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Internet, fuente o medio

Entre los tantos debates que a diario nacen acerca de lo que significa Internet en la vida moderna, hay uno que, al menos en ciertos predios del Periodismo en Cuba, comienza a tomar una fuerza inusitada, ya bien por las funciones tradicionales que se le dio a la web, o por el nuevo uso que posibilitan las redes sociales y los blog, y cuanto cosa se invente de cara al futuro.

Ante tal situación, también crecen las opiniones encontradas sobre qué debe ser, o mejor dicho, en qué se ha convertido en Internet.

Para muchos, es fuente de noticias, ya bien primarias o secundarias, o de ampliación de sucesos; para otros, su mejor empleo estaría como medio de información de cualquier tipo; desde otra perspectiva, se aprecia como que debe cumplir ambas funciones, y existen hasta quienes le ofrecen otra connotación más allá de las arriba mencionadas, y ubican a la red como el sacrosanto y único espacio válido para cualquier acción que se lleve adelante en la vida cotidiana moderna.

Pienso que más allá de esas apreciaciones, fruto de la experiencia acumulada en los últimos años y de las perspectivas individuales que cada cual le ha otorgado a ese suceso universal,  los ciudadanos del mundo globalizado contemporáneo han acomodado sus experiencias vitales a este invento de finales del siglo pasado y que tiene una influencia casi total en el desarrollo de nuestras vidas en la actual centuria.

Desde mi punto de vista, Internet media hoy cualquier actividad humana y desconocer su capacidad de influencia en ello es poco menos que asistir a la muerte antes de haber nacido.

Nadie podrá negar hoy que es una fuente de información de una utilidad sin límites, no solo para los lectores tradicionales que buscan en esa gran telaraña información de cualquier tema, de lo humano y lo divino, en tantos idiomas casi como personas hay sobre el planeta Tierra. Otras muchas virtudes pudiéramos agregarle.

Por otro lado, los sitios web se comportan como medios para difundir, igualmente, información sobre lo humano y lo divino, lo que casi no deja oportunidad, si hiciéramos un análisis superficial, a cuestionamiento alguno.

Sin embargo, como uno de los objetivos de este blog es también polemizar, quiero acercarme a ciertas dudas que me nacen cuando analizo fríamente la función que cumplen algunos espacios que bajo el influjo de la web social o 2.0 aparecen hoy, y que están siendo cuestionados, o mejor dicho analizados, desde perspectivas más allá de enfoques puramente utilitarios.

Me estoy refiriendo, y en un post anterior adelanté una idea parecida, a sí debemos utilizar lo encontrado en ciertos sitios en Internet, San Google mediante o a través de las otras tantas opciones de búsqueda que ofrece la red y que poco utilizamos, como referencias bibliográficas para trabajos científicos; si la opinión vertida en estudios que están free en la web, son las únicas posibilidades para sustentar nuestras investigaciones; si los materiales allí encontrados son incuestionables y deben seguirse al pie de la letra.

He conocido, por otra parte, varias experiencias que hacen un uso permanente de las redes sociales, en especial Twitter, como fuente primaria de información, incluso por encima de medios tradicionales como las agencias de prensa o periódicos de primera línea o de avanzada en los países de más desarrollo en Europa o en Estados Unidos. ¿Acaso es una herejía esa práctica concreta? ¿El uso de las fuentes alternativas, no es válido en los tiempos de la globalización desmedida? ¿Es confiable para un medio de prensa utilizar y dar cabida en sus espacios a noticias divulgadas a través de las redes sociales, por ejemplo, sin seguir el método tradicional de comprobación de la veracidad de la fuente? ¿Podríamos estar multiplicando el caos que ya hoy inunda nuestras vidas cuando buscamos información fidedigna? ¿Debemos renunciar por completo a las informaciones que nos ofrecen los medios tradicionales, como por ejemplo las grandes agencias de prensa del mundo, desechando, como ya sabemos, toda la manipulación con la que en no pocas oportunidades, “sazonan” sus despachos cablegráficos? ¿Quién o quiénes se “escudan” detrás de esas identidades?

Conozco que las respuestas a estas interrogantes no suelen ser ni fáciles, ni cómodas para aquellos interesados en debatir sobre el futuro del Periodismo en la era de Internet. Pero si aspiramos a ubicarnos, como medios, en los contextos que nos rodean a la hora de la producción de los contenidos, al menos ideas como estas, u otras, deberían estar presentes en cada acción que ejecutemos, pues la ausencia de debates nos trae límites en el alcance de propósitos superiores.

Yo estaría por el equilibrio, ni reducir mecánicamente el impacto que pueden tener en la vida y en el trabajo de los medios, pero tampoco me parece lógico un sobredimensionamiento del papel que desempeñan para ciertos sucesos.

Quizá una combinación circunstancial de ambas posibilidades aportaría matices más cercanos a lo que aspiramos.

Son algunas ideas para abrir un nuevo debate en aquellos interesados en polemizar sobre aspectos muy nuevos del Periodismo e Internet. Dejo abierta la puerta al diálogo como ha sido la práctica en este espacio de más de un año.

Cuidado, podemos perder la Agenda

Sé que el tema que traigo hoy a mi post es bien complicado desde cualquier arista que se le vea. Y lo es más en contextos donde la guerra mediática arrecia, las oportunidades de la comunicación crecen, se diversifican y a la vez se transforman, y sobre todo cuando los estudios y análisis sobre la agenda periodística de los medios, están, cada día más, acercándose a escenarios de una alta complejidad.

En un trabajo anterior de este mismo blog (La interactividad no puede ser en una sola dirección), hablé sobre la necesidad de que los periodistas de los medios participen, se involucren de una manera más profunda en la, diríamos, “segunda parte de sus trabajos”, sobre todo cuando un medio ofrece la posibilidad de opinar y comentar los trabajos que propone al lector.

Y algunos oyeron aquel llamado, al menos en el espacio donde me desenvuelvo, Juventud Rebelde, pero realmente no es común ver a los profesionales “siguiendo” a pie juntillas lo que sobre él o su trabajo opinan los lectores.

En esa dinámica, entonces, he apreciado ciertas tendencias, sobre las cuales deseo apuntar algunos rasgos, sin querer ofrecer por intermerdio del blog una clase sobre el discurso periodístico.

Quienes siguen los comentarios a los trabajos periodísticos, podrán notar algunas regularidades en la manera en que se desarrollan. Veamos algunas de ellas.

En primer lugar, aprecio que siempre, cuando comienzan a opinar en alguna nota, los comentaristas-lectores basan sus primeras reflexiones a partir del contenido del trabajo en cuestión y en ciertos casos, opinan, discrepan, coinciden, y se dirigen al autor ya bien para encomiarlo o para cuestionarle, desde su perspectiva, un criterio determinado.

Pero cuando el trabajo es polémico, candente, a medida que avanzan los comentarios, el camino comienza a tomar otro rumbo, del que pocas veces nos percatamos y hacia el que, al final, casi “nos obligan” a transitar. El lector, por decirlo de alguna manera, nos trata de “imponer” su Agenda.

Así, lo que se inició como un conjunto de opiniones sobre el trabajo periodístico, va girando hacia otros rumbos, y puede que el espacio que el medio ha legitimado para conocer cómo piensan sus lectores sobre determinado asunto y donde ofrece la oportunidad del diálogo virtual y real, se transforme en plataforma para discusiones que trascienden el propio trabajo periodístico y se desvían hacia otros tantos asuntos en nada relacionados con este.

De tal manera, los opinantes comienzan a desprenderse de los primeros juicios sobre el trabajo y se insertan en una dinámica donde toman cuerpo otras reflexiones más allá del tema principal a debatir y comienzan a “conversar” entre ellos sobre lo humano y lo divino. Es como el pretexto para llegar al lugar exacto que querían, pero utilizando el camino que le ofrecimos sin límite alguno.

Es complicado este fenómeno, que si bien no es alarmante ni nada por el estilo, sí debe llamarnos a pensar en qué participación debemos tener en la continuidad de la Agenda que, como medios de prensa, proponemos.

Agenda que a través de los trabajos periodísticos fijamos, promovemos, incentivamos, no podemos dejarla perder por nuestras limitaciones en dar seguimiento a temas editoriales de alta repercusión.

No niego ni me opongo a que los lectores, mediante las facilidades de la web social, sean partícipes de la Agenda del medio, influyan en ella, ofrezcan sus juicios y consideraciones, incluso, que puedan proponer cambios, siempre que el propio medio acepte ese reto y esté en sintonía con su perspectiva editorial.

Lo que si no apruebo es que nos cambien la Agenda, sin tener nosotros una participación activa, como si quedarámos en mutis, mientras todo a nuestro alrededor se mueve.

Los medios dictan pautas en cuanto a diversos aspectos de la realidad circundantes y establecen en la opinión pública sus principales derroteros, y esa responsabilidad social no puede quedar en el olvido. No hablo solo de poder, liderazgo, credibilidad, que bien valen la pena tener en cuenta cuando de este asunto se habla. Voy más allá, en el sentido de que si como medio brindamos voces diversas sobre un mismo asunto, no debemos perder la posibilidad de mantener la confianza y credibilidad que como empresa comunicativa ofrecemos a quienes nos siguen.

Y perderíamos nuestra Agenda desde el momento en punto en que, por falta de previsión, de preocupación, de participación en los debates, de agilidad, intencionalidad y muchas otras cosas, dejamos a la espontaneidad y no
nos “involucramos” en él, al menos para que el punto de vista que generó el debate no se pierda y no deje de gravitar en la complicada madeja que se este se desprende.

Bien complejo el asunto, y como siempre digo, no tengo la última palabra. Son ciertas consideraciones sobre temas de actualidad a los que debemos prestar la máxima atención. Si nos “arrebatan” nuestras Agendas, podemos estar contribuyendo a sentenciar una profesión de tantos años y tanto alcance como el Periodismo. Y de ese veredicto, no quiero ser partícipe.

Prefiero, entonces, defender la Agenda. Es un deber y una responsabilidad de los medios en esta época de globalización mediática.

Siglas o no siglas en los títulos periodísticos en Internet

Un mal que se extendió por mucho tiempo en la prensa impresa en diversos lugares del mundo, y Cuba no escapó a ello, fue el abuso constante de siglas en los títulos periodísticos. Hubo una época, al menos acá, en que los puntajes de los titulares de los periódicos eran inmensos y la presentación de los materiales con siglas gigantescas en los encabezados dejaba mucho que desear.

El paso a formatos más pequeños, es decir, de los llamados “sábanas” a los conocidos ahora como Tabloides  “acomodó”, en general, la presentación de las publicaciones a otras maneras, pues el espacio físico disponible para la combinación texto-imágenes se redujo a la par que disminuyeron aquellos formatos.

En Internet, como sucedió con muchas prácticas del periodismo impreso, se “asimiló” el traslado de aquellas maneras de hacer;  en ciertos momentos se hizo un uso indiscriminado de ellas, y no se tomaba en cuenta que el público al que va dirigido el mensaje no es solo el del país de origen, sino que el acceso a la web es desde diversos lugares del mundo, con culturas, idiosincrasias y formas diferentes de asimilar los contenidos noticiosos.

Recuerdo que en los primeros acercamientos a este tema en cursos, seminarios, talleres, siempre nos insistían en que para la web había que ajustar, diríamos, el lenguaje a usar, pues en otros lugares del mundo no entenderían ciertos términos más apegados a la cultura particular nuestra.

Luego llegaron otros teóricos diciendo que si bien había que modelar esa situación, tampoco podían obviarse ciertas características de la cultura local de cada nación, pues de otra manera lo que se escribía sería algo así como una nota impersonal, sin identificación ni rumbo preciso.

Por ahí ha estado el debate sobre cómo adaptar a los lenguajes universales, las maneras particulares de escribir y “hablar” en Internet, buscando el justo medio entre un mensaje claro, entendible y a la vez que no se despersonalice, en ese trance,  la identidad cultural.

Esa preocupación ha estado latente en cada paso que damos en la red de redes y creo que todavía queda mucho por debatir en ese sentido.

Sin embargo, sí estoy convencido que el uso de las siglas en los títulos en Internet debe eliminarse hasta la máxima expresión. Podrán pensar que soy muy categórico, pero la vida y el trabajo en la web ha demostrado con creces que la titulación en Internet se va convirtiendo en una especialidad, a la que debemos prestar la máxima atención y que es tan importante como el contenido general del trabajo periodístico.

Desde mi punto de vista el título tiene que tener  impacto, inmediatez, precisión, profundidad, expresividad y otras tantas cosas, pero sobre todo claridad, esa condición intrínseca al texto periodístico pero que se obvia más frecuentemente de lo que muchos queremos.

Y baso estas afirmaciones en las veces que he visto, en sitios de prensa de varias partes del planeta,  y en Cuba, por supuesto, la utilización y reutilización de siglas que solo conocen quienes las escribieron y no se percatan del daño que hacen no solo en la comunicación, sino también el “architraído” y llevado posicionamiento.

Cuando usted pone, por ejemplo, una sigla que dentro de las palabras que ella encierra está Cuba y en vez de poner el nombre completo de lo que expresa, se acomoda a poner la sigla, cuando las máquinas de búsqueda hacen su rastreo para indexar los contenidos, está claro que si usted buscaba Cuba en el “querido”  San Google y no está en el título, disminuyen las posibilidades de que la levanten y la ubiquen en un lugar destacado.

Abogo, por tanto, en no usar las siglas en los titulares periodísticos, excepto en situaciones donde no queden más alternativas, pero siempre prefiero otras soluciones, como por ejemplo poner epígrafes y sumarios para aclarar o ampliar alguna idea que pueda no quedar completa en el titular en cuestión.

Son algunos razonamientos. Creo que otros pueden aportar sus matices. Sería otra buena oportunidad para el debate. Los invito.

En Internet, cada periodista, un editor

Reconozco que la afirmación del título va a ser muy discutida, sin embargo me arriesgo a comentar sobre ella. Y lo hago porque si bien en el nuevo contexto del Periodismo y las Nuevas Tecnologías de la Información y las Comunicaciones, todavía se discute con bastante frecuencia cuáles son las funciones de los profesionales de los medios, no puede obviarse, por otra parte, la tamaña responsabilidad que adquieren quienes tienen bajo su responsabilidad la actualización de las web periodísticas.

No comparto la idea del periodista sabelotodo, pero no dejo de pensar en qué cualidades profesionales, éticas, técnicas, debe o debería tener quien labore en los medios  digitales.

Investigaciones desde las academias existen unas cuantas. Por un lado ponen al
periodista como el que debe saber de todo un poco,  por otro, definen a los profesionales como personas solamente “metidos” en el mundo digital. Es decir, las opiniones son muy diversas, en un campo bastante novedoso y que recibe el influjo constante de las nuevas características que aparecen a diario, aparejadas a los escenarios que van imponiendo esas tecnologías y los retos nacidos del desarrollo de la propia Internet.

Hemos hablado en otros post sobre cómo organizar las redacciones periodísticas, los flujos de trabajo, los soportes tecnológicos que deben dominar quienes en ellas trabajen, etc, sin embargo, poco hablamos de la rutina productiva asociado a ello.

Creo firmemente, y esta aseveración me puede costar una avalancha de opiniones contrarias, que para trabajar en las redacciones digitales o para Internet, como quiera llamárseles, debemos disponer de los profesionales más preparados y capacitados desde todos los puntos de vista.

Y lo afirmo consciente de que por ahí andan opiniones de subestimación a quienes tienen la responsabilidad de actualizar los contenidos de cara a la web. Sin embargo, mi aseveración se basa en la experiencia de estos años y en la posibilidad que ofrece un medio como este.

Por ejemplo, un periodista de la redacción tradicional de un medio que atiende deportes,  generalmente conoce muy bien y “está al tanto” de lo que ocurre en tal liga de fútbol, si es su especialidad, o si este pelotero o aquel está o no en buena forma. Lo mismo sucede con quienes aún mantienen en las estructuras organizativas de sus medios, la sectorialización. El de Cultura sabe generalmente mucho de la última actuación del artista que está “pegao” y en Internacionales, la última noticia sobre ese ámbito que sacudió al mundo.

Ok, hasta ahí todo bien, pero, ¿y el que trabaja para la web, que debe o no debe saber  sobre esos aspectos? Ahí nace, entonces, el dilema.

Desde mi punto de vista, debe saber de todo ello, si entendemos que las versiones web de los medios tradicionales, ya bien periódicos impresos, la radio y la televisión, van alcanzando cada vez más independencia de sus “parientes” en Internet.

Por eso, como digo en el título, la aspiración debe ser que para las redacciones
encargadas de dar soporte a las web periodísticas seleccionemos a nuestros mejores profesionales, que en potencia se convierten en sólidos editores, que si bien no son sabelotodos, como decía al principio, sí deben tener un sentido más abarcador del suceso periodístico, no pueden estar al margen de los acontecimientos noticiosos de la vida en todos sus órdenes, deben ser eficaces buscadores de cuanto está aconteciendo y está relacionado con el perfil editorial de su medio, en resumen, no pueden estar “detrás del palo”, desconociendo  una noticia porque no es su área de atención específica.

Tener en cuenta este asunto puede ser muy provechoso para lograr una efectividada mayor en los mensajes que transmitimos, no quedarnos rezagados a la hora de dar una noticia.

Eso depende mucho de los recursos humanos con que contemos y la preparación que logremos ofrecerles.

Los periodistas que trabajan de cara a la web tienen que ser Editores en potencia y ello no puede ser un sueño lejano. Estaremos garantizando una calidad mayor en nuestras propuestas diarias. En ese camino no deben obviarse tales aseveraciones. Ojalá y otros coincidan y por qué no discrepen de estas apreciaciones. Bienvenidas serán todas.

Si quito una, dejo otra

Cada día, mientras más nos involucramos en las formas de hacer Periodismo para y por Internet, aparecen nuevas preguntas en las rutinas de la producción noticiosa.

Todos los medios en la red de redes, en su estructura organizativa, han establecido sus páginas de Inicio o portadas (Index le dicen los programadores) y las páginas de secciones o Portadillas (al menos así le llamamos en nuestra dinámica diaria). Es una norma “establecida” y que facilita la navegación, sobre todo porque creó maneras de “transitar” por la web y es poco probable que algún medio no haya considerado en su arquitectura, caminos  más o menos como estos para presentar sus resultados.

De lo que ponemos en las portadas, el tiempo que debe estar una noticia, cómo la movemos, ya bien hacia arriba o hacia abajo, en dependencia de su importancia noticiosa, hemos hablado en otros post, pero de lo que se queda en esas portadillas y por qué tiempo, no hemos comentado aún y me gustaría hacerlo en este momento.

En esas portadillas, generalmente, están ubicados los materiales que también se pueden leer en la portada del sitio. Lo que sucede es que la movilidad noticiosa obliga a una actualización constante de los contenidos en la página principal del medio y de acuerdo con el criterio editorial y artístico, se van refrescando continuamente en aras de cumplir con la inmediatez, la actualidad y otros tantos atributos intrínsecos a la web.

Es por ello que luego de estar allí no “desaparecen” completamente de este, sino que se quedan por un tiempo en esas portadillas para que el lector encuentre directamente un material determinado antes de acudir al buscador principal para localizarlo.

He estado observando en los últimos días el comportamiento de esto que comento en el propio sitio de Juventud Rebelde.

Veamos el tema de la pelota. Los play off  de semifinales de la Serie Nacional han estado encendidos, polémicos, calientes, en fin, son la comidilla de casi toda Cuba. Las notas sobre el béisbol publicadas en el sitio web han despertado las más increíbles controversias, pues los aficionados y los  fanáticos, que son dos cosas que parecen lo mismo, pero no son igual,  no dejan de expresar sus sentimientos, opiniones, juicios.

Los comentarios de los lectores a los trabajos sobre este tema se han multiplicado. Días después, esos materiales continúan recibiendo criterios, sin embargo, no se encuentran en la portada del sitio, pues noticiosamente fueron superados por otras notas más actuales, de resultados posteriores de la propia semifinal.

Sin embargo, se encuentra uno que quedan lectores que no agotaron toda su “artillería” y continúan opinando en esos trabajos que fueron publicados tres o cuatro días atrás.

Los editores del sitio deben tener claro, entonces, que no se pueden aplicar fórmulas únicas para fenómenos diversos. Debe facilitarse, por encima de cualquier criterio, la navegación fácil y rápida, que quien busque algo lo encuentre rápido, ahí debe estar la inteligencia y la flexibilidad de los responsables, para que aquello que ha tenido una altísima repercusión no “desaparezca” como noticia visible al menos en esas portadillas.

Abogo por tomar decisiones que corresponsan a cada circunstancia específica. No decir, “si pongo una nueva noticia sobre pelota en la portadilla de deportes, quito la otra vieja para no tener repetido el mismo tema”.

Esa decisión debe ser causística y no  renunciar a mantener su importancia editorial. Si bien no debe mantenerse en la portada principal, sí debiera permanecer en las páginas interiores.  Se trata de buscar más tráfico, facilitar una navegación más cómoda, que el interés editorial no decaiga y dar posibilidades mayores de enganchar en temas que son de alta repercusión para  el medio.

Son algunas consideraciones que me surgieron ahora que se pone más caliente la serie nacional y algunos de los trabajos publicados en Juventud Rebelde han alcanzado récord de lectura y de comentarios en muy poco tiempo. Algo más para meditar, y para opinar, por supuesto.