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¿Qué relacionamos?

En el mundo de la hipertextualidad, nos falta mucho por aprender. Pero la ausencia de ciertos conocimientos sobre cómo utilizar con eficiencia esa herramienta intrínseca a la web, no debe llevarnos a eludir el debate alrededor de cómo hacer más efectivo el uso del hipertexto en nuestras propuestas en Internet.

Este tema vino a colación cuando analizábamos qué hacer, o más bien, cómo hacer, ante el imponderable de trasladar un texto periodístico concebido para la edición impresa a Internet, más allá de las “adaptaciones” que se le realizan.

Debemos ir cada día más a una adecuación bien pensada de los contenidos  producidos para el papel que deben “entrar” en el ciberespacio, donde títulos genéricos pasen a ser informativos siempre que la vida y la experiencia así lo aconsejen, donde los sumarios respondan a una ampliación bien estructurada, como explicación sintética de cuanto encontrará el lector “adentro”, y donde el uso del epígrafe puede desempeñar un mejor papel, aunque algunos digan que su empleo está desfasado.

En ese contexto de definiciones, vinculadas a la práctica diaria, surgió  el análisis de qué hacer cuando un trabajo periodístico, en la edición impresa, presenta uno o varios recuadros, que son ampliaciones de la información que se ofrece, pero aparecen en el soporte de papel como un material aparte, aunque vinculado al contenido del trabajo principal.

La experiencia acumulada de tantos años en la edición de periódicos está ahí y la experimentación en este campo siempre se hace sobre la base del conocimiento previo y las mejores prácticas.

Sin embargo, cuando se trata de Internet, nos falta mucho por conocer y aprehender.

En el caso del hipertexto, su utilización ha sido, desde mi punto de vista, la más simple y elemental, sin mayores pretensiones.

Recordemos que la lectura en la página de formato A-3 del periódico impreso es lineal, la vista alcanza desde una sola perspectiva el conjunto de la propuesta
gráfica que incluye además del texto principal, el título, el o los recuadros, las fotos y otros elementos que acompañan el mensaje y donde incluso la ubicación espacial de cada uno de ellos persigue una intencionalidad bien delimitada.

Sin embargo, leer en la web es diferente. Primero, porque a no ser grandes pantallas- estoy pensando en monitores de más de 21 pulgadas-, las computadoras y los dispositivos que cada vez más se emplean como vías para acceder a la Internet, llámese teléfonos celulares, Ipod, etc, no permiten ver de una sola vez todo el contenido.

Así, cuando accedemos a un sitio informativo, por poner un ejemplo, lo primero que miramos es el título, la foto o el sumario, depende de cada cual. Luego, gracias al propio hipertexto, nos adentramos en el material en cuestión, pero nunca lo vemos completo. Tenemos que desplazarnos hacia arriba, o hacia abajo o hacia algún lado para tener una lectura continuada.

Ahí es donde aparece la disyuntiva. ¿Hacemos una relación de los recuadros o los dejamos al final del texto periodístico, como si fuera un subtítulo? ¿Acaso no es mejor que esos contenidos aparezcan relacionados desde la propia portada, como una información adicional o complementaria, p ero independientes? ¿Las relaciones son solo con los recuadros? ¿Utilizamos el hipertexto para ampliar datos verdaderamente interesantes o como una rutina más en nuestros medios? ¿No debemos pensar en trabajar con más intencionalidad la hipertextualidad en los trabajos periodísticos? ¿La relación de materiales de días anteriores sobre el tema en particular, lo consideramos como hipertexto?

La conclusión a la que he llegado es que ante el imponderable de volcar materiales del impreso a Internet, debe adaptarse, hasta lo más profundo, cada trabajo a las características que nos impone un escenario como el de la web. Creo además, que los recuadros de los trabajos impresos deben situarse siempre como textos independientes, relacionados al material principal y deben contar con títulos informativos que atrapen la mirada de los internautas. Estos, además de facilitar la navegación, pueden posicionarse como textos independientes para los buscadores.

De todas formas, me imagino que todavía hay, en este campo, mucha tela por donde cortar. Ojalá otros se embullen a compartir conmigo las herramientas de corte.

Día, fecha, tema

Aunque he venido hablando sobre la necesidad de ir desprendiéndonos de la rutina del volcado de materiales del periódico impreso al digital, ciertas conductas de nuestros destinatarios, tanto en un soporte como en otro, pueden conspirar de algún modo contra un avance más ágil en esos propósitos.

Y el razonamiento lo hago luego de dialogar con algunos de mis colegas de redacción, que han constatado la preocupación de algunos lectores, quienes aducen que por momentos no saben cómo identificar o encontrar, en la página digital, los trabajos publicados en la versión de papel.

Lo más rutinario ha sido, para esos lectores, hacer la búsqueda por fechas, pero la introducción de Sistemas de Gestión de Contenidos, con bases de datos y otros elementos, agregan matices diferentes a las “normas establecidas” para recuperar esa información.

Ya no basta con tener buscadores lo más eficientemente posible, con posibilidades incluso de realizar búsquedas avanzadas, que permiten “cruzar” campos distintos para obtener el resultado deseado.

No, la lógica de tantos años y las rutinas aprehendidas no son fáciles de modificar. Generalmente estamos atados a formas ya probadas y experimentar lo nuevo resulta en ocasiones algo menos que imposible.

Me explico. He defendido como una necesidad, dentro de las fórmulas que se van estableciendo para la actualización de contenidos en Internet, la inmediatez de la noticia y no desperdiciar tiempo para la publicación de cualquier material.

En el caso del traslado de trabajos periodísticos de la versión impresa a la web, que aun se realiza en muchos medios del patio, se realiza de manera paulatina y en espacios de tiempo que rondan las cuatro o cinco horas desde el comienzo y aprobación de los materiales hasta su publicación en la página digital.

Proceso al fin, debe seguir una lógica en su adecuación a las características de la web, pero los trabajos de género, como decimos en el argot periodístico, sufren escasas, por no decir ninguna, modificación en sus partes, y se mantienen intactos los títulos, sumarios y otros elementos que el periodista concibió desde el inicio.

Así, generalmente los comentarios, entrevistas, reportajes y artículos, fundamentalmente, mantienen su forma original. No hablo, en este caso, sobre lo que he comentado en otros post, referido a la conveniencia de aplicar en cada uno de ellos la hipertextualidad, la interactividad y la multimedialidad. En eso poco hemos avanzado.

Pero hay reglas de la comunicación que no pueden soslayarse y que deben tenerse muy en cuenta en las nuevas condiciones del ciberperiodismo. Ante esa realidad, aparecen varias interrogantes, que nos hacemos en el día a día y de las que debemos extraer las experiencias pertinentes.

¿Vamos a seguir los patrones preestablecidos y le ponemos al material en Internet la fecha de publicación de la noticia en el impreso, o por el contrario, dejamos que los trabajos periodísticos tengan la fecha en la que se “suben” a Internet, independientemente del día de su publicación en la versión de papel?

¿La lógica de búsqueda en Internet es por fecha, por día o temática, o las tres a la vez o combinadas algunas de ellas ?

Cuándo se trata de una sección diaria, ¿son aplicables esos criterios mencionados arriba? ¿Se utilizan las posibilidades de consultar la edición impresa en PDF que ofrecen los sitios web, donde están los trabajos periodísticos originales pero con posibilidades de descargarlos desde la web? ¿Todos tienen conectividad o programas para visualizar este tipo de archivo? ¿Debemos los medios ceder y adaptarnos a las exigencias de nuestros lectores o los “enseñamos” a entender los nuevos contextos en los que debemos “movernos”?

Nada, otras preguntas para respuestas de quienes continúan interesados en hablar de temas como este.