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Siempre hay una fuente

En esta era de las Nuevas Tecnologías de la Información y las Comunicaciones, podemos estar corriendo ciertos peligros con la veracidad de lo que encontramos en la gran autopista de Internet.

Ya hemos dicho en ocasiones anteriores, que hoy hay de todo en esa gran telaraña, como ha sido en llamar a la red de redes, pero no han sobrado las alertas sobre qué y cómo utilizar lo que se “encuentra” en sus enrevesados vericuetos.

En tal contexto, se debe tener bien claro que, de lo que “encontré”, es verdaderamente fidedigno para poder utilizarlo, porque con tantas herramientas a disposición de tantas y tantas personas, el riesgo a la manipulación, o a la ocultación, o la falsificación de información o de datos, crece exponencialemente, pues en no pocos momentos, mientras más se busca, quizá menos pueda encontrarse, relacionado con lo que uno está interesado en disponer.

Y aproveché la ocasión para comentar este tema luego de examinar, como una reiteración ascendente, que en ciertos medios de comunicación se aprecia un estilo de personalización para citar las fuentes, sobre todo si de imágenes se trata. Se está haciendo frecuente algo así como citar, para dar fe la fuente a la que se acudió para obtener determinada información, como …Tomada de Internet, y me pregunto entonces si esa referencia es realmente seria para acreditar en un medio de comunicación el lugar de donde hemos tomado un dato cualquiera que haremos público y socializaremos a nuestros potenciales lectores.

¿Acaso no sabemos que el “arte” del Photoshop puede modificar y crear algo de lo que no sabemos exactamente qué y cómo es? ¿No existen personas sin escrúpulos que en el mejor de los casos lucran con este tipo de comportamientos? ¿Pero, además, no es un principio de derecho de autor, el respeto a la fuente original? ¿Olvidaremos a raíz de tanta invasión tecnológica, principios básicos de la decencia y de las buenas costumbres y relaciones?

Por ello, en intercambios recientes con profesionales cercanos he vuelto a insistir en la necesidad de citar las fuentes, tanto para los trabajos periodísticos, como para las imágenes que tomamos de medios de Internet para reproducir, no importa si en nuestro medio tradicional o la versión web.

Creo que, como siempre hay en una noticia, una fuente de cualquier tipo, ya bien documental, viva o simplemente la vida que nos rodea y nos nutre para poder escribir, en nuestros medios debemos ser consecuentes con una filosofía de la verdad:  Siempre hay una fuente y no debemos ni podemos olvidarlo. Aquí está mi parecer.

 

Y tú, qué prefieres, la web o el impreso

Ante esa disyuntiva pueden estar debatiéndose hoy muchos profesionales de los medios de comunicación, quienes ante la aparición de Internet y los adelantos tecnológicos a ella asociados han visto que los espacios de realización periodística pueden estar cambiando de una manera más rápida de lo habitual.

Pero no se trata solamente de la postura que pudieran asumir los periodistas y otros comunicadores; también cuenta en este análisis qué piensa el receptor, quien también cambió su relación con el medio a partir de la expansión de la web.

Y me nació la pregunta luego de que un colega, muy interesado en publicar en el medio impreso que dirijo, me enviara un correo electrónico aclarándome que un extenso e interesante artículo, el cual le había solicitado reducir o dividir en varias partes.  El referido profesional me confesó en el intercambio de correos electrónicos, que su aspiración era que el periódico le publicara el trabajo, aunque, decía “lo envié a un medio digital que ya me publicó la primera parte, pero creo que Uds. no compiten, ellos son solo WEB y tu texto”, concluía la comunicación.

Después de leer tal confesión, volví a meditar sobre cómo seguimos viendo hoy a los medios llamados tradicionales y cómo se aprecia la web. Las miradas al fenómeno son tan diversas como opinantes existan para debatir, pero no debemos rechazar el análisis más allá de estereotipos creados.

Creo firmemente en que la “tecnologización” de nuestra vida cotidiana, trae aparejado diferentes miradas a la manera de acceder a la información pública y no debe desecharse ninguna de ellas, no ya en un país subdesarrollado como Cuba, donde el impacto de Internet y de los medios de comunicación digitales aún no es el que se aspira, que como todo sabemos se lo debemos en gran medida al bloqueo de Estados Unidos contra nosotros. Hablo también de otros muchos lugares con alta conectividad, donde siempre habrá, allá, en lo más último alguien que deseará acceder a la información a partir de lo más tradicional.

Esa realidad de la anécdota que les hago, puede reflejar cómo aún para muchos, los periódicos impresos siguen siendo lo más importante para su realización profesional y aunque ya comienzan a reconocer a la web como una salida nada despreciable en su labor, les queda todavía aquello de que lo que no sale impreso, no ha sido noticia.

Paradojas de la era moderna. Contradicciones sobre las que hay que meditar.

Siglas o no siglas en los títulos periodísticos en Internet

Un mal que se extendió por mucho tiempo en la prensa impresa en diversos lugares del mundo, y Cuba no escapó a ello, fue el abuso constante de siglas en los títulos periodísticos. Hubo una época, al menos acá, en que los puntajes de los titulares de los periódicos eran inmensos y la presentación de los materiales con siglas gigantescas en los encabezados dejaba mucho que desear.

El paso a formatos más pequeños, es decir, de los llamados “sábanas” a los conocidos ahora como Tabloides  “acomodó”, en general, la presentación de las publicaciones a otras maneras, pues el espacio físico disponible para la combinación texto-imágenes se redujo a la par que disminuyeron aquellos formatos.

En Internet, como sucedió con muchas prácticas del periodismo impreso, se “asimiló” el traslado de aquellas maneras de hacer;  en ciertos momentos se hizo un uso indiscriminado de ellas, y no se tomaba en cuenta que el público al que va dirigido el mensaje no es solo el del país de origen, sino que el acceso a la web es desde diversos lugares del mundo, con culturas, idiosincrasias y formas diferentes de asimilar los contenidos noticiosos.

Recuerdo que en los primeros acercamientos a este tema en cursos, seminarios, talleres, siempre nos insistían en que para la web había que ajustar, diríamos, el lenguaje a usar, pues en otros lugares del mundo no entenderían ciertos términos más apegados a la cultura particular nuestra.

Luego llegaron otros teóricos diciendo que si bien había que modelar esa situación, tampoco podían obviarse ciertas características de la cultura local de cada nación, pues de otra manera lo que se escribía sería algo así como una nota impersonal, sin identificación ni rumbo preciso.

Por ahí ha estado el debate sobre cómo adaptar a los lenguajes universales, las maneras particulares de escribir y “hablar” en Internet, buscando el justo medio entre un mensaje claro, entendible y a la vez que no se despersonalice, en ese trance,  la identidad cultural.

Esa preocupación ha estado latente en cada paso que damos en la red de redes y creo que todavía queda mucho por debatir en ese sentido.

Sin embargo, sí estoy convencido que el uso de las siglas en los títulos en Internet debe eliminarse hasta la máxima expresión. Podrán pensar que soy muy categórico, pero la vida y el trabajo en la web ha demostrado con creces que la titulación en Internet se va convirtiendo en una especialidad, a la que debemos prestar la máxima atención y que es tan importante como el contenido general del trabajo periodístico.

Desde mi punto de vista el título tiene que tener  impacto, inmediatez, precisión, profundidad, expresividad y otras tantas cosas, pero sobre todo claridad, esa condición intrínseca al texto periodístico pero que se obvia más frecuentemente de lo que muchos queremos.

Y baso estas afirmaciones en las veces que he visto, en sitios de prensa de varias partes del planeta,  y en Cuba, por supuesto, la utilización y reutilización de siglas que solo conocen quienes las escribieron y no se percatan del daño que hacen no solo en la comunicación, sino también el “architraído” y llevado posicionamiento.

Cuando usted pone, por ejemplo, una sigla que dentro de las palabras que ella encierra está Cuba y en vez de poner el nombre completo de lo que expresa, se acomoda a poner la sigla, cuando las máquinas de búsqueda hacen su rastreo para indexar los contenidos, está claro que si usted buscaba Cuba en el “querido”  San Google y no está en el título, disminuyen las posibilidades de que la levanten y la ubiquen en un lugar destacado.

Abogo, por tanto, en no usar las siglas en los titulares periodísticos, excepto en situaciones donde no queden más alternativas, pero siempre prefiero otras soluciones, como por ejemplo poner epígrafes y sumarios para aclarar o ampliar alguna idea que pueda no quedar completa en el titular en cuestión.

Son algunos razonamientos. Creo que otros pueden aportar sus matices. Sería otra buena oportunidad para el debate. Los invito.

¿Qué relacionamos?

En el mundo de la hipertextualidad, nos falta mucho por aprender. Pero la ausencia de ciertos conocimientos sobre cómo utilizar con eficiencia esa herramienta intrínseca a la web, no debe llevarnos a eludir el debate alrededor de cómo hacer más efectivo el uso del hipertexto en nuestras propuestas en Internet.

Este tema vino a colación cuando analizábamos qué hacer, o más bien, cómo hacer, ante el imponderable de trasladar un texto periodístico concebido para la edición impresa a Internet, más allá de las “adaptaciones” que se le realizan.

Debemos ir cada día más a una adecuación bien pensada de los contenidos  producidos para el papel que deben “entrar” en el ciberespacio, donde títulos genéricos pasen a ser informativos siempre que la vida y la experiencia así lo aconsejen, donde los sumarios respondan a una ampliación bien estructurada, como explicación sintética de cuanto encontrará el lector “adentro”, y donde el uso del epígrafe puede desempeñar un mejor papel, aunque algunos digan que su empleo está desfasado.

En ese contexto de definiciones, vinculadas a la práctica diaria, surgió  el análisis de qué hacer cuando un trabajo periodístico, en la edición impresa, presenta uno o varios recuadros, que son ampliaciones de la información que se ofrece, pero aparecen en el soporte de papel como un material aparte, aunque vinculado al contenido del trabajo principal.

La experiencia acumulada de tantos años en la edición de periódicos está ahí y la experimentación en este campo siempre se hace sobre la base del conocimiento previo y las mejores prácticas.

Sin embargo, cuando se trata de Internet, nos falta mucho por conocer y aprehender.

En el caso del hipertexto, su utilización ha sido, desde mi punto de vista, la más simple y elemental, sin mayores pretensiones.

Recordemos que la lectura en la página de formato A-3 del periódico impreso es lineal, la vista alcanza desde una sola perspectiva el conjunto de la propuesta
gráfica que incluye además del texto principal, el título, el o los recuadros, las fotos y otros elementos que acompañan el mensaje y donde incluso la ubicación espacial de cada uno de ellos persigue una intencionalidad bien delimitada.

Sin embargo, leer en la web es diferente. Primero, porque a no ser grandes pantallas- estoy pensando en monitores de más de 21 pulgadas-, las computadoras y los dispositivos que cada vez más se emplean como vías para acceder a la Internet, llámese teléfonos celulares, Ipod, etc, no permiten ver de una sola vez todo el contenido.

Así, cuando accedemos a un sitio informativo, por poner un ejemplo, lo primero que miramos es el título, la foto o el sumario, depende de cada cual. Luego, gracias al propio hipertexto, nos adentramos en el material en cuestión, pero nunca lo vemos completo. Tenemos que desplazarnos hacia arriba, o hacia abajo o hacia algún lado para tener una lectura continuada.

Ahí es donde aparece la disyuntiva. ¿Hacemos una relación de los recuadros o los dejamos al final del texto periodístico, como si fuera un subtítulo? ¿Acaso no es mejor que esos contenidos aparezcan relacionados desde la propia portada, como una información adicional o complementaria, p ero independientes? ¿Las relaciones son solo con los recuadros? ¿Utilizamos el hipertexto para ampliar datos verdaderamente interesantes o como una rutina más en nuestros medios? ¿No debemos pensar en trabajar con más intencionalidad la hipertextualidad en los trabajos periodísticos? ¿La relación de materiales de días anteriores sobre el tema en particular, lo consideramos como hipertexto?

La conclusión a la que he llegado es que ante el imponderable de volcar materiales del impreso a Internet, debe adaptarse, hasta lo más profundo, cada trabajo a las características que nos impone un escenario como el de la web. Creo además, que los recuadros de los trabajos impresos deben situarse siempre como textos independientes, relacionados al material principal y deben contar con títulos informativos que atrapen la mirada de los internautas. Estos, además de facilitar la navegación, pueden posicionarse como textos independientes para los buscadores.

De todas formas, me imagino que todavía hay, en este campo, mucha tela por donde cortar. Ojalá otros se embullen a compartir conmigo las herramientas de corte.

Del cara a cara a la entrevista on line

Los tiempos que corren, ya sabemos, andan cambiándolo todo. Y dentro de ese escenario global, el mundo de la comunicación está “sufriendo” los mismos impactos que la vida misma, sobre todo ante las complejidades que surgen con el empuje,  casi imparable, de las nuevas tecnologías de la Información y las Comunicaciones en todos los órdenes de la existencia humana.

Otros desafíos están llegando, también, en las diversas formas en las que se está transformando la manera de intercambiar ideas, pensamientos, maneras de pensar, proyectos de vida, aspiraciones personales, necesidades informativas.

Tanto es así que, según estudios de algunas empresas especializadas, se aprecia una sensible disminución en el correo postal tradicional que habitualmente se dirigía a los medios de prensa y en general entre las personas dentro de los propios países y entre naciones distantes, pues la aparición de las salas de chateo a través de Internet, el correo electrónico, foros debate, el uso de la telefonía celular y sus dispositivos cada vez más complejos, y más reciente en el tiempo el surgimiento de las redes sociales, cambiaron, al parecer para siempre, las maneras en que los seres humanos nos comunicamos.

En el caso del Periodismo siempre han existido reglas, que ahora, de pronto, parecen tender a su modificación, sino a su desaparición. Una de ellas está estrechamente vinculada a los géneros periodísticos, específicamente la entrevista en su concepto más tradicional.

Hace poco, una joven profesora me solicitaba una entrevista para hablar de estos temas y me decía que la quería hacer cara a cara, nada de correo electrónico o Internet, argumentaba, porque ese medio es muy frío para un objetivo como el que persiguía, me dijo.

Y a partir de ahí comencé a meditar en las experiencias que en los últimos meses el propio periódico Juventud Rebelde ha venido impulsando con las entrevistas on line, donde desde nuestra redacción personalidades de la vida política, deportiva, cultural o social, han aceptado responder las preguntas que desde cualquier rincón del mundo, los internautas han tenido a bien realizarles.
Nueva experiencia, nuevos desafíos.

Pero creo que también debemos analizar, como siempre trato de hacer en mis post, las ventajas apreciables, y también, por qué no,  los inconvenientes que trae, muchos de  ellos a tener en cuenta a la hora de entender el desarrollo de las mismas.

No niego, por supuesto, que esta nueva forma está en sintonía total con una de las reglas de la web, aquella que tiene que ver con la interactividad, pues nada mejor que una entrevista on line para desplegar las más amplias ideas sobre como debe funcionar Internet en el intercambio medio-lector.

Es verdad que este tipo de entrevistas posee ciertas cualidades de comunicación hasta hace poco escasamente usadas o no aprovechadas en toda su dimensión, como es el intercambio abierto, en vivo, entre el entrevistado y sus lectores, la inmediatez, la posibilidad ilimitada en tiempo y espacio, la amplitud temática, el horario ajustable a necesidades de ambas partes, anuncio anterior de la entrevista con la posibilidad de acumular interrogantes para responder, pausadamente,  antes del  momento en que transcurre el acto, la ampliación mediante hipertexto de infinitas cantidades de información que enriquecen el contacto.  Podrían ser muchas más.

Pero, cuidado, que siempre tiene sus pequeños inconvenientes, que debemos tomar en cuenta para que todo trascurra según lo previsto. El más peligroso de los riesgos, creo yo, está directamente vinculado a la identidad. Me explico. Recuérdese que hoy en Internet, la suplantación de identidades es muy común a través del falseado de datos de quien escribe y eso no puede desconocerse. Si todo el mundo en la web actuara bajo principios de plena transparencia, no habría problemas, pero cuántos hoy, por disímiles razones, no dan “la cara” y se esconden tras seudónimos, direcciones de correo falsas, suplantan nombres propios o de empresas o entidades o simplemente, inventan para ver cómo les sale el juego.

La oportunidad y la posibilidad de hacer entrevistas on line, desgraciadamente, no es común en nuestros medios, pero debía convertirse en otra posibilidad más de intercambiar entre entrevistados y sus múltiples, diversos y amplios entrevistadores.

No obstante, me queda dando vueltas en la cabeza la afirmación de la joven profesora que desea un  encuentro conmigo. ¿Frialdad solamente?  Invito a reflexionar sobre este nuevo tema.