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Estrategias

Con la irrupción de Internet, muchas cosas han ido cambiando en la vida moderna. Esto no es nada nuevo, porque ya se habla con más frecuencia que antes, de las casi ilimitadas posibilidades que otorga la red de redes para la comunicación en los tiempos modernos.

Cada medio de prensa, por su cuenta, ha ido proponiendo sus fórmulas para adaptarse a lo que de nuevo o extraordinario propone la era de las Nuevas Tecnologías de la Información y las Comunicaciones, y para cada cual, el resultado ha sido positivo desde el prisma con que se ha mirado la experiencia particular desarrollada.

Análisis estadísticos más cercanos a la experiencia del autor de este blog, indican que uno de los temas más buscados, al menos en Cuba, en las web periodísticas, es el Deporte, demostración de que la actividad del músculo, en cualquiera de sus variantes, pero sobre todo en ciertos deportes como el fútbol o el béisbol, despiertan un alto interés mediático, no importa el rincón del mundo donde esté sucediendo el acontecimiento deportivo.

Y escribo estas líneas a raíz de la última experiencia de las transmisiones, coberturas o ¿descripciones? en vivo, en tiempo real, por Internet, que llevó adelante Juventud Rebelde, y que se han ampliado más allá del reflejo, de esa manera, de los grandes acontecimientos políticos o sociales que ocurren en nuestra pequeña isla.

El último ejemplo de tales prácticas acabamos de tenerlo en el partido decisivo de la Liga Española de Fútbol, donde el Real Madrid- suerte mediante, o Cristiano Ronaldo en jornada de suerte- venció por 1 a cero al Barcelona.

Podría pensarse que no tendría mucho sentido que un periódico con carácter general y de un país donde del deporte nacional es el béisbol, estuviera pendiente de tal enfrentamiento, pues cuántos televisores no estarían encendidos en el mundo, pendientes de un juego que moviliza a millones en el planeta entero.

Y eso es una verdad, pero a medias. Un análisis de esa manera, reduciría la apreciación de hasta dónde podemos llegar cuando utilizamos intencionadamente las herramientas que poseemos.

La decisión de transmitir ese encuentro, jugada a jugada, segundo a segundo, cuya experiencia se viene repitiendo año tras año en la final de la Serie Nacional de Béisbol de Cuba, tuvo impacto directo en cuanto se hace diariamente y sus resultados son más que visibles al escrudriñar las estadísticas que resumen lo acontecido en el día anterior.

La estrategia fue clara. El acontecimiento deportivo, el suceso mediático del momento, era ese, y no podemos desaprovechar las oportunidades; pensar en buscar más tráfico, también es válido si utilizamos correctamente cuanto tenemos a nuestro alcance.

Y no es solo más visitas lo que se alcanza con semejante proceder. También están la seriedad, la responsabilidad, la inmediatez, el dinamismo, el posicionamiento. Todo se beneficia, no perdemos absolutamente nada.

Lo que quiero transmitir es que no deben ser ocasionales prácticas como la descrita. Lamentablemente, se aprovechan pocos en nuestros medios opciones de este tipo, y sí es verdad que se utilizan en los grandes momentos de la política, como recientemente lo fue la Revista Militar y desfile popular el 16 de abril, pero ¿por qué no hacerlo en otros acontecimientos, incluso, internacionales?, y que tienen una influencia en un segmento nada despreciable de los lectores habituales en Internet.

Si el deporte significa uno de los nichos por donde podemos captar más internautas, la intencionalidad en ese sentido no puede olvidarse.

Debe recordarse que cuando esos miles y miles de asiduos a tu web, deciden mantenerse “enganchados” porque encontraron allí el lugar ideal para conocer un resultado o para poder opinar o intercambiar criterios con otros “del más allá”, están también, de alguna manera acercándose al resto de las noticias que les proponemos, y eso es ganancia neta, a no dudarlo.

Debíamos aprovechar más momentos para buscar una mayor cantidad de lectores para nuestros sitios. Otra idea que pongo nuevamente a debate.

La grafía de Gadafi, Google y el diarismo

En otras ocasiones hemos analizado lo que ha significado el desarrollo de las Nuevas Tecnologías de la Información y las Comunicaciones para los medios y la influencia que vienen ejerciendo en diversos ámbitos.

Hace unos meses, cuando se publicó en este mismo blog el trabajo San Google no existe, un grupo de seguidores ofreció sus consideraciones, y aunque nunca se cerró el debate, las opiniones diversas y contrapuestas, dieron una idea de qué se piensa sobre un tema de tanta actualidad como ese.

Ahora, cuando el Consejo de Seguridad de la ONU acaba de aprobar el uso de la fuerza contra Libia y ese país no deja de estar en los titulares de la mayoría de los medios de comunicación del planeta, sale a la palestra pública una discusión menos prorfunda y seria si se compara con la amenaza real que se cierne sobre aquel pueblo africano.

Por lo tanto, no voy a reflexionar aquí sobre el conflicto, sus antecedentes y los oportunismos ligados a él, pues otros especialistas han estado abordando las interioridades de aquella región y las características del país, que ha sido liderado durante muchos años por Muamar el Gadafi.

Quiero determe entonces aquí, para entender, nuevamente, que como dije tiempos atrás, San Google no existe y debemos todos tener conciencia de cómo utilizar esa importante herramienta, pero sin dejarnos guiar ciegamente por todo lo que ella nos devuelve o mejor, nos trata de imponer.

Existe una herramienta de Google, denominada Google Trends, que muestra los términos de búsqueda más populares del pasado reciente.

“Las gráficas de Google Trends representan con cuánta frecuencia se realiza una búsqueda particular en varias regiones del mundo y en varios idiomas. También permite al usuario comparar el volumen de búsquedas entre dos o más términos. Una característica adicional de Google Trends es la posibilidad de mostrar noticias relacionadas con el término de búsqueda encima de la gráfica, mostrando cómo afectan los eventos a la popularidad”. Así se autodefine Google Trends en su página de inicio y como tal se emplea cuando de un análisis sobre este particular se trata.

Pero los medios impresos en idioma español, ya bien los diarios, las revistas, agencias de prensa, publicaciones en Internet, etc, utilizan el nombre de manera indistinta y al parecer no se vislumbra un acuerdo que logre uniformar la grafía del nombre del líder libio.

Fue así que nos dimos a la tarea de buscar información para tratar de unificar, al menos en Juventud Rebelde, la manera en que lo escribiríamos y  durante una indagación reciente en esa herramienta para comprobar cuál era la palabra más usada en ese buscador para encontrar información del líder libio, los resultados  indicaron  que la frase más usada entre las tres comparadas, en las principales regiones y ciudades del mundo, incluso en habla hispana, es Muammar al-Gaddafi.

Sin embargo, por otro lado, la Fundación BBVA, patrocinada por la Agencia Efe y el BBVA, y asesorada por la Real Academia Española, cuyo objetivo es el buen uso del español en los medios de comunicación, hizo circular la siguiente nota:

Muamar el Gadafi, grafía correcta del nombre del dirigente libio

La escritura correcta del nombre del dirigente libio es Muamar el Gadafi.
En las noticias sobre las protestas y manifestaciones que se suceden en Libia contra el régimen el nombre del dirigente Muamar el Gadafi aparece escrito de diversas formas: Muammar El Ghadafi, Muammar Al-Ghaddafi, Moammar Al Ghadaffi, Muamar Al-Qaddafi…

Si se transcribe el nombre del árabe al español, para que se pronuncie de una forma similar, lo más adecuado es Muamar el Gadafi, si bien es también correcta cambiando el artículo el por al: Muamar al Gadafi.

También han aparecido noticias en las que se ha mencionado a uno de sus hijos, cuyo nombre se transcribe como Saif al Islam Gadafi.

Fundéu BBVA
www.fundeu.es

Volvemos aquí, nuevamente, a enfrentarnos a una dicotomía que en los últimos años ha estado incidiendo en muchas esferas del mundo de la comunicación y que está estrechamente vinculada con lo que cada día hacemos en los medios.

Pregunto:  ¿Cuál es verdaderamente la escritura correcta para mencionar al líder libio en el idioma español? ¿Debemos guiarnos por lo que herramientas como Google Trends nos indica, que además, está muy relacionado con el posicionamiento de nuestras páginas en Internet? ¿Es mejor seguir las recomendaciones de la Fundéu BBVA? ¿Acaso el uso del término que nos propone esta última institución, significaría perder posibilidades de posicionamiento en Internet y en su buscador principal, Google? ¿Y el internauta, no tiene vela en este entierro? ¿Acaso estamos llegando al
inicio del período de incomunicación entre los seres hablantes? ¿Nos supeditamos a Google o a la Real Academia Española?

Muchas preguntas, bienvenidas otras respuestas.

Internet, la redacción y la ortografía

Internet es modernidad, satisfacción, futuro, pero es también un peligro potencial. Sí, y no lo digo por la proliferación en la red de redes de mucho contenido desechable, poco serio y superficial, que abunda más de lo que cualquiera desearía para una herramienta con tantas utilidades en la vida moderna.

Hay otros peligros relacionados con los cambios que ha venido provocando en el comportamiento humano este soporte en el que poco a poco nos vamos inmiscuyendo, y que está pasando a formar parte de la rutina diaria para millones de personas sobre el planeta.

Quiero referirme, específicamente, a las modificaciones que está trayendo el uso de algunas de las herramientas de la web, en la manera en que las personas escriben o se “hablan” a través de las computadoras.

Ahora que Juventud Rebelde ha ofrecido la posibilidad de agregar comentarios a las noticias, discutíamos en la redacción si cuando los internautas agreguen sus opiniones a los trabajos periodísticos, debe, o no, editarse lo que escribió.

No hablo de cambiar palabras, ni el sentido de lo que se diga y mucho menos manipular lo que el internauta piensa, me refiero a arreglar las faltas ortográficas, los signos de puntuación o elementales problemas de redacción.

¿Qué hacer? Esa fue la pregunta que quedó suspendida en el aire cuando revisé varios comentarios que deseaba publicar en algunos de los trabajos. ¿Deben dejarse esas faltas de ortografía? ¿Arreglar un texto poco entendible, es acaso una violación a las normas éticas que deben regir un sitio web con comentarios?

Para algunos en nuestro entorno, nada debe ser transformado, y lo argumentan diciendo que en otros sitios de Internet los comentarios se publican tal cual se ponen, pero ¿Estamos obligados a seguir cánones que la lógica y el sentido común indican que son incorrectos? ¿Debemos dejarnos llevar por las corrientes de lo mal hecho?

No debemos confundir respeto a la opinión ajena, a la diversidad de criterios, con permitir la reproducción, y no solo en sitios periodísticos, de faltas elementales que pueden y deben ser arregladas, y que de no hacerse le restarían calidad profesional al trabajo del medio.

Desde mi percepción, los editores de la web no deben dejarse guiar por aquello de que todo debe  ser puesto como el lector-internauta lo escribió, así tenga faltas como las que comento. Pienso que deben corregirse esos errores, sin alterar en lo más mínimo el contenido de lo que escribió la persona que deseó expresar una opinión.

Los periodistas y los editores tenemos la responsabilidad de ayudar al uso correcto del idioma y si hoy Internet forma, cada vez más, parte de nuestras vidas, no podemos dejar que semejantes peligros se conviertan en realidades que afecten el trabajo profesional que hacemos cada día.

No es solo el respeto a quienes llegarán a la página a leer esos comentarios. Se trata, también, de enseñar desde lo bien hecho.

Para terminar, les cito un comentario de un lector, a un trabajo periodístico publicado en Juventud Rebelde:

hola soy amate de los deporte extremo creo que devira de enfatisa de ponerlo mas en la televicion hablar mas sobre ellos esplicar las modalides que exiten

Una última pregunta, entonces, ¿debe arreglarse ese texto, o se publica así, para “respetar”, lo que el lector quiso decir?

Yo por mi parte defiendo, a capa y espada, el buen uso de nuestra lengua y como tal pienso debemos actuar en casos como este. Otras opiniones pueden enriquecer esta apreciación.