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Hay que acostumbrarse a una nueva relación

Para muchos de los que trabajan hoy en las redacciones de los llamados medios tradicionales, aún la Era de las Nuevas Tecnologías de la Información y las Comunicaciones, parece que le es ajena, pues siguen pensando solamente en su medio primario, es decir  la prensa impresa, la radio o la televisión y olvidan el nuevo escenario y los retos que nos va imponiendo el mundo globalizado e interconectado que nos tocó vivir.

Sin embargo, tanto esos profesionales alejados de los influjos de la Revolución Tecnológica que ha supuesto Internet y todo lo asociado a ello, como quienes sí se han introducido en el mundo fascinante creado alrededor de tales adelantos, están o estarán enfrentados a una nueva dinámica en la comunicación, que impone una nueva relación entre quienes emiten los mensajes y quienes los reciben y viceversa, en un vínculo que se mezcla y no subordina, sino que complementa y produce otros contenidos.

Si de verdad hacemos caso a eso que llaman Periodismo Ciudadano, quienes trabajamos en los entornos del Periodismo tradicional, debemos comenzar a aprender y aprehender, las nuevas fórmulas de una comunicación para nada lineal, y que pone metas cada vez más complejas en el complicado entramado de la comunicación y las relaciones entre emisores y receptores.

Por ello, estar conscientes de que el papel del Periodismo en las actuales circunstancias sigue siendo de primer orden es positivo para el análisis, pero no podemos desconocer al resto de los factores que influyen en esa labor profesional, sobre todo tomando en consideración que la relación periodista-público, profesional-consumidor, emisor-receptor, se levanta como una propuesta a tener en cuenta mucho más que antes y que merece ser estudiada desde todos los aspectos posibles.

Con la posibilidad de Comentar que ofrecen las web periodísticas bajo el sello de lo que se llama la web social o 2.0, la relación entre quien escribe desde cualquier medio y quien consume el producto comunicativo en ese entorno novedoso, cambia radicalmente desde el mismo momento en que el primero decidió darle participación al segundo en sus mensajes primarios. Es así que hoy los profesionales que escriben para los medios que permiten hacer comentarios a las noticias se enfrentan a nuevas exigencias, que tienen que ver con la manera en que asumirá, para decirlo de alguna manera, en vivo, las opiniones, sobre todo las discrepantes, con su trabajo profesional.

Y no pocas veces ese profesional se disgusta cuando los elogios escasean y se multiplican los cuestionamientos, o las opiniones adversas, o los señalamientos a errores, y ello sucede porque durante mucho tiempo nos acostumbramos a decir desde el poder de los medios, sin tomar muchas veces en cuenta la opinión de los otros.

Pero ahora ello cambia, y el reto de superar las barreras mentales que nos impiden asimilar los señalamientos como parte del proceso lógico de debate en una sociedad tecnificada por completo, encuentra en muchos profesionales el miedo a no ceder ante la opinión del otro.

Es complejo el asunto, tanto para quienes durante toda su vida sentaron la cátedra de cómo hacer la comunicación, como para quienes bajo la sombrilla protectora de la diversidad en Internet, y con las posibilidades que ofrecen las tecnologías, asumen que son parte del proceso comunicativo y como tal quieren ser tenidos en cuenta.

Por ello, insisto, estamos desde hace unos años a las puertas de una nueva relación entre emisores y receptores. Algunos entraron al gran salón donde el debate se multiplica y se entiende que ya es común el criterio diferente, otros han quedado sin dar el primer paso hacia un escenario cambiante e irreversible, que puede superarnos si no lo entendemos y compartimos.

La nueva relación está, el reto es asumirla y saber llevarla armónicamente. Ahí estaría la clave.

Otras opiniones serán bienvenidas.

Los retos de la virtualidad

Ahora que comienza el 2012 y por ahí se filtran ciertas amenazas contra algunos de los principales adelantos vinculados a Internet, preciso escribir unas breves líneas sobre los retos que la virtualidad impone en esta era de la modernidad, donde casi nadie sabe qué es lo que está detrás de esa pantalla, ya bien en el teléfono inteligente, la tabletas o las pantallas más tradicionales de las computadoras de escritorios o laptop.

Y aclaro que no me estoy refiriendo a las vías que las propias redes sociales han creado en su dispersión mundial y mucho menos a que este tipo de fórmulas de contactos no sean efectivas para que cada quien logre sus propósitos en la vida.

El tema viene a colación ante la multiplicidad de nuevos sitios que nacen cada día en la red de redes y que uno se pregunta cómo es posible que se mantengan con sus ritmos habituales de entrega de los productos comunicativos para los que fueron creados.

Es ahí adonde quiero llegar, es decir, creo que estamos enfrentados todos a un dominio mayor de esa virtualidad que el propio desarrollo de las tecnologías han puesto en nuestras manos. ¿Cuántas personas puede haber hoy detrás de una publicación web informativa? ¿Acaso se necesitan grandes redacciones para mantener on line una página noticiosa de cierto decoro profesional? ¿No son cada vez más virtuales muchos de los sitios que hoy pueden marcar pauta dentro del complicado entramado que significa Internet?

A las interrogantes que yo mismo realizo, no les tengo todas las respuestas. Solo puedo aportar desde el estudio de ciertas propuestas, que han demostrado que para la realización de acciones en la web son necesarios ciertos requisitos, de lo contrario, todo esfuerzo que pueda hacerse quedaría muy por debajo de las necesidades informativas de los lectores más exigentes.

El primero de esos requisitos es sin dudas, poseer una conectividad. Este punto es clave y sin él posiblemente el resto no tengan mucho sentido. Y por supuesto, que mientras más rápida sea, será mejor, pero cualquiera que sea la vía para ello, significará el primer paso hacia el resto de las acciones que se deben realizar.

Pero no solo basta con tener,  pues puede desperdiciarase mucho si no se utiliza con efectividad y utilidad. Por ello, acompaña a la conectividad, una variable muy, pero muy importante;  se trata del tiempo, ese que casi nunca nos alcanza, pero que es imprescindible tomarlo en cuenta ante cualquier empeño en tales circunstancias. Hoy, creo yo, que nos alcanza menos que antes, pues ciertas adicciones de la vida moderna a las computadoras e Internet, restan tiempo para otras prácticas, que antaño eran realizables sin la “internetdependencia” o la “computadorización extrema” de la vida moderna. Y que conste que no critico, solo observo los comportamientos de que somos presa cada uno de nosotros.

No puede olvidarse entre los necesarios enfoques, las capacidades tecnológicas mínimas imprescindibles con que se deben contar, no solo en software, sino muy importante, el hardware, fundamentalmente los servidores que servirán como soporte para cualquier emprendimiento.

Y dejé de último en este breve pase de lista, al recurso, desde mi modesta apreciación, más importante y preciado: el ser humano y su capacidad profesional para emprender cualquier ¿aventura? en los tiempos de las Nuevas Tecnologías de la Información y las Comunicaciones. Sin los hombres y mujeres que deben otorgarle a la tecnología su valor de uso individual o social, poco se podrán alcanzar ante las competencias cada vez más altas que aparecen en el diario bregar.

Creo que por ahí seguiremos andando cada día desde la virtualidad que nos permite la era actual, con los primeros 11 años cumplidos del sigo XXI.

¿Tendremos muchos y mayores retos en los años por venir? Casi seguro. Ojalá y estas reflexiones en el inicio del 2012, también ayuden a meditar sobre este tema, uno de los tantos que merecen que nos detengamos a pensar.

¿Acaso la virtualidad será superada por algo que aún el ser humano no ha pensado todavía? Ver para creer.

Citar fuentes sin tener miedo

De lo que escribo hoy, podrá parecer para algunos una verdad de Perogrullo, pero en la era de las Nuevas Tecnologías de la Información y las Comunicaciones, la “competencia” para quienes nos dedicamos al Periodismo, puede resultar, de alguna manera y por momentos, algo difícil.

Traigo a colación este tema, pues hoy más que nunca, cuando el famoso San Google se nos hace cada vez más cercano, y casi nos convertimos en rehenes de él para la búsqueda primaria de información, no podemos pecar, en los medios de comunicación, de ingenuos y cometer pifias que en cualquier momento algún lector “avisado” no las puede señalar.

Y ese lector puede actuar así por varias razones. La principal, desde mi perspectiva, es que si bien antes la búsqueda de información para una persona alejada de los medios, debía transcurrir en bibliotecas, centros de documentación o lugares similares, mientras el periodista tenía en sus manos información exclusiva, única, de primera mano, pues accedía a fuentes solo disponibles en las redacciones, como por ejemplo, las agencias de prensa u otras variantes de obtención de información como televisoras, etc, hoy el panorama, con la llegada de Internet y todo cuando a ello viene aparejado, es totalmente diferente.

Porque ahora, el acceso a la red de redes pone casi en igualdad de condiciones al profesional y al lector. La diferencia estaría en las competencias profesionales de cada cual para asumir el acto comunicativo, pero incluso, siendo esto verdad, la irrupción de Internet en la vida moderna y las complejidades que ha sumado desde todos los puntos de vista, han hecho temblar muchos conceptos hasta ahora intocables en el ámbito de la comunicación.

Sin embargo,  sigo apostando, quizá demasiado aferrado a pensamientos tradicionalistas, a que los profesionales de los medios no han perdido la batalla de la comunicación por Internet, pero las distancias entre estos y sus potenciales receptores parece acortarse con el paso del tiempo y la velocidad de los cambios que la nueva era va imponiendo.

Por ello creo de alta prioridad, hoy más que nunca, el constraste de las fuentes que utilizamos para cualquier trabajo periodístico y además, abogo por un correcto uso de estas. Es decir, no puede ser que el primer resultado que obtenga en mi búsqueda primaria, sea tomado como único e indiscutible, porque fue lo primero que apareció en la caja del San Google.

Necesitamos, cada vez más, estar seguros de qué fuentes utilizamos y si realmente es confiable, seria y profesional;  evitar que nos “embarque”, porque fue lo primero que “apareció” cuando requerí información sobre un tema determinado.

El tema de las fuentes en el Periodismo ha sido muy debatido en círculos académicos y en las propias redacciones y existen tendencias y maneras de ver el asunto.

Para ciertos profesionales, las fuentes son cosa de poca monta o algo secundario; para otros, citarlas se convierte en una obsesiva protección ante cualquier señalamiento posterior.

Entonces, lo importante, es ir más allá de cualquiera de estas apreciaciones y ser, ante todo, profesionales en nuestro trabajo.

Si, porque lo que debe marcar la labor de cualquier profesional en los medios es su apego a la verdad, y su humildad para cada trabajo que realiza.

No estoy clamando, como alguien me dijo hace poco, que ante cada frase o palabra extraída de un texto consultado, detrás aparezca un número para la referencia al final del artículo periodístico.

Si creo que las fuentes deben utilizarse en la justa medida que lo requieren, sin excesos, pero no obviarlas, sobre todo cuando son necesarias para la confirmación de datos, la explicación de novedades y la seguridad de que lo que estamos diciendo es ciertamente así y no de otra manera.

Sobre el uso de las fuentes hay mucha tela por donde cortar, invito a otros que se embullen a realizar sus trazos y opinen aquí qué piensan sobre ello.

San Google no existe

Fíjense bien, no tengo nada contra Google. Solo que en estos años de ejercicio profesional vinculado a las nuevas Tecnologías de la Información y las Comunicaciones, también me he dado cuenta que el megabuscador es una herramienta valiosa para la búsqueda de información, pero no infalible.

Sé que esta aseveración me puede traer ciertos contratiempos con los defensores a ultranza del buscador más famoso de Internet, pero quiero decir, también, que no todo podemos dejarlo a lo que Google “nos diga” cuando de encontrar algo que buscamos se trata.

Parto del principio que hoy, en muchos lugares del mundo, y Cuba no es la excepción, las bibliotecas están pasando por momentos nada felices  y que las nuevas generaciones, aunque no quiero ser absoluto, visitan escasamente esos recintos de sabiduría y cultura.

Sentado frente a una computadora y con conexión a la red, cualquiera pide y ¿encuentra? lo que desea saber sobre los dísimiles aspectos de la vida y el saber.

En el caso de los que trabajamos en medios de comunicación, no debemos dejarnos llevar por el impulso y la propaganda del gran buscador de Internet.

Pienso que debe ser referencia, mas no mandato, puede ser consulta, pero no última palabra. El trabajo de los correctores de prensa, poco elogiado cuando se hace bien y muy criticado cuando el error se publica, no puede basarse, en los tiempos actuales, en la búsqueda de términos o terminologías en los buscadores de Internet y mucho menos hacerse googledependientes para corrobar cualquier duda.

En los medios de prensa debe defenderse el uso de los diccionarios por encima de cualquier otra herramienta. Es verdad que los hay on line, pero a veces están desactualizados o no se encuentran las palabras que se buscan.

Alerto, entonces, sobre las tendencias que he estado apreciando en ciertos espacios, de buscar, ante la duda, solo y solo en Google y no en otros contextos o libros, más allá de la red, para aclarar, contrachequear, estar seguros de lo que se va a utilizar.

Recordemos que cualquier texto periodístico que se publique no va a ser leído solamente en los soportes de papel, sino en la gran red, donde un error se multiplica por mil y aparece luego, contradictoriamente podríamos decir, en buscadores como Google.

Para terminar les comento un ejemplo reciente. Buscábamos el nombre exacto de un lugar histórico en el centro de Cuba y ante la duda, solicitamos la aclaración pertinente. Pasados unos minutos, quienes tenían la responsabilidad de buscar, contrastar y llegar a definir cómo se escribía realmente la palabra, atinaron a decir “la busqué en Google y aparece unas veces con s y otras sin esta, y yo creo que es sin la s porque la mayoría de los resultados indican que es así”, concluyó la persona su “profunda” explicación.

A la pregunta, “y qué dice el Diccionario de Términos Geográficos del que disponen”, la respuesta fue tajante. “No lo he buscado, pero Google lo tiene más veces con s que sin esta”.

Un tiempo después, en el diccionario oficial sobre términos geográficos cubanos, la palabra en “litigio” aparecía con s.

Nada, que San Google no existe, hace falta, pero cuidado…