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La temporalidad en la web

En la web parece haber desaparecido el ayer, el hoy y el mañana. Los tiempos, tan socorridos en los llamados medios tradicionales, en Internet se convierten en categorías efímeras para su utilización cotidiana y lo que ahora es, en menos de un segundo no fue y así sucesivamente.

Y digo esto porque he visto con frecuencia en algunos de nuestros medios el uso en los titulares, y también dentro del cuerpo de los textos, el uso de ayer, hoy y mañana, y sin embargo, los editores responsables de la publicación de estos contenidos, no se percatan de que cada vez en el mundo de la web se van desechando más su utilización, porque, el paso de la vida, las posibilidades de actualización, el dinamismo mediático, y otros muchos factores, están influyendo en que aprendamos nuevos códigos de la comunicación.

Por ejemplo, citar en una web como titular que “Hoy se constituyen las Asambleas…”  no es en estos tiempos muy recomendable, pues si por cualquier causa durante la jornada a la que se refieren el texto, no se pudo actualizar con el hecho noticioso en sí, pues ya pasadas las doce de la noche de ese día, este titular envejeció y además, lo que es más dañino, no aporta al lector “nuevo” que llega, la veracidad, pues como la fecha no aparece por ningún lado, la información tiende a confundir a quienes la leen.

Podrá parecerles algo simple esto que comento, pero desde mi perspectiva, la eficacia en la web pasa, sobre todo, por una calidad de los contenidos que proponemos y no creo que con tales dislates pueda alguien asegurar que nos visiten como aspiramos y que hagamos nuestras propuestas de una mejor calidad.

Por eso, cada vez que tropiezo con una experiencia similar, ofrezco mi punto de vista sobre el particular y recomiendo la utilización de otras variantes, que no permitan que el texto envejezca solo porque no supimos poner el titular correctamente o fijamos una fecha, que en el tiempo muere, ante el acelerado movimiento que implica una página web. Otro tema para pensar. Los invito, como siempre, a ofrecer las opiniones que crean.

Las tendencias, cómo medirlas

No he olvidado el compromiso hecho en el post anterior sobre divulgar algunos aspectos del libro de Ramonet sobre Periodismo, pero quiero antes de exponer en este espacio algunas ideas del interesante texto, acercarme a ciertas lógicas de la comunicación en la web y que en muchas ocasiones los editores en Internet no tomamos mucho en cuenta.

En otras oportunidades hemos hablado de las consideraciones editoriales que se tienen en cuenta para la ubicación de los textos en la web, que rompen con el tradicional esquema de los periódicos impresos, en los cuales se sabe qué es lo más importante no solo por el contenido propio de lo que se dice, sino, y en un nivel similar, por la ubicación que se le otorga en cuanto a las páginas y el lugar dentro de ellas.

Sin embargo, en la web,  los diversos contenidos que vamos a difundir ocupan el espacio de una pantalla, no solo de una computadora de escritorio o laptop, sino en los diferentes dispositivos móviles o “de mano” que en el mundo permiten navegar en Internet, y si queremos “navegar” por “dentro” no nos queda más remedio que utilizar las lógicas creadas para movernos dentro de ella. Desde el mouse, hasta el dedo en los dispositivos táctiles cada vez más comunes, pasando por ciertos inventos que ya se hacen cada vez más frecuentes y que utilizan hasta los movimientos corporales en tales menesteres.

Por lo tanto, sabemos de antemano que lo que se ponga en esa denominada primera pantalla es lo que editorialmente queremos resaltar como medio, ya bien por la importancia que le otorgamos desde nuestros perfiles comunicativos, o por la trascendencia intrínseca de la misma, o por el impacto mediático que deseamos lograr.

Pero, ¿acaso esa importancia que le damos desde el medio, es la misma que le otorga el lector-internauta? ¿Que se le dedique el espacio principal con imagen y texto a cierta nota, garantiza que sea lo más leído dentro del medio en la web? ¿Qué otros parámetros pudiéramos tener en cuenta para medir qué es lo que más impacto ha tenido dentro de lo publicado? ¿Alcanzan las estadísticas para tales empeños? ¿Los comentarios a las notas en la web son el indicador buscado? ¿Podría haber otros?

Son interrogantes sobre las que debemos meditar para saber cómo logramos mayor eficiencia en el trabajo dentro del cibermundo, en un contexto donde no solo vale lo que se diga, sino cómo se diga y donde se ubica.

Ejemplos existen muchos, pero en los últimos días, por ejemplo, he monitoreado tales prácticas en un medio muy cercano y a cada paso se revela que si bien el medio trata de influir en la opinión de quien lo lee, ubicando editorialmente los trabajos más importantes en los lugares preferenciales de la página, el lector, que se va entrenando en cómo lee y qué lee, busca lo que más le interesa y muchos lo demuestran dejando en las cajas de comentarios sus criterios sobre el particular. Para mi, por ahí anda uno de los nuestros medidores y no deberíamos subestimarlo.

Y no estoy minimizando el papel de las estadísticas para conocer cómo influye cada acción que tomamos, pero especial atención sugiero ofrecer  a las cantidades de comentarios que generan las noticias que ponemos en la web. El impacto que logra tal método no parece subestimable a la luz de las transformaciones que ocurren en quienes cada día se acercan más a nuestras propuesta y se van convirtiendo en parte natural del propio medio.

A  lo mejor, no encuentro apoyo total a estas ideas, pero quería compartirlas para provocar, como casi siempre hacemos en este espacio, el debate sano y enriquecedor, que nos permita, a todos, seguir aprendiendo y asomarnos con nuevas reflexiones al mundo infinito de la Era de las Nuevas Tecnologías de la Información y las Comunicaciones.

Por acá estaré para escucharlos o mejor, leerlos.

Caballero, ¡esto es el colmo!

La manipuladora CNN no tiene desperdicio por estos días. Bueno, podría ser un desperdicio la propia televisora, pero no viene al caso eso ahora. Realmente no tienen compostura en esa gran trasnacional de la mentira y el engaño.

Ya no les bastó cambiar su ropaje durante el mismo día del zarpazo y pasar de decir que había un Golpe de Estado a que lo que estaba sucediendo era una Sucesión forzosa. Vaya terminología la que se inventan.

Ahora andan utilizando otras tácticas para la subversión.

Veamos, para ellos Zelaya no es presidente, sino ex presidente, el usurpador Michelleti, presidente electo. La misma fórmula utilizada en Venezuela en el 2002. El mismo guión actualizado y con otros personajes, en el 2009. No les ha bastado que todo el continente, sus instituciones y la mayoría de los presidentes latinoamericanos hayan dicho que lo que está sucediendo en Honduras en un verdadero Golpe de Estado, ni que Obama o la Clinton se hayan desmarcado, afirmando que el único presidente legítimo es Zelaya.

En el colmo de una burda manipulación, mientras transmitía este lunes a media mañana el discurso del presidente hondureño Manuel Zelaya en la Asamblea General de las Naciones Unidas, dividía la pantalla y mostraba, en un cuadro superior y mayor, manifestaciones a las que acompañaba con un cintillo aludiendo a que los hondureños estaban rechazando a su presidente.

Pero, caballeros, ni una sola imagen, ni un solo comentario de la represión, ni siquiera un pequeñito pase a las marchas de los campesinos y los sectores populares, al atropello y a los militares  equipados con las armas largas. Nada de gases lacrimógenos. Es como si no existieran los heridos y los masacrados.  Sé que es como pedirle peras al olmo, como reza el refrán, pero estos “paladines de la libertad de prensa y la objetividad”, debían tener algún recato y no seguir prestándose a la burda maniobra de los sectores más reaccionarios del país centroamericano.

El golpe mediático no ha sido solo dentro de Honduras, los impostores han contado, como siempre, con la complicidad de los grandes medios. Pero el tiro les saldrá por la culata, como decimos acá en la Isla.