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En Internet, cada periodista, un editor

Reconozco que la afirmación del título va a ser muy discutida, sin embargo me arriesgo a comentar sobre ella. Y lo hago porque si bien en el nuevo contexto del Periodismo y las Nuevas Tecnologías de la Información y las Comunicaciones, todavía se discute con bastante frecuencia cuáles son las funciones de los profesionales de los medios, no puede obviarse, por otra parte, la tamaña responsabilidad que adquieren quienes tienen bajo su responsabilidad la actualización de las web periodísticas.

No comparto la idea del periodista sabelotodo, pero no dejo de pensar en qué cualidades profesionales, éticas, técnicas, debe o debería tener quien labore en los medios  digitales.

Investigaciones desde las academias existen unas cuantas. Por un lado ponen al
periodista como el que debe saber de todo un poco,  por otro, definen a los profesionales como personas solamente “metidos” en el mundo digital. Es decir, las opiniones son muy diversas, en un campo bastante novedoso y que recibe el influjo constante de las nuevas características que aparecen a diario, aparejadas a los escenarios que van imponiendo esas tecnologías y los retos nacidos del desarrollo de la propia Internet.

Hemos hablado en otros post sobre cómo organizar las redacciones periodísticas, los flujos de trabajo, los soportes tecnológicos que deben dominar quienes en ellas trabajen, etc, sin embargo, poco hablamos de la rutina productiva asociado a ello.

Creo firmemente, y esta aseveración me puede costar una avalancha de opiniones contrarias, que para trabajar en las redacciones digitales o para Internet, como quiera llamárseles, debemos disponer de los profesionales más preparados y capacitados desde todos los puntos de vista.

Y lo afirmo consciente de que por ahí andan opiniones de subestimación a quienes tienen la responsabilidad de actualizar los contenidos de cara a la web. Sin embargo, mi aseveración se basa en la experiencia de estos años y en la posibilidad que ofrece un medio como este.

Por ejemplo, un periodista de la redacción tradicional de un medio que atiende deportes,  generalmente conoce muy bien y “está al tanto” de lo que ocurre en tal liga de fútbol, si es su especialidad, o si este pelotero o aquel está o no en buena forma. Lo mismo sucede con quienes aún mantienen en las estructuras organizativas de sus medios, la sectorialización. El de Cultura sabe generalmente mucho de la última actuación del artista que está “pegao” y en Internacionales, la última noticia sobre ese ámbito que sacudió al mundo.

Ok, hasta ahí todo bien, pero, ¿y el que trabaja para la web, que debe o no debe saber  sobre esos aspectos? Ahí nace, entonces, el dilema.

Desde mi punto de vista, debe saber de todo ello, si entendemos que las versiones web de los medios tradicionales, ya bien periódicos impresos, la radio y la televisión, van alcanzando cada vez más independencia de sus “parientes” en Internet.

Por eso, como digo en el título, la aspiración debe ser que para las redacciones
encargadas de dar soporte a las web periodísticas seleccionemos a nuestros mejores profesionales, que en potencia se convierten en sólidos editores, que si bien no son sabelotodos, como decía al principio, sí deben tener un sentido más abarcador del suceso periodístico, no pueden estar al margen de los acontecimientos noticiosos de la vida en todos sus órdenes, deben ser eficaces buscadores de cuanto está aconteciendo y está relacionado con el perfil editorial de su medio, en resumen, no pueden estar “detrás del palo”, desconociendo  una noticia porque no es su área de atención específica.

Tener en cuenta este asunto puede ser muy provechoso para lograr una efectividada mayor en los mensajes que transmitimos, no quedarnos rezagados a la hora de dar una noticia.

Eso depende mucho de los recursos humanos con que contemos y la preparación que logremos ofrecerles.

Los periodistas que trabajan de cara a la web tienen que ser Editores en potencia y ello no puede ser un sueño lejano. Estaremos garantizando una calidad mayor en nuestras propuestas diarias. En ese camino no deben obviarse tales aseveraciones. Ojalá y otros coincidan y por qué no discrepen de estas apreciaciones. Bienvenidas serán todas.

San Google no existe

Fíjense bien, no tengo nada contra Google. Solo que en estos años de ejercicio profesional vinculado a las nuevas Tecnologías de la Información y las Comunicaciones, también me he dado cuenta que el megabuscador es una herramienta valiosa para la búsqueda de información, pero no infalible.

Sé que esta aseveración me puede traer ciertos contratiempos con los defensores a ultranza del buscador más famoso de Internet, pero quiero decir, también, que no todo podemos dejarlo a lo que Google “nos diga” cuando de encontrar algo que buscamos se trata.

Parto del principio que hoy, en muchos lugares del mundo, y Cuba no es la excepción, las bibliotecas están pasando por momentos nada felices  y que las nuevas generaciones, aunque no quiero ser absoluto, visitan escasamente esos recintos de sabiduría y cultura.

Sentado frente a una computadora y con conexión a la red, cualquiera pide y ¿encuentra? lo que desea saber sobre los dísimiles aspectos de la vida y el saber.

En el caso de los que trabajamos en medios de comunicación, no debemos dejarnos llevar por el impulso y la propaganda del gran buscador de Internet.

Pienso que debe ser referencia, mas no mandato, puede ser consulta, pero no última palabra. El trabajo de los correctores de prensa, poco elogiado cuando se hace bien y muy criticado cuando el error se publica, no puede basarse, en los tiempos actuales, en la búsqueda de términos o terminologías en los buscadores de Internet y mucho menos hacerse googledependientes para corrobar cualquier duda.

En los medios de prensa debe defenderse el uso de los diccionarios por encima de cualquier otra herramienta. Es verdad que los hay on line, pero a veces están desactualizados o no se encuentran las palabras que se buscan.

Alerto, entonces, sobre las tendencias que he estado apreciando en ciertos espacios, de buscar, ante la duda, solo y solo en Google y no en otros contextos o libros, más allá de la red, para aclarar, contrachequear, estar seguros de lo que se va a utilizar.

Recordemos que cualquier texto periodístico que se publique no va a ser leído solamente en los soportes de papel, sino en la gran red, donde un error se multiplica por mil y aparece luego, contradictoriamente podríamos decir, en buscadores como Google.

Para terminar les comento un ejemplo reciente. Buscábamos el nombre exacto de un lugar histórico en el centro de Cuba y ante la duda, solicitamos la aclaración pertinente. Pasados unos minutos, quienes tenían la responsabilidad de buscar, contrastar y llegar a definir cómo se escribía realmente la palabra, atinaron a decir “la busqué en Google y aparece unas veces con s y otras sin esta, y yo creo que es sin la s porque la mayoría de los resultados indican que es así”, concluyó la persona su “profunda” explicación.

A la pregunta, “y qué dice el Diccionario de Términos Geográficos del que disponen”, la respuesta fue tajante. “No lo he buscado, pero Google lo tiene más veces con s que sin esta”.

Un tiempo después, en el diccionario oficial sobre términos geográficos cubanos, la palabra en “litigio” aparecía con s.

Nada, que San Google no existe, hace falta, pero cuidado…

Día, fecha, tema

Aunque he venido hablando sobre la necesidad de ir desprendiéndonos de la rutina del volcado de materiales del periódico impreso al digital, ciertas conductas de nuestros destinatarios, tanto en un soporte como en otro, pueden conspirar de algún modo contra un avance más ágil en esos propósitos.

Y el razonamiento lo hago luego de dialogar con algunos de mis colegas de redacción, que han constatado la preocupación de algunos lectores, quienes aducen que por momentos no saben cómo identificar o encontrar, en la página digital, los trabajos publicados en la versión de papel.

Lo más rutinario ha sido, para esos lectores, hacer la búsqueda por fechas, pero la introducción de Sistemas de Gestión de Contenidos, con bases de datos y otros elementos, agregan matices diferentes a las “normas establecidas” para recuperar esa información.

Ya no basta con tener buscadores lo más eficientemente posible, con posibilidades incluso de realizar búsquedas avanzadas, que permiten “cruzar” campos distintos para obtener el resultado deseado.

No, la lógica de tantos años y las rutinas aprehendidas no son fáciles de modificar. Generalmente estamos atados a formas ya probadas y experimentar lo nuevo resulta en ocasiones algo menos que imposible.

Me explico. He defendido como una necesidad, dentro de las fórmulas que se van estableciendo para la actualización de contenidos en Internet, la inmediatez de la noticia y no desperdiciar tiempo para la publicación de cualquier material.

En el caso del traslado de trabajos periodísticos de la versión impresa a la web, que aun se realiza en muchos medios del patio, se realiza de manera paulatina y en espacios de tiempo que rondan las cuatro o cinco horas desde el comienzo y aprobación de los materiales hasta su publicación en la página digital.

Proceso al fin, debe seguir una lógica en su adecuación a las características de la web, pero los trabajos de género, como decimos en el argot periodístico, sufren escasas, por no decir ninguna, modificación en sus partes, y se mantienen intactos los títulos, sumarios y otros elementos que el periodista concibió desde el inicio.

Así, generalmente los comentarios, entrevistas, reportajes y artículos, fundamentalmente, mantienen su forma original. No hablo, en este caso, sobre lo que he comentado en otros post, referido a la conveniencia de aplicar en cada uno de ellos la hipertextualidad, la interactividad y la multimedialidad. En eso poco hemos avanzado.

Pero hay reglas de la comunicación que no pueden soslayarse y que deben tenerse muy en cuenta en las nuevas condiciones del ciberperiodismo. Ante esa realidad, aparecen varias interrogantes, que nos hacemos en el día a día y de las que debemos extraer las experiencias pertinentes.

¿Vamos a seguir los patrones preestablecidos y le ponemos al material en Internet la fecha de publicación de la noticia en el impreso, o por el contrario, dejamos que los trabajos periodísticos tengan la fecha en la que se “suben” a Internet, independientemente del día de su publicación en la versión de papel?

¿La lógica de búsqueda en Internet es por fecha, por día o temática, o las tres a la vez o combinadas algunas de ellas ?

Cuándo se trata de una sección diaria, ¿son aplicables esos criterios mencionados arriba? ¿Se utilizan las posibilidades de consultar la edición impresa en PDF que ofrecen los sitios web, donde están los trabajos periodísticos originales pero con posibilidades de descargarlos desde la web? ¿Todos tienen conectividad o programas para visualizar este tipo de archivo? ¿Debemos los medios ceder y adaptarnos a las exigencias de nuestros lectores o los “enseñamos” a entender los nuevos contextos en los que debemos “movernos”?

Nada, otras preguntas para respuestas de quienes continúan interesados en hablar de temas como este.

 

¿Cuál es el tiempo razonable?

En un periódico impreso, el tiempo es considerado el tirano de los periodistas. Todo transcurre en una redacción de prensa marcado por su impronta. Las horas pasan, y el horario de cierre influye inexorablemente en las rutinas de la producción noticiosa, que responden a períodos límites para la realización del periódico, pues edición, impresión y circulación no pueden esperar más de lo previsto para cada una de esas acciones.

En Internet, el tiempo toma otras características. Es más bien cómplice. Impulsa, empuja, determina y se convierte en termómetro de la inmediatez. El tiempo aquí no espera, pasa tan rápido como las noticias que lo son como tal.

Los editores de sitios web deben tomar en cuenta estos detalles. Desde la experiencia que acumulo de algunos años realizando y editando contenido para Internet, una pregunta me viene rondando, y tiene que ver con la preocupación sobre  qué tiempo debe estar una noticia puesta en la portada de una página web.

¿Solo debe responder a la frecuencia de actualización establecida de antemano, como sucede en ciertos medios de prensa que conozco? ¿Debe tomar en cuenta el concepto de noticiabilidad, tan de moda por estos tiempos? ¿No debe pensarse en mantener ciertos trabajos, digamos exclusivos, en las portadas, buscando un mayor nivel de lectura de esos contenidos? ¿Hay que vibrar al ritmo de los acontecimientos noticiosos que ocurren cada minuto en un mundo globalizado y donde cualquier cosa es considerado noticia?

Si bien en la web se rompen los cánones tradicionales de la noticia, es posible divulgarla inmediatamente después de haberse producido, y puede ampliarse hasta límites insospechables con el uso del hipertexto y otras herramientas, también es cierto que deben analizarse los tiempos de exposición de las noticias que queremos mostrar en las portadas de nuestros sitios.

Es verdad que no puede decirse, y por suerte andamos borrando esos malos vicios de nuestras acciones diarias, que la actualización de las páginas web deben realizarse “en tales momentos del día”. Sería contradecir el propio espíritu de un medio tan dinámico como este, que pide la actualización constante de los contenidos para estar a tono con una dinámica que le es consustancial.

Sin embargo, y por eso la pregunta del título a este post, creo también disparatado el cambio constante e indiscriminado de las noticias en aras de mantener “actualizado” el sitio, restándole espacio y posibilidades de lectura a informaciones propias generadas por el medio en exclusiva.

Lo que trato de decir es que también debe haber tiempos razonables para mantener las informaciones en las portadas de las páginas, ofreciéndoles a los cibernautas las posibilidades de encontrar noticias que solo allí están expuestas porque son el fruto de la búsqueda de los profesionales del medio y no las podrá leer en otro lugar.

Hay que recordar  los diferentes horarios que existen en el planeta y que las lecturas a nuestros medios vienen desde cualquier lugar del mundo.

El cambia-cambia, como se dice popularmente en Cuba, debe tener una medida. No puede llevarnos el ansia de actualización de las noticias en las portadas de los sitios, a la indiscriminada fórmula de estar constantemente “subiendo” informaciones que a veces no tienen ninguna importancia, de escasa repercusión, de poca alcance para la línea editorial del medio, y que a veces tienen el mal mayor: ya han sido publicadas en otros medios y lo que hacemos es repetir un contenido innecesariamente, lo que además, se sabe, es “penalizado” por los buscadores.

La actualización noticiosa de un sitio de prensa debe cumplir con las reglas del periodismo, aquella que reza, y roza, con la actualidad, la inmediatez, el interés y otras muchas cualidades. Es imprescindible tenerlo en cuenta, pero debemos preguntarnos, meditar y respondernos.

¿Qué tiempo debe estar una información en la portada de nuestro sitio web? ¿Debe medirse el tiempo solo por la voluntad de los editores? ¿La generación de contenidos constantemente es buena o entorpece la difusión informativa y la lectura de otros contenidos que también nos interesa que sean leídos?

En fin, son algunas interrogantes, de las que espero respuestas u otras opiniones de los visitantes de este post.

Independencia relativa y adecuación oportuna

Como he manifestado en otros post, la relación que se ha ido estableciendo, dentro de algunos medios cubanos impresos, entre las llamadas redacciones tradicionales y las digitales, ha pasado de una subordinación de la segunda con relación a la primera, a una interconexión dialéctica, y del consabido volcado de materiales impresos a la web, se comienza a transitar, a la independencia relativa y la adecuación oportuna.

Sin embargo, hoy quiero comentar muy brevemente, cómo tenemos que vibrar, si de Periodismo en Internet se trata, al ritmo de los cambios, y abordar las transformaciones en las rutinas productivas y la organización del trabajo.

La habilitación de la posibilidad de ofrecer comentarios a los trabajos periodísticos en las páginas, ha hecho que el lector pueda participar como un actor más en el proceso de la comunicación, lo que lo convierte de un ente pasivo o un simple “observador”, como lo fue en otros momentos, en alguien que desempeña un papel activo, ofreciendo puntos de vista que apoyen, contradigan o amplíen la realización periodística profesional.

Siempre la tendencia fue publicar materiales en el papel y luego en la web, y en el transcurso de esos procesos las adecuaciones fueron en el material que se pone en Internet, nunca a la inversa. Las razones han sido varias, pero sobre todo, ha tenido mucho peso la realidad de que una vez aprobado y editado el periódico, no es posible corregirlo y no existe, salvo alguna rara excepción, la posibilidad de cambios, pues los costos de producción de las publicaciones son altos y detener la tirada de cualquiera de ellas solo puede hacerse ante imponderables de máxima urgencia, pues desde el momento mismo en que las máquinas rotativas comienzan a producirlo ya ese periódico está en la calle.

Ahora, y siempre digo “en ciertos lugares”, para no generalizar, en algunos medios, los materiales que se preparan para el impreso toman su rumbo hacia Internet una vez “aprobados”  y quienes tienen Sistemas de Gestión de Contenidos, demoran muy poco en publicarlos o “subirlos” hacia la web.

Es decir, comienza a hacerse común, al menos en Juventud Rebelde, que una vez que los materiales llegan a la web, no tienen “marcha atrás”, aunque luego, por decisiones editoriales o problemas de espacio u otras contingencias, esos mismos trabajos tengan que ser sustituidos en el papel y no se publiquen en ese soporte el día que estaba establecido. Sin embargo, sí se mantienen en la versión web y ya los periodistas comienzan a notar que escribir no puede ser exclusivo del llamado Medio Principal.

¿Qué ha sucedido? Pues que al poder comentarse los trabajos, los lectores encontraron otra vía para expresar sus valoraciones. Ya no son las llamadas telefónicas a la redacción o las cartas del correo ordinario, que casi nunca se sabe cúando llegarán, las que marcan las insatisfacciones, las alegrías o las preocupaciones.

Ahora es “en vivo y al momento”. Si el lector se percata de alguna irregularidad o error, o alguna duda surge y la hace explícita, el periodista, los editores y todos aquellos que tienen que ver con el proceso productivo, lo pueden conocer a escasas horas de haber sido publicado el trabajo en Internet.

Se ha dado el fenómeno entonces, a la inversa. Cuando el trabajo va a ser publicado en el soporte impreso, pueden enmendarse esos errores, o ampliarse cualquier aspecto de los sugeridos por los lectores. Las cosas han comenzado a mirarse al revés, o al derecho, como debe ser, según mi punto de vista.

¿Cuál es el principal y cuál es el secundario? Es la pregunta que empieza a rondarnos en la cabeza a muchos de los editores y que también debería ocupar y preocupar a los profesionales de la prensa, lo que traerá aparejado los cambios necesarios en las rutinas productivas y la organización del trabajo de los medios.

Es por ello que insisto en que el lento, tímido, pequeño pero sostenido e irreversible tránsito hacia la convergencia de redacciones nos van abriendo caminos, que nos ponen a pensar.

Tenemos que seguir intercambiando sobre temas como estos. Como siempre, la puerta a los comentarios y el debate queda abierta.