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Día, fecha, tema

Aunque he venido hablando sobre la necesidad de ir desprendiéndonos de la rutina del volcado de materiales del periódico impreso al digital, ciertas conductas de nuestros destinatarios, tanto en un soporte como en otro, pueden conspirar de algún modo contra un avance más ágil en esos propósitos.

Y el razonamiento lo hago luego de dialogar con algunos de mis colegas de redacción, que han constatado la preocupación de algunos lectores, quienes aducen que por momentos no saben cómo identificar o encontrar, en la página digital, los trabajos publicados en la versión de papel.

Lo más rutinario ha sido, para esos lectores, hacer la búsqueda por fechas, pero la introducción de Sistemas de Gestión de Contenidos, con bases de datos y otros elementos, agregan matices diferentes a las “normas establecidas” para recuperar esa información.

Ya no basta con tener buscadores lo más eficientemente posible, con posibilidades incluso de realizar búsquedas avanzadas, que permiten “cruzar” campos distintos para obtener el resultado deseado.

No, la lógica de tantos años y las rutinas aprehendidas no son fáciles de modificar. Generalmente estamos atados a formas ya probadas y experimentar lo nuevo resulta en ocasiones algo menos que imposible.

Me explico. He defendido como una necesidad, dentro de las fórmulas que se van estableciendo para la actualización de contenidos en Internet, la inmediatez de la noticia y no desperdiciar tiempo para la publicación de cualquier material.

En el caso del traslado de trabajos periodísticos de la versión impresa a la web, que aun se realiza en muchos medios del patio, se realiza de manera paulatina y en espacios de tiempo que rondan las cuatro o cinco horas desde el comienzo y aprobación de los materiales hasta su publicación en la página digital.

Proceso al fin, debe seguir una lógica en su adecuación a las características de la web, pero los trabajos de género, como decimos en el argot periodístico, sufren escasas, por no decir ninguna, modificación en sus partes, y se mantienen intactos los títulos, sumarios y otros elementos que el periodista concibió desde el inicio.

Así, generalmente los comentarios, entrevistas, reportajes y artículos, fundamentalmente, mantienen su forma original. No hablo, en este caso, sobre lo que he comentado en otros post, referido a la conveniencia de aplicar en cada uno de ellos la hipertextualidad, la interactividad y la multimedialidad. En eso poco hemos avanzado.

Pero hay reglas de la comunicación que no pueden soslayarse y que deben tenerse muy en cuenta en las nuevas condiciones del ciberperiodismo. Ante esa realidad, aparecen varias interrogantes, que nos hacemos en el día a día y de las que debemos extraer las experiencias pertinentes.

¿Vamos a seguir los patrones preestablecidos y le ponemos al material en Internet la fecha de publicación de la noticia en el impreso, o por el contrario, dejamos que los trabajos periodísticos tengan la fecha en la que se “suben” a Internet, independientemente del día de su publicación en la versión de papel?

¿La lógica de búsqueda en Internet es por fecha, por día o temática, o las tres a la vez o combinadas algunas de ellas ?

Cuándo se trata de una sección diaria, ¿son aplicables esos criterios mencionados arriba? ¿Se utilizan las posibilidades de consultar la edición impresa en PDF que ofrecen los sitios web, donde están los trabajos periodísticos originales pero con posibilidades de descargarlos desde la web? ¿Todos tienen conectividad o programas para visualizar este tipo de archivo? ¿Debemos los medios ceder y adaptarnos a las exigencias de nuestros lectores o los “enseñamos” a entender los nuevos contextos en los que debemos “movernos”?

Nada, otras preguntas para respuestas de quienes continúan interesados en hablar de temas como este.

 

La interactividad no puede ser en una sola dirección

Ahora que las nuevas tecnologías nos ofrecen oportunidades de retroalimentación antes insospechadas, los profesionales de los medios debemos aprovechar más las facilidades de interactuar con nuestros lectores.

Y lo digo porque noto, en los escasos sitios cubanos donde se ha habilitado la oportunidad de ofrecer comentarios a los trabajos periodísticos, que luego que un lector ofrece una opinión, pocas veces, y me incluyo, se agardece el comentario hecho, o se amplia el tema por parte del autor o se discrepa de algo dicho por alguien sobre lo que escribimos.

Debemos aprender todos, en esta nueva era, a convertir el intercambio de ideas, el debate, la polémica en un arma más para el mejoramiento humano y entre todos encontrar las verdades en cualquiera de las esferas de la vida.

Aunque parezca que teorizo, realmente no lo hago, pues lo que quiero compartir entre mis colegas y entre quienes lean este post, es la necesidad de aprender a usar las herramientas que la web nos ha puesto en las manos.

La posibilidad de comentar las noticias, algo inédito cuando hablamos del periodismo tradicional o impreso, es ahora algo real y ayuda a promover opiniones encontradas sobre diversos aspectos de la realidad, sin embargo, para la mayoría de los profesionales, esto se ha convertido en referente solo para saber que leyeron su trabajo, pero no lo han visto como una posibilidad adicional de interacción, con un segundo momento para ampliar sus juicios o criterios sobre el tema abordado.

La interactividad, una de las herramientas que más puede y debe usarse en Internet, no puede ser en una sola dirección, de lo contrario está casi llamada al fracaso. Si un lector opina, sugiere, disiente de lo escrito por un periodista, el profesional de la prensa debe, en un primer lugar, agradecer la opinión, porque es señal que hubo interés en su trabajo, pero además hay que pensar en que el enriquecimiento del trabajo ha sido garantizado con las opiniones de otros que tuvieron una percepción diferente sobre un tema en particular.

Por eso invito a los profesionales de los medios que cuentan con la posibilidad de hacer comentarios a las noticias, a no dejar en la improvisación o en el olvido el comentario, aunque sea solo uno, sobre su trabajo periodístico. El lector agradece conocer que ha sido tomado en cuenta, y el periodista debiera entender que ya forma parte de las nuevas rutinas en el siglo XXI el intercambio abierto, sincero, franco, con sus destinatarios.

Otra de las maravillas que nos ha traído la era de las nuevas tecnologías.