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San Google no existe

Fíjense bien, no tengo nada contra Google. Solo que en estos años de ejercicio profesional vinculado a las nuevas Tecnologías de la Información y las Comunicaciones, también me he dado cuenta que el megabuscador es una herramienta valiosa para la búsqueda de información, pero no infalible.

Sé que esta aseveración me puede traer ciertos contratiempos con los defensores a ultranza del buscador más famoso de Internet, pero quiero decir, también, que no todo podemos dejarlo a lo que Google “nos diga” cuando de encontrar algo que buscamos se trata.

Parto del principio que hoy, en muchos lugares del mundo, y Cuba no es la excepción, las bibliotecas están pasando por momentos nada felices  y que las nuevas generaciones, aunque no quiero ser absoluto, visitan escasamente esos recintos de sabiduría y cultura.

Sentado frente a una computadora y con conexión a la red, cualquiera pide y ¿encuentra? lo que desea saber sobre los dísimiles aspectos de la vida y el saber.

En el caso de los que trabajamos en medios de comunicación, no debemos dejarnos llevar por el impulso y la propaganda del gran buscador de Internet.

Pienso que debe ser referencia, mas no mandato, puede ser consulta, pero no última palabra. El trabajo de los correctores de prensa, poco elogiado cuando se hace bien y muy criticado cuando el error se publica, no puede basarse, en los tiempos actuales, en la búsqueda de términos o terminologías en los buscadores de Internet y mucho menos hacerse googledependientes para corrobar cualquier duda.

En los medios de prensa debe defenderse el uso de los diccionarios por encima de cualquier otra herramienta. Es verdad que los hay on line, pero a veces están desactualizados o no se encuentran las palabras que se buscan.

Alerto, entonces, sobre las tendencias que he estado apreciando en ciertos espacios, de buscar, ante la duda, solo y solo en Google y no en otros contextos o libros, más allá de la red, para aclarar, contrachequear, estar seguros de lo que se va a utilizar.

Recordemos que cualquier texto periodístico que se publique no va a ser leído solamente en los soportes de papel, sino en la gran red, donde un error se multiplica por mil y aparece luego, contradictoriamente podríamos decir, en buscadores como Google.

Para terminar les comento un ejemplo reciente. Buscábamos el nombre exacto de un lugar histórico en el centro de Cuba y ante la duda, solicitamos la aclaración pertinente. Pasados unos minutos, quienes tenían la responsabilidad de buscar, contrastar y llegar a definir cómo se escribía realmente la palabra, atinaron a decir “la busqué en Google y aparece unas veces con s y otras sin esta, y yo creo que es sin la s porque la mayoría de los resultados indican que es así”, concluyó la persona su “profunda” explicación.

A la pregunta, “y qué dice el Diccionario de Términos Geográficos del que disponen”, la respuesta fue tajante. “No lo he buscado, pero Google lo tiene más veces con s que sin esta”.

Un tiempo después, en el diccionario oficial sobre términos geográficos cubanos, la palabra en “litigio” aparecía con s.

Nada, que San Google no existe, hace falta, pero cuidado…