Archivo de la etiqueta: prensa

¿La exclusividad no puede adelantarse?

La frase que da título a este post, pero sin la interrogación, nació de pronto, mientras un grupo de profesionales discutíamos cierta cobertura informativa. Se trataba de una noticia muy exclusiva que uno de los reporteros había “conseguido” y según sus propias declaraciones solo él la tenía en “la mano”.

Estaba publicada en la versión impresa del día. El reportero la tenía desde horas tempranas de la jornada anterior, sin embargo, había decidido guardarla para la versión del periódico de papel y no quiso ofrecer ningún adelanto a la versión web del periódico.

De tal manera, en esa jornada se había roto una dinámica de años que prioriza, en el contexto del nuevo panorama comunicativo mundial, a la publicación en la web del periódico, primero, y luego en la versión de papel, como gustan llamarle los más viejos trabajadores de la prensa en el país.

Y ahí mismo estalló la polémica y la discusión casi se vuelve interminable, porque una práctica que ha demostrado una total eficacia y que se incorporó como natural a las rutinas productivas del diario, había sido “violada”, en nombre de la exclusividad.

¿Qué hacer entonces?

Los criterios están encontrados. Por una parte, sigue arraigado un principio intrínseco al periodismo más tradicional, para llamarlo de alguna manera, de que solo es noticia lo que aparece en los medios escritos, bajo el supuesto de que el papel eterniza y solo la historia puede recordarse acudiendo a las colecciones de publicaciones impresas. Ni siquiera la televisión, con su impronta audiovisual, ha logrado superar la visión sobre la importancia del periódico como lugar único de archivar el pasado.

Pero por el otro lado, y al calor del desarrollo de las Nuevas Tecnologías de la Información y las Comunicaciones, aparecen ciertas teorías que ponen en duda la efectividad del pensamiento anterior, pues los nuevos aires de la modernidad desechan casi de golpe cualquier signo de lentitud a la hora de la producción noticiosa y ofrecen como casi única la opción de la inmediatez en los actuales contextos. Es decir, si no publicas una nota al instante, pues no lo hagas más tarde, porque con la gran telaraña mundial,  Internet, solo basta que alguien en el lugar más remoto diga “aquí estoy” y la reproducción de tales noticias comienzan a recorrer un camino infinito.

Entonces, merece detenernos a pensar cómo resolver el nuevo conflicto creado ante una situación como la descrita en las primeras líneas de este post. Por un lado, los lectores del periódico impreso, los más apegados aún la práctica de pasar una página después de otra, merecen que los sorprendamos cada mañana con algo novedoso, único, exclusivo. Pero quienes siguen a los medios en la web y los “leen” en los aparatos de moda con los cuales las grandes empresas cada vez más complacen a sus fieles clientes, tampoco perdonarían una falta de lealtad, la cual penalizarían de inmediato de darse cuenta de tales conductas.

¿Estaremos entrampados ante tales disyuntivas? ¿Acaso las reglas no podrán tener sus excepciones?

Hay una lógica, también muy desfavorable en los tiempos que corren, y que luego de la acalorada discusión, uno de los más experimentados miembros del colectivo, dijo como sentencia final.

“El fusilamiento (el plagio) está a la orden del día”.

Parace que a la opción de la exclusividad todavía le quedan unos cuantos años de resistencia.

¿Qué opinan?

Las tendencias, cómo medirlas

No he olvidado el compromiso hecho en el post anterior sobre divulgar algunos aspectos del libro de Ramonet sobre Periodismo, pero quiero antes de exponer en este espacio algunas ideas del interesante texto, acercarme a ciertas lógicas de la comunicación en la web y que en muchas ocasiones los editores en Internet no tomamos mucho en cuenta.

En otras oportunidades hemos hablado de las consideraciones editoriales que se tienen en cuenta para la ubicación de los textos en la web, que rompen con el tradicional esquema de los periódicos impresos, en los cuales se sabe qué es lo más importante no solo por el contenido propio de lo que se dice, sino, y en un nivel similar, por la ubicación que se le otorga en cuanto a las páginas y el lugar dentro de ellas.

Sin embargo, en la web,  los diversos contenidos que vamos a difundir ocupan el espacio de una pantalla, no solo de una computadora de escritorio o laptop, sino en los diferentes dispositivos móviles o “de mano” que en el mundo permiten navegar en Internet, y si queremos “navegar” por “dentro” no nos queda más remedio que utilizar las lógicas creadas para movernos dentro de ella. Desde el mouse, hasta el dedo en los dispositivos táctiles cada vez más comunes, pasando por ciertos inventos que ya se hacen cada vez más frecuentes y que utilizan hasta los movimientos corporales en tales menesteres.

Por lo tanto, sabemos de antemano que lo que se ponga en esa denominada primera pantalla es lo que editorialmente queremos resaltar como medio, ya bien por la importancia que le otorgamos desde nuestros perfiles comunicativos, o por la trascendencia intrínseca de la misma, o por el impacto mediático que deseamos lograr.

Pero, ¿acaso esa importancia que le damos desde el medio, es la misma que le otorga el lector-internauta? ¿Que se le dedique el espacio principal con imagen y texto a cierta nota, garantiza que sea lo más leído dentro del medio en la web? ¿Qué otros parámetros pudiéramos tener en cuenta para medir qué es lo que más impacto ha tenido dentro de lo publicado? ¿Alcanzan las estadísticas para tales empeños? ¿Los comentarios a las notas en la web son el indicador buscado? ¿Podría haber otros?

Son interrogantes sobre las que debemos meditar para saber cómo logramos mayor eficiencia en el trabajo dentro del cibermundo, en un contexto donde no solo vale lo que se diga, sino cómo se diga y donde se ubica.

Ejemplos existen muchos, pero en los últimos días, por ejemplo, he monitoreado tales prácticas en un medio muy cercano y a cada paso se revela que si bien el medio trata de influir en la opinión de quien lo lee, ubicando editorialmente los trabajos más importantes en los lugares preferenciales de la página, el lector, que se va entrenando en cómo lee y qué lee, busca lo que más le interesa y muchos lo demuestran dejando en las cajas de comentarios sus criterios sobre el particular. Para mi, por ahí anda uno de los nuestros medidores y no deberíamos subestimarlo.

Y no estoy minimizando el papel de las estadísticas para conocer cómo influye cada acción que tomamos, pero especial atención sugiero ofrecer  a las cantidades de comentarios que generan las noticias que ponemos en la web. El impacto que logra tal método no parece subestimable a la luz de las transformaciones que ocurren en quienes cada día se acercan más a nuestras propuesta y se van convirtiendo en parte natural del propio medio.

A  lo mejor, no encuentro apoyo total a estas ideas, pero quería compartirlas para provocar, como casi siempre hacemos en este espacio, el debate sano y enriquecedor, que nos permita, a todos, seguir aprendiendo y asomarnos con nuevas reflexiones al mundo infinito de la Era de las Nuevas Tecnologías de la Información y las Comunicaciones.

Por acá estaré para escucharlos o mejor, leerlos.

¿Hasta dónde concedemos?

En otras oportunidades he reflexionado en este espacio sobre el desafío que ha significado para los medios de prensa enfrentarse a dinámicas nuevas de la comunicación actual y en especial hemos debatido sobre los comentarios a las noticias en la web.

En momentos anteriones he recibido juicios diferentes sobre cómo actuar ante tales circunstancias,  cuando se miran las prácticas tradicionales en la relación emisor-receptor y que de alguna manera ha hecho cambiar enfoques sobre cómo proceder sin tener que renunciar a los objetivos esenciales del medio.

Dentro de esa complejidad, marcada por muchas personas y muchos criterios diferentes, he defendido y continúo defendiendo la necesidad de ciertos límites, más ligados a principios morales que a otros enjuiciamientos, con lo que a veces ciertos visitantes de este post pretenden dictar lecciones de una libertad que ellos no predican. Pero eso último es asunto para otro momento.

Los comentarios en las páginas web nacieron para quedarse, pero tienen un orden y todos debemos respetarlo.

No vale mucho quien solo busca espacios para la ofensa y no para el debate, quien anda escaneando espacios para ubicar sus descargos y no para argumentar con razones convicentes sus puntos de vista diferentes.

Es lo que sucede a veces con ciertos asiduos a comentar en espacios con tales fines, y que aparecen con sus notas llenas de odio y resentimiento, solo para ofender y provocar, no para debatir y socializar.

Entonces, uno se pregunta, ¿acaso eso es lo que algunos acuñaron y muchos se creyeron que es la muchas veces mencionada y poco practicada libertad de expresión? ¿Semejante proceder debe ser admitido en los medios de prensa? ¿Las malas palabras o las ofensas personales deben encontrar espacio en los comentarios de nuestros medios? ¿ Por qué algunos acuden a esos métodos, desde mi punto de vista poco éticos, y no al debate desnudo y sin ningún temor? ¿Cuántos no lo hacen escudados en identidades falsas? ¿No es eso también cobardía?

Los medios estamos en el proceso de aprendizaje y no estamos exentos de errores a la hora de definir qué hacer en cada momento.

Sin embargo, nuestra función no puede ser hacerle el juego a quienes buscan que caigamos en sus trampas bien diseñadas. Cada sitio web pone sus normas y los internautas deben adaptarse a ellas. No debemos conceder mucho más de lo que situamos como condición primera para aparecer en nuestros medios, es también una fórmula para “enseñar”,  si de alguna manera podemos llamar a ese ejercicio de regulación y moderación de los contenidos.

Y no me vayan a decir ahora que es censura, porque tendría muchos ejemplos a mano, allende las fronteras de Cuba, de ciertos paladines y abanderados de la “libertad de prensa”, que niegan con su proceder diario lo que pretenden criticarnos a los de esta Isla caribeña.

De todas formas, espero por las divergencias para construir entre todos las opiniones que acompañen esta nueva entrega.

Siglas o no siglas en los títulos periodísticos en Internet

Un mal que se extendió por mucho tiempo en la prensa impresa en diversos lugares del mundo, y Cuba no escapó a ello, fue el abuso constante de siglas en los títulos periodísticos. Hubo una época, al menos acá, en que los puntajes de los titulares de los periódicos eran inmensos y la presentación de los materiales con siglas gigantescas en los encabezados dejaba mucho que desear.

El paso a formatos más pequeños, es decir, de los llamados “sábanas” a los conocidos ahora como Tabloides  “acomodó”, en general, la presentación de las publicaciones a otras maneras, pues el espacio físico disponible para la combinación texto-imágenes se redujo a la par que disminuyeron aquellos formatos.

En Internet, como sucedió con muchas prácticas del periodismo impreso, se “asimiló” el traslado de aquellas maneras de hacer;  en ciertos momentos se hizo un uso indiscriminado de ellas, y no se tomaba en cuenta que el público al que va dirigido el mensaje no es solo el del país de origen, sino que el acceso a la web es desde diversos lugares del mundo, con culturas, idiosincrasias y formas diferentes de asimilar los contenidos noticiosos.

Recuerdo que en los primeros acercamientos a este tema en cursos, seminarios, talleres, siempre nos insistían en que para la web había que ajustar, diríamos, el lenguaje a usar, pues en otros lugares del mundo no entenderían ciertos términos más apegados a la cultura particular nuestra.

Luego llegaron otros teóricos diciendo que si bien había que modelar esa situación, tampoco podían obviarse ciertas características de la cultura local de cada nación, pues de otra manera lo que se escribía sería algo así como una nota impersonal, sin identificación ni rumbo preciso.

Por ahí ha estado el debate sobre cómo adaptar a los lenguajes universales, las maneras particulares de escribir y “hablar” en Internet, buscando el justo medio entre un mensaje claro, entendible y a la vez que no se despersonalice, en ese trance,  la identidad cultural.

Esa preocupación ha estado latente en cada paso que damos en la red de redes y creo que todavía queda mucho por debatir en ese sentido.

Sin embargo, sí estoy convencido que el uso de las siglas en los títulos en Internet debe eliminarse hasta la máxima expresión. Podrán pensar que soy muy categórico, pero la vida y el trabajo en la web ha demostrado con creces que la titulación en Internet se va convirtiendo en una especialidad, a la que debemos prestar la máxima atención y que es tan importante como el contenido general del trabajo periodístico.

Desde mi punto de vista el título tiene que tener  impacto, inmediatez, precisión, profundidad, expresividad y otras tantas cosas, pero sobre todo claridad, esa condición intrínseca al texto periodístico pero que se obvia más frecuentemente de lo que muchos queremos.

Y baso estas afirmaciones en las veces que he visto, en sitios de prensa de varias partes del planeta,  y en Cuba, por supuesto, la utilización y reutilización de siglas que solo conocen quienes las escribieron y no se percatan del daño que hacen no solo en la comunicación, sino también el “architraído” y llevado posicionamiento.

Cuando usted pone, por ejemplo, una sigla que dentro de las palabras que ella encierra está Cuba y en vez de poner el nombre completo de lo que expresa, se acomoda a poner la sigla, cuando las máquinas de búsqueda hacen su rastreo para indexar los contenidos, está claro que si usted buscaba Cuba en el “querido”  San Google y no está en el título, disminuyen las posibilidades de que la levanten y la ubiquen en un lugar destacado.

Abogo, por tanto, en no usar las siglas en los titulares periodísticos, excepto en situaciones donde no queden más alternativas, pero siempre prefiero otras soluciones, como por ejemplo poner epígrafes y sumarios para aclarar o ampliar alguna idea que pueda no quedar completa en el titular en cuestión.

Son algunos razonamientos. Creo que otros pueden aportar sus matices. Sería otra buena oportunidad para el debate. Los invito.

¿Qué relacionamos?

En el mundo de la hipertextualidad, nos falta mucho por aprender. Pero la ausencia de ciertos conocimientos sobre cómo utilizar con eficiencia esa herramienta intrínseca a la web, no debe llevarnos a eludir el debate alrededor de cómo hacer más efectivo el uso del hipertexto en nuestras propuestas en Internet.

Este tema vino a colación cuando analizábamos qué hacer, o más bien, cómo hacer, ante el imponderable de trasladar un texto periodístico concebido para la edición impresa a Internet, más allá de las “adaptaciones” que se le realizan.

Debemos ir cada día más a una adecuación bien pensada de los contenidos  producidos para el papel que deben “entrar” en el ciberespacio, donde títulos genéricos pasen a ser informativos siempre que la vida y la experiencia así lo aconsejen, donde los sumarios respondan a una ampliación bien estructurada, como explicación sintética de cuanto encontrará el lector “adentro”, y donde el uso del epígrafe puede desempeñar un mejor papel, aunque algunos digan que su empleo está desfasado.

En ese contexto de definiciones, vinculadas a la práctica diaria, surgió  el análisis de qué hacer cuando un trabajo periodístico, en la edición impresa, presenta uno o varios recuadros, que son ampliaciones de la información que se ofrece, pero aparecen en el soporte de papel como un material aparte, aunque vinculado al contenido del trabajo principal.

La experiencia acumulada de tantos años en la edición de periódicos está ahí y la experimentación en este campo siempre se hace sobre la base del conocimiento previo y las mejores prácticas.

Sin embargo, cuando se trata de Internet, nos falta mucho por conocer y aprehender.

En el caso del hipertexto, su utilización ha sido, desde mi punto de vista, la más simple y elemental, sin mayores pretensiones.

Recordemos que la lectura en la página de formato A-3 del periódico impreso es lineal, la vista alcanza desde una sola perspectiva el conjunto de la propuesta
gráfica que incluye además del texto principal, el título, el o los recuadros, las fotos y otros elementos que acompañan el mensaje y donde incluso la ubicación espacial de cada uno de ellos persigue una intencionalidad bien delimitada.

Sin embargo, leer en la web es diferente. Primero, porque a no ser grandes pantallas- estoy pensando en monitores de más de 21 pulgadas-, las computadoras y los dispositivos que cada vez más se emplean como vías para acceder a la Internet, llámese teléfonos celulares, Ipod, etc, no permiten ver de una sola vez todo el contenido.

Así, cuando accedemos a un sitio informativo, por poner un ejemplo, lo primero que miramos es el título, la foto o el sumario, depende de cada cual. Luego, gracias al propio hipertexto, nos adentramos en el material en cuestión, pero nunca lo vemos completo. Tenemos que desplazarnos hacia arriba, o hacia abajo o hacia algún lado para tener una lectura continuada.

Ahí es donde aparece la disyuntiva. ¿Hacemos una relación de los recuadros o los dejamos al final del texto periodístico, como si fuera un subtítulo? ¿Acaso no es mejor que esos contenidos aparezcan relacionados desde la propia portada, como una información adicional o complementaria, p ero independientes? ¿Las relaciones son solo con los recuadros? ¿Utilizamos el hipertexto para ampliar datos verdaderamente interesantes o como una rutina más en nuestros medios? ¿No debemos pensar en trabajar con más intencionalidad la hipertextualidad en los trabajos periodísticos? ¿La relación de materiales de días anteriores sobre el tema en particular, lo consideramos como hipertexto?

La conclusión a la que he llegado es que ante el imponderable de volcar materiales del impreso a Internet, debe adaptarse, hasta lo más profundo, cada trabajo a las características que nos impone un escenario como el de la web. Creo además, que los recuadros de los trabajos impresos deben situarse siempre como textos independientes, relacionados al material principal y deben contar con títulos informativos que atrapen la mirada de los internautas. Estos, además de facilitar la navegación, pueden posicionarse como textos independientes para los buscadores.

De todas formas, me imagino que todavía hay, en este campo, mucha tela por donde cortar. Ojalá otros se embullen a compartir conmigo las herramientas de corte.