estaremos garantizando una calidad mayor en nuestras propuestas diarias. En ese camino no deben obviarse tales aseveraciones. Ojalá y otros coincidan y por qué no discrepen de estas apreciaciones. Bienvenidas serán todas.

Independencia relativa y adecuación oportuna

Como he manifestado en otros post, la relación que se ha ido estableciendo, dentro de algunos medios cubanos impresos, entre las llamadas redacciones tradicionales y las digitales, ha pasado de una subordinación de la segunda con relación a la primera, a una interconexión dialéctica, y del consabido volcado de materiales impresos a la web, se comienza a transitar, a la independencia relativa y la adecuación oportuna.

Sin embargo, hoy quiero comentar muy brevemente, cómo tenemos que vibrar, si de Periodismo en Internet se trata, al ritmo de los cambios, y abordar las transformaciones en las rutinas productivas y la organización del trabajo.

La habilitación de la posibilidad de ofrecer comentarios a los trabajos periodísticos en las páginas, ha hecho que el lector pueda participar como un actor más en el proceso de la comunicación, lo que lo convierte de un ente pasivo o un simple “observador”, como lo fue en otros momentos, en alguien que desempeña un papel activo, ofreciendo puntos de vista que apoyen, contradigan o amplíen la realización periodística profesional.

Siempre la tendencia fue publicar materiales en el papel y luego en la web, y en el transcurso de esos procesos las adecuaciones fueron en el material que se pone en Internet, nunca a la inversa. Las razones han sido varias, pero sobre todo, ha tenido mucho peso la realidad de que una vez aprobado y editado el periódico, no es posible corregirlo y no existe, salvo alguna rara excepción, la posibilidad de cambios, pues los costos de producción de las publicaciones son altos y detener la tirada de cualquiera de ellas solo puede hacerse ante imponderables de máxima urgencia, pues desde el momento mismo en que las máquinas rotativas comienzan a producirlo ya ese periódico está en la calle.

Ahora, y siempre digo “en ciertos lugares”, para no generalizar, en algunos medios, los materiales que se preparan para el impreso toman su rumbo hacia Internet una vez “aprobados”  y quienes tienen Sistemas de Gestión de Contenidos, demoran muy poco en publicarlos o “subirlos” hacia la web.

Es decir, comienza a hacerse común, al menos en Juventud Rebelde, que una vez que los materiales llegan a la web, no tienen “marcha atrás”, aunque luego, por decisiones editoriales o problemas de espacio u otras contingencias, esos mismos trabajos tengan que ser sustituidos en el papel y no se publiquen en ese soporte el día que estaba establecido. Sin embargo, sí se mantienen en la versión web y ya los periodistas comienzan a notar que escribir no puede ser exclusivo del llamado Medio Principal.

¿Qué ha sucedido? Pues que al poder comentarse los trabajos, los lectores encontraron otra vía para expresar sus valoraciones. Ya no son las llamadas telefónicas a la redacción o las cartas del correo ordinario, que casi nunca se sabe cúando llegarán, las que marcan las insatisfacciones, las alegrías o las preocupaciones.

Ahora es “en vivo y al momento”. Si el lector se percata de alguna irregularidad o error, o alguna duda surge y la hace explícita, el periodista, los editores y todos aquellos que tienen que ver con el proceso productivo, lo pueden conocer a escasas horas de haber sido publicado el trabajo en Internet.

Se ha dado el fenómeno entonces, a la inversa. Cuando el trabajo va a ser publicado en el soporte impreso, pueden enmendarse esos errores, o ampliarse cualquier aspecto de los sugeridos por los lectores. Las cosas han comenzado a mirarse al revés, o al derecho, como debe ser, según mi punto de vista.

¿Cuál es el principal y cuál es el secundario? Es la pregunta que empieza a rondarnos en la cabeza a muchos de los editores y que también debería ocupar y preocupar a los profesionales de la prensa, lo que traerá aparejado los cambios necesarios en las rutinas productivas y la organización del trabajo de los medios.

Es por ello que insisto en que el lento, tímido, pequeño pero sostenido e irreversible tránsito hacia la convergencia de redacciones nos van abriendo caminos, que nos ponen a pensar.

Tenemos que seguir intercambiando sobre temas como estos. Como siempre, la puerta a los comentarios y el debate queda abierta.

Juntos y no necesariamente revueltos

He tratado, en algunos de mis post, de acercarme al mundo de las redacciones digitales, ante el auge que los medios en Internet han venido tomando. Las amenazas de la posible desaparición de los periódicos impresos no son fantasmas inventados por quienes ya no tienen  nada más que decir, y si bien en comentarios a otras notas mías en este blog, algunos han escrito que en Cuba esa realidad está muy lejana, no creo totalmente que estemos ajenos a ciertas tendencias mundiales.

Llevaba varios días sin poder escribir en este espacio, debido, como creo que dije en una nota a un comentario anterior, a que andaba concluyendo mi Tesis de Maestría en Ciencias de la Comunicación, la cual, para mi felicidad y la de muchos que me rodean, discutí y aprobé el pasado viernes 31 de julio. Concluí así una nueva etapa de mi vida profesional. Por eso agradezco a los que con paciencia escriben sus comentarios en mi blog y no me han abandonado a pesar de mi breve ausencia.

Y mientras investigaba para la Tesis, precisamente sobre las redacciones digitales y la organización de los procesos vinculados a ella, las rutinas productivas y la cultura e ideología profesionales, me daba cuenta, con mucha más fuerza, que debemos pensar y repensar las estructuras que tenemos diseñadas en nuestros medios para hacer periodismo para y con Internet.

Visité los periódicos Granma, Vanguardia, Escambray (no menciono Juventud Rebelde, pues es donde trabajo) y pude contactar con diversos profesionales y en su gran mayoría, “piden a gritos” la necesidad de unificar las redacciones “tradicionales”, con las digitales, en la búsqueda de mayor eficiencia en el uso de los recursos tecnológicos, materiales y humanos.

Es una realidad que no podemos dejar de analizar. La generación de contenidos hacia la web no puede seguir estando supeditada a la cobertura que haga el periodista de la redacción principal, y que luego este, como sabe que el cierre de su medio “principal” es a las ocho de la noche, solo piense en la nota de 30 líneas para ese soporte, como si el digital no existiera.

Junto con los cambios en la formación de los nuevos profesionales y la necesidad de generalizar soportes tecnológicos, como son los Sistemas de Gestión de Contenidos, intrínsecamente relacionados con cualquier modificación futura, donde primero debe trabajarse es en las propias redacciones y los actores que en ellas laboran.

Una limitante para rediseñar los procesos productivos periodísticos está ahí. Desde mi percepción, el escollo a vencer puede ser superado, solo si quienes tienen la responsabilidad de generar esos contenidos no siguen pensando en el papel y luego existo, perdón, luego Internet. De lo contrario, ganar la batalla será harto difícil.

Además, quienes primero deben y tienen la responsabilidad de cambiar, son los directivos de los medios de prensa, si ahí no se produce la transformación, difícilmente abajo pueda obtenerse algo.

La vida está imponiendo cambios, y si no somos lo suficientemente rápidos y ágiles para asimilarlos, podemos quedarnos, y nos pasa con frecuencia, “colgados de la brocha”, como se dice en buen cubano.

En resumen, los elementos son múltiples, variados, diversos, dinámicos, pero pueden y deben atenderse. Los estudios están indicando que la convergencia de las redacciones está en marcha en muchos medios en el mundo y no debemos copiar, pero tampoco obviar las tendencias que puedan estar apareciendo. Podemos estar juntos en un mismo espacio en las redacciones, sin tener que estar revueltos. Pensemos.