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Las tendencias, cómo medirlas

No he olvidado el compromiso hecho en el post anterior sobre divulgar algunos aspectos del libro de Ramonet sobre Periodismo, pero quiero antes de exponer en este espacio algunas ideas del interesante texto, acercarme a ciertas lógicas de la comunicación en la web y que en muchas ocasiones los editores en Internet no tomamos mucho en cuenta.

En otras oportunidades hemos hablado de las consideraciones editoriales que se tienen en cuenta para la ubicación de los textos en la web, que rompen con el tradicional esquema de los periódicos impresos, en los cuales se sabe qué es lo más importante no solo por el contenido propio de lo que se dice, sino, y en un nivel similar, por la ubicación que se le otorga en cuanto a las páginas y el lugar dentro de ellas.

Sin embargo, en la web,  los diversos contenidos que vamos a difundir ocupan el espacio de una pantalla, no solo de una computadora de escritorio o laptop, sino en los diferentes dispositivos móviles o “de mano” que en el mundo permiten navegar en Internet, y si queremos “navegar” por “dentro” no nos queda más remedio que utilizar las lógicas creadas para movernos dentro de ella. Desde el mouse, hasta el dedo en los dispositivos táctiles cada vez más comunes, pasando por ciertos inventos que ya se hacen cada vez más frecuentes y que utilizan hasta los movimientos corporales en tales menesteres.

Por lo tanto, sabemos de antemano que lo que se ponga en esa denominada primera pantalla es lo que editorialmente queremos resaltar como medio, ya bien por la importancia que le otorgamos desde nuestros perfiles comunicativos, o por la trascendencia intrínseca de la misma, o por el impacto mediático que deseamos lograr.

Pero, ¿acaso esa importancia que le damos desde el medio, es la misma que le otorga el lector-internauta? ¿Que se le dedique el espacio principal con imagen y texto a cierta nota, garantiza que sea lo más leído dentro del medio en la web? ¿Qué otros parámetros pudiéramos tener en cuenta para medir qué es lo que más impacto ha tenido dentro de lo publicado? ¿Alcanzan las estadísticas para tales empeños? ¿Los comentarios a las notas en la web son el indicador buscado? ¿Podría haber otros?

Son interrogantes sobre las que debemos meditar para saber cómo logramos mayor eficiencia en el trabajo dentro del cibermundo, en un contexto donde no solo vale lo que se diga, sino cómo se diga y donde se ubica.

Ejemplos existen muchos, pero en los últimos días, por ejemplo, he monitoreado tales prácticas en un medio muy cercano y a cada paso se revela que si bien el medio trata de influir en la opinión de quien lo lee, ubicando editorialmente los trabajos más importantes en los lugares preferenciales de la página, el lector, que se va entrenando en cómo lee y qué lee, busca lo que más le interesa y muchos lo demuestran dejando en las cajas de comentarios sus criterios sobre el particular. Para mi, por ahí anda uno de los nuestros medidores y no deberíamos subestimarlo.

Y no estoy minimizando el papel de las estadísticas para conocer cómo influye cada acción que tomamos, pero especial atención sugiero ofrecer  a las cantidades de comentarios que generan las noticias que ponemos en la web. El impacto que logra tal método no parece subestimable a la luz de las transformaciones que ocurren en quienes cada día se acercan más a nuestras propuesta y se van convirtiendo en parte natural del propio medio.

A  lo mejor, no encuentro apoyo total a estas ideas, pero quería compartirlas para provocar, como casi siempre hacemos en este espacio, el debate sano y enriquecedor, que nos permita, a todos, seguir aprendiendo y asomarnos con nuevas reflexiones al mundo infinito de la Era de las Nuevas Tecnologías de la Información y las Comunicaciones.

Por acá estaré para escucharlos o mejor, leerlos.

Opinar, el dilema

Adecuar a nuevas circunstancias, fórmulas nacidas de una práctica cotidiana, es siempre saludable. Y lo es mucho más si de la Comunicación, en su amplio espectro, se trata.

Quienes pensaron y aún piensan que el Periodismo desaparecerá con la llegada a escena de la Web 2.0 o web social y que vaticinaron que los profesionales de la comunicación quedarían en desventaja, desde la hora en punto que la socialización de las herramientas de Internet ofrecen a los lectores la posibilidad de convertirse en comunicadores en potencia, deben volver a pensar en sus formulaciones.

Y no para que las cambien, sino más bien se trata de readecuar conceptos, ideas, visiones, a fenómenos que surgen de pronto, sin estar “planificados”.

Digo esto porque en algún momento inicial se minimizó a la Internet y todas sus potencialidades, llegando a satanizarse en ciertos contextos,  pero luego se ha pasado al otro extremo y para algunos nada hoy es más importante que el uso de las redes sociales y todo lo que viene junto a ellas y dejan, diríamos en un segundo plano, la importancia intrínseca de los grandes medios.

Desde mi experiencia personal, creo que la realidad  pasa por lograr un equilibrio entre los beneficios y las limitaciones que se generan en ese ámbito concreto y un aprovechamiento de virtudes y defectos o ventajas y desventajas tanto de los medios de prensa, como de redes de gran alcance global como Facebook o Twitter, por citar solo dos de ellas.

Los periódicos, en las actuales circunstancias, tienen que continuar acercándose cada vez a lo que su público quiere, pero no pueden perder el protagonismo que tienen, o mejor dicho, no pueden entregarlo o dejar que se lo “roben”, sin pelear, quienes del lado de allá reciben los mensajes que proponen.

Para explicarme en la idea, voy a acudir a un ejemplo, vinculado a la efervescencia que ha provocado en Cuba la final de la Serie Nacional de Béisbol.
Juventud Rebelde, en los últimos años, alimentó una especie, y fíjense que digo especie, de Foro de Discusión relacionado con temas sobre la pelota y la pasión que desata, que poco a poco fue ganando adeptos y se convirtió en una Esquina Caliente Virtual, donde cada día cientos de cibernautas trasladaban sus apreciaciones sobre lo acontecido en la jornada anterior.

Sin embargo, desde la salida del nuevo sitio y la posibilidad de comentar los trabajos (filos0fía web 2.0), ha sucedido un curioso fenómeno. Ya el Foro no lo es como tal, es más, se aprecia ahora poco “movimiento”  en él.

¿Qué ha sucedido? El escenario para el intercambio de ideas sobre el deporte nacional se trasladó hacia otro espacio, legitimado a partir de los trabajos periodísticos de los profesionales del medio.

Es así que los trabajos sobre los resultados de cada partido se han convertido en los Foros de Discusión y la Esquina Caliente Virtual y no el espacio que  una vez preconcebimos para esos menesteres.

Entonces, lo que antes se pensó como un lugar para el debate, la polémica y la discusión, ha quedado relegado por el trabajo del periodista, que desde su posición de actor social, ofrece su visión para el cibernauta y asume los retos que impone el disentir en un medio como Internet, bajo el influjo de la famosa web social o 2.0.

Por ello, pienso que el papel del periodista en este mundo de las Nuevas Tecnologías de la Información y las Comunicaciones no puede subestimarse como algunos han pretendido por ahí, ni debe relegarse a planos secundarios como ciertos teóricos han hecho creer, aun cuando sepamos que las redes sociales han alcanzado un boom impresionante y nada subestimable.

Los profesionales que trabajan en los medios deben continuar haciendo su labor, y tienen el compromiso, además, de ser promotores de buscar en cada entrega la mayor amplitud de criterios, opiniones; no hay que huir de la polémica, el disentimiento, la opinión sincera.

Los medios hoy, y la pelota lo ha demostrado, prenden la chispa para convertir un tema en termómetro social, a partir del cual se mueve todo en los carriles de la información.

No estar de espaldas a esa realidad, es otra manera de contribuir a que el Periodismo siga ocupando el lugar que le corresponde, por derecho propio, dentro de la estructura organizativa de la sociedad, y que no obstante la aparición de las nuevas tecnologías, los medios puedan continuar siendo referencia en el mundo comunicacional.

Claro, depende mucho de qué y cómo los profesionales asuman el reto. Lo importante, es opinar, ahí está el dilema.

Quedo abierto a otras opiniones, y vale la redundancia.

Los colores de la autenticidad

En el camino que andamos para mejorar nuestras entregas hacia la web, me acaba de surgir otra duda. Saben los que siguen este espacio que voy tratando de “poner” temas que puedan resultar de interés para aquellos que sienten y necesitan debatir sobre el Periodismo e Internet y que parten, casi siempre, de la experiencia del medio donde me desenvuelvo.

Y no solo de ahí, sino también de revisiones sistemáticas de medios de comunicación de todo el mundo y de páginas web diversas, donde comparo, analizo, busco similitudes y diferencias con lo que hacemos cada día, con el objetivo supremo de encontrar las mejores herramientas y experiencias en aras de hacer un Juventud Rebelde mejor.

Para algunos, el traslado hacia la web de los contenidos de las ediciones impresas es un sacrilegio al que no debemos seguir apostando, para otros es una necesidad adaptarlos en el nuevo escenario donde serán consumidos, y para otros debe ser una combinación entre lo que publica el medio tradicional y lo que buscan los equipos de soporte de las web periodísticas, con el objetivo primero de mantener actualizado el sitio durante el mayor tiempo posible.

En ese contexto, en algunos medios, y en Cuba ciertos periódicos provinciales ya lo han hecho norma, así como algunos nacionales, se publican los PDF de las ediciones impresas, un servicio de valor agregado al que muchos no consideraron importante cuando se aplicaron esas prácticas en los inicios de la incursión cubana en la red de redes, al considerarlo como un producto que tendría poco valor, pues la pantalla de la computadora lo resolvía todo.

Sin embargo, para aquellos escépticos, puedo decir, al menos en mi experiencia inmediata, que la consulta a las ediciones impresas en los sitios web crecen por día, no sé si es porque los reimprimen en algún otro lugar (lo dudo), o si los reflejos de tantos años no se borran, y muchos de los que los llaman inmigrantes digitales, no resisten una lectura larga delante de una pantalla y recurren a la impresión de las páginas tal cual salió en la versión impresa del medio.

No tengo todos los elementos a mano. Solo puedo dar fe que las consultas a las ediciones impresas de Juventud Rebelde crecen por día, con cifras que pueden resultar llamativas dentro del contexto digital.

Ahí llega otro enigma. En Cuba, al menos todos los periódicos, tanto los nacionales como los de circulación territorial, se imprimen a dos tintas, lo que significa que no hemos llegado la cuatricomía en la prensa, aunque confío que algún día  las condiciones nos permitan editar periódicos diarios a color.

Hasta tanto no llegue ese momento, y se sigan poniendo los PDF en la web, la pregunta que me asaltó mientras descubría a cierto medio con páginas  a todo color en su versión impresa, era si aquella resultaba la manera de ponerlos o si debíamos hacerlo como la realidad en sí misma, es decir, las páginas tal cual circulan en los periódicos que imprimimos a diario.

¿Hasta dónde mantener la autenticidad del medio original? ¿Estaremos falseando la realidad al poner un PDF a colores, cuando el periódico circula a dos tintas? ¿Lo hacemos porque se ve más bonito? ¿La imagen de quienes no conozcan la realidad nacional no puede estar falseada ante tal acción?

Habría muchas otras preguntas, pero me gustaría conocer las opiniones de quienes tienen inquietudes cercanas a esto que comento. Los espero como siempre.

Del cara a cara a la entrevista on line

Los tiempos que corren, ya sabemos, andan cambiándolo todo. Y dentro de ese escenario global, el mundo de la comunicación está “sufriendo” los mismos impactos que la vida misma, sobre todo ante las complejidades que surgen con el empuje,  casi imparable, de las nuevas tecnologías de la Información y las Comunicaciones en todos los órdenes de la existencia humana.

Otros desafíos están llegando, también, en las diversas formas en las que se está transformando la manera de intercambiar ideas, pensamientos, maneras de pensar, proyectos de vida, aspiraciones personales, necesidades informativas.

Tanto es así que, según estudios de algunas empresas especializadas, se aprecia una sensible disminución en el correo postal tradicional que habitualmente se dirigía a los medios de prensa y en general entre las personas dentro de los propios países y entre naciones distantes, pues la aparición de las salas de chateo a través de Internet, el correo electrónico, foros debate, el uso de la telefonía celular y sus dispositivos cada vez más complejos, y más reciente en el tiempo el surgimiento de las redes sociales, cambiaron, al parecer para siempre, las maneras en que los seres humanos nos comunicamos.

En el caso del Periodismo siempre han existido reglas, que ahora, de pronto, parecen tender a su modificación, sino a su desaparición. Una de ellas está estrechamente vinculada a los géneros periodísticos, específicamente la entrevista en su concepto más tradicional.

Hace poco, una joven profesora me solicitaba una entrevista para hablar de estos temas y me decía que la quería hacer cara a cara, nada de correo electrónico o Internet, argumentaba, porque ese medio es muy frío para un objetivo como el que persiguía, me dijo.

Y a partir de ahí comencé a meditar en las experiencias que en los últimos meses el propio periódico Juventud Rebelde ha venido impulsando con las entrevistas on line, donde desde nuestra redacción personalidades de la vida política, deportiva, cultural o social, han aceptado responder las preguntas que desde cualquier rincón del mundo, los internautas han tenido a bien realizarles.
Nueva experiencia, nuevos desafíos.

Pero creo que también debemos analizar, como siempre trato de hacer en mis post, las ventajas apreciables, y también, por qué no,  los inconvenientes que trae, muchos de  ellos a tener en cuenta a la hora de entender el desarrollo de las mismas.

No niego, por supuesto, que esta nueva forma está en sintonía total con una de las reglas de la web, aquella que tiene que ver con la interactividad, pues nada mejor que una entrevista on line para desplegar las más amplias ideas sobre como debe funcionar Internet en el intercambio medio-lector.

Es verdad que este tipo de entrevistas posee ciertas cualidades de comunicación hasta hace poco escasamente usadas o no aprovechadas en toda su dimensión, como es el intercambio abierto, en vivo, entre el entrevistado y sus lectores, la inmediatez, la posibilidad ilimitada en tiempo y espacio, la amplitud temática, el horario ajustable a necesidades de ambas partes, anuncio anterior de la entrevista con la posibilidad de acumular interrogantes para responder, pausadamente,  antes del  momento en que transcurre el acto, la ampliación mediante hipertexto de infinitas cantidades de información que enriquecen el contacto.  Podrían ser muchas más.

Pero, cuidado, que siempre tiene sus pequeños inconvenientes, que debemos tomar en cuenta para que todo trascurra según lo previsto. El más peligroso de los riesgos, creo yo, está directamente vinculado a la identidad. Me explico. Recuérdese que hoy en Internet, la suplantación de identidades es muy común a través del falseado de datos de quien escribe y eso no puede desconocerse. Si todo el mundo en la web actuara bajo principios de plena transparencia, no habría problemas, pero cuántos hoy, por disímiles razones, no dan “la cara” y se esconden tras seudónimos, direcciones de correo falsas, suplantan nombres propios o de empresas o entidades o simplemente, inventan para ver cómo les sale el juego.

La oportunidad y la posibilidad de hacer entrevistas on line, desgraciadamente, no es común en nuestros medios, pero debía convertirse en otra posibilidad más de intercambiar entre entrevistados y sus múltiples, diversos y amplios entrevistadores.

No obstante, me queda dando vueltas en la cabeza la afirmación de la joven profesora que desea un  encuentro conmigo. ¿Frialdad solamente?  Invito a reflexionar sobre este nuevo tema.

Independencia relativa y adecuación oportuna

Como he manifestado en otros post, la relación que se ha ido estableciendo, dentro de algunos medios cubanos impresos, entre las llamadas redacciones tradicionales y las digitales, ha pasado de una subordinación de la segunda con relación a la primera, a una interconexión dialéctica, y del consabido volcado de materiales impresos a la web, se comienza a transitar, a la independencia relativa y la adecuación oportuna.

Sin embargo, hoy quiero comentar muy brevemente, cómo tenemos que vibrar, si de Periodismo en Internet se trata, al ritmo de los cambios, y abordar las transformaciones en las rutinas productivas y la organización del trabajo.

La habilitación de la posibilidad de ofrecer comentarios a los trabajos periodísticos en las páginas, ha hecho que el lector pueda participar como un actor más en el proceso de la comunicación, lo que lo convierte de un ente pasivo o un simple “observador”, como lo fue en otros momentos, en alguien que desempeña un papel activo, ofreciendo puntos de vista que apoyen, contradigan o amplíen la realización periodística profesional.

Siempre la tendencia fue publicar materiales en el papel y luego en la web, y en el transcurso de esos procesos las adecuaciones fueron en el material que se pone en Internet, nunca a la inversa. Las razones han sido varias, pero sobre todo, ha tenido mucho peso la realidad de que una vez aprobado y editado el periódico, no es posible corregirlo y no existe, salvo alguna rara excepción, la posibilidad de cambios, pues los costos de producción de las publicaciones son altos y detener la tirada de cualquiera de ellas solo puede hacerse ante imponderables de máxima urgencia, pues desde el momento mismo en que las máquinas rotativas comienzan a producirlo ya ese periódico está en la calle.

Ahora, y siempre digo “en ciertos lugares”, para no generalizar, en algunos medios, los materiales que se preparan para el impreso toman su rumbo hacia Internet una vez “aprobados”  y quienes tienen Sistemas de Gestión de Contenidos, demoran muy poco en publicarlos o “subirlos” hacia la web.

Es decir, comienza a hacerse común, al menos en Juventud Rebelde, que una vez que los materiales llegan a la web, no tienen “marcha atrás”, aunque luego, por decisiones editoriales o problemas de espacio u otras contingencias, esos mismos trabajos tengan que ser sustituidos en el papel y no se publiquen en ese soporte el día que estaba establecido. Sin embargo, sí se mantienen en la versión web y ya los periodistas comienzan a notar que escribir no puede ser exclusivo del llamado Medio Principal.

¿Qué ha sucedido? Pues que al poder comentarse los trabajos, los lectores encontraron otra vía para expresar sus valoraciones. Ya no son las llamadas telefónicas a la redacción o las cartas del correo ordinario, que casi nunca se sabe cúando llegarán, las que marcan las insatisfacciones, las alegrías o las preocupaciones.

Ahora es “en vivo y al momento”. Si el lector se percata de alguna irregularidad o error, o alguna duda surge y la hace explícita, el periodista, los editores y todos aquellos que tienen que ver con el proceso productivo, lo pueden conocer a escasas horas de haber sido publicado el trabajo en Internet.

Se ha dado el fenómeno entonces, a la inversa. Cuando el trabajo va a ser publicado en el soporte impreso, pueden enmendarse esos errores, o ampliarse cualquier aspecto de los sugeridos por los lectores. Las cosas han comenzado a mirarse al revés, o al derecho, como debe ser, según mi punto de vista.

¿Cuál es el principal y cuál es el secundario? Es la pregunta que empieza a rondarnos en la cabeza a muchos de los editores y que también debería ocupar y preocupar a los profesionales de la prensa, lo que traerá aparejado los cambios necesarios en las rutinas productivas y la organización del trabajo de los medios.

Es por ello que insisto en que el lento, tímido, pequeño pero sostenido e irreversible tránsito hacia la convergencia de redacciones nos van abriendo caminos, que nos ponen a pensar.

Tenemos que seguir intercambiando sobre temas como estos. Como siempre, la puerta a los comentarios y el debate queda abierta.