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Opinar, el dilema

Adecuar a nuevas circunstancias, fórmulas nacidas de una práctica cotidiana, es siempre saludable. Y lo es mucho más si de la Comunicación, en su amplio espectro, se trata.

Quienes pensaron y aún piensan que el Periodismo desaparecerá con la llegada a escena de la Web 2.0 o web social y que vaticinaron que los profesionales de la comunicación quedarían en desventaja, desde la hora en punto que la socialización de las herramientas de Internet ofrecen a los lectores la posibilidad de convertirse en comunicadores en potencia, deben volver a pensar en sus formulaciones.

Y no para que las cambien, sino más bien se trata de readecuar conceptos, ideas, visiones, a fenómenos que surgen de pronto, sin estar “planificados”.

Digo esto porque en algún momento inicial se minimizó a la Internet y todas sus potencialidades, llegando a satanizarse en ciertos contextos,  pero luego se ha pasado al otro extremo y para algunos nada hoy es más importante que el uso de las redes sociales y todo lo que viene junto a ellas y dejan, diríamos en un segundo plano, la importancia intrínseca de los grandes medios.

Desde mi experiencia personal, creo que la realidad  pasa por lograr un equilibrio entre los beneficios y las limitaciones que se generan en ese ámbito concreto y un aprovechamiento de virtudes y defectos o ventajas y desventajas tanto de los medios de prensa, como de redes de gran alcance global como Facebook o Twitter, por citar solo dos de ellas.

Los periódicos, en las actuales circunstancias, tienen que continuar acercándose cada vez a lo que su público quiere, pero no pueden perder el protagonismo que tienen, o mejor dicho, no pueden entregarlo o dejar que se lo “roben”, sin pelear, quienes del lado de allá reciben los mensajes que proponen.

Para explicarme en la idea, voy a acudir a un ejemplo, vinculado a la efervescencia que ha provocado en Cuba la final de la Serie Nacional de Béisbol.
Juventud Rebelde, en los últimos años, alimentó una especie, y fíjense que digo especie, de Foro de Discusión relacionado con temas sobre la pelota y la pasión que desata, que poco a poco fue ganando adeptos y se convirtió en una Esquina Caliente Virtual, donde cada día cientos de cibernautas trasladaban sus apreciaciones sobre lo acontecido en la jornada anterior.

Sin embargo, desde la salida del nuevo sitio y la posibilidad de comentar los trabajos (filos0fía web 2.0), ha sucedido un curioso fenómeno. Ya el Foro no lo es como tal, es más, se aprecia ahora poco “movimiento”  en él.

¿Qué ha sucedido? El escenario para el intercambio de ideas sobre el deporte nacional se trasladó hacia otro espacio, legitimado a partir de los trabajos periodísticos de los profesionales del medio.

Es así que los trabajos sobre los resultados de cada partido se han convertido en los Foros de Discusión y la Esquina Caliente Virtual y no el espacio que  una vez preconcebimos para esos menesteres.

Entonces, lo que antes se pensó como un lugar para el debate, la polémica y la discusión, ha quedado relegado por el trabajo del periodista, que desde su posición de actor social, ofrece su visión para el cibernauta y asume los retos que impone el disentir en un medio como Internet, bajo el influjo de la famosa web social o 2.0.

Por ello, pienso que el papel del periodista en este mundo de las Nuevas Tecnologías de la Información y las Comunicaciones no puede subestimarse como algunos han pretendido por ahí, ni debe relegarse a planos secundarios como ciertos teóricos han hecho creer, aun cuando sepamos que las redes sociales han alcanzado un boom impresionante y nada subestimable.

Los profesionales que trabajan en los medios deben continuar haciendo su labor, y tienen el compromiso, además, de ser promotores de buscar en cada entrega la mayor amplitud de criterios, opiniones; no hay que huir de la polémica, el disentimiento, la opinión sincera.

Los medios hoy, y la pelota lo ha demostrado, prenden la chispa para convertir un tema en termómetro social, a partir del cual se mueve todo en los carriles de la información.

No estar de espaldas a esa realidad, es otra manera de contribuir a que el Periodismo siga ocupando el lugar que le corresponde, por derecho propio, dentro de la estructura organizativa de la sociedad, y que no obstante la aparición de las nuevas tecnologías, los medios puedan continuar siendo referencia en el mundo comunicacional.

Claro, depende mucho de qué y cómo los profesionales asuman el reto. Lo importante, es opinar, ahí está el dilema.

Quedo abierto a otras opiniones, y vale la redundancia.

Del cara a cara a la entrevista on line

Los tiempos que corren, ya sabemos, andan cambiándolo todo. Y dentro de ese escenario global, el mundo de la comunicación está “sufriendo” los mismos impactos que la vida misma, sobre todo ante las complejidades que surgen con el empuje,  casi imparable, de las nuevas tecnologías de la Información y las Comunicaciones en todos los órdenes de la existencia humana.

Otros desafíos están llegando, también, en las diversas formas en las que se está transformando la manera de intercambiar ideas, pensamientos, maneras de pensar, proyectos de vida, aspiraciones personales, necesidades informativas.

Tanto es así que, según estudios de algunas empresas especializadas, se aprecia una sensible disminución en el correo postal tradicional que habitualmente se dirigía a los medios de prensa y en general entre las personas dentro de los propios países y entre naciones distantes, pues la aparición de las salas de chateo a través de Internet, el correo electrónico, foros debate, el uso de la telefonía celular y sus dispositivos cada vez más complejos, y más reciente en el tiempo el surgimiento de las redes sociales, cambiaron, al parecer para siempre, las maneras en que los seres humanos nos comunicamos.

En el caso del Periodismo siempre han existido reglas, que ahora, de pronto, parecen tender a su modificación, sino a su desaparición. Una de ellas está estrechamente vinculada a los géneros periodísticos, específicamente la entrevista en su concepto más tradicional.

Hace poco, una joven profesora me solicitaba una entrevista para hablar de estos temas y me decía que la quería hacer cara a cara, nada de correo electrónico o Internet, argumentaba, porque ese medio es muy frío para un objetivo como el que persiguía, me dijo.

Y a partir de ahí comencé a meditar en las experiencias que en los últimos meses el propio periódico Juventud Rebelde ha venido impulsando con las entrevistas on line, donde desde nuestra redacción personalidades de la vida política, deportiva, cultural o social, han aceptado responder las preguntas que desde cualquier rincón del mundo, los internautas han tenido a bien realizarles.
Nueva experiencia, nuevos desafíos.

Pero creo que también debemos analizar, como siempre trato de hacer en mis post, las ventajas apreciables, y también, por qué no,  los inconvenientes que trae, muchos de  ellos a tener en cuenta a la hora de entender el desarrollo de las mismas.

No niego, por supuesto, que esta nueva forma está en sintonía total con una de las reglas de la web, aquella que tiene que ver con la interactividad, pues nada mejor que una entrevista on line para desplegar las más amplias ideas sobre como debe funcionar Internet en el intercambio medio-lector.

Es verdad que este tipo de entrevistas posee ciertas cualidades de comunicación hasta hace poco escasamente usadas o no aprovechadas en toda su dimensión, como es el intercambio abierto, en vivo, entre el entrevistado y sus lectores, la inmediatez, la posibilidad ilimitada en tiempo y espacio, la amplitud temática, el horario ajustable a necesidades de ambas partes, anuncio anterior de la entrevista con la posibilidad de acumular interrogantes para responder, pausadamente,  antes del  momento en que transcurre el acto, la ampliación mediante hipertexto de infinitas cantidades de información que enriquecen el contacto.  Podrían ser muchas más.

Pero, cuidado, que siempre tiene sus pequeños inconvenientes, que debemos tomar en cuenta para que todo trascurra según lo previsto. El más peligroso de los riesgos, creo yo, está directamente vinculado a la identidad. Me explico. Recuérdese que hoy en Internet, la suplantación de identidades es muy común a través del falseado de datos de quien escribe y eso no puede desconocerse. Si todo el mundo en la web actuara bajo principios de plena transparencia, no habría problemas, pero cuántos hoy, por disímiles razones, no dan “la cara” y se esconden tras seudónimos, direcciones de correo falsas, suplantan nombres propios o de empresas o entidades o simplemente, inventan para ver cómo les sale el juego.

La oportunidad y la posibilidad de hacer entrevistas on line, desgraciadamente, no es común en nuestros medios, pero debía convertirse en otra posibilidad más de intercambiar entre entrevistados y sus múltiples, diversos y amplios entrevistadores.

No obstante, me queda dando vueltas en la cabeza la afirmación de la joven profesora que desea un  encuentro conmigo. ¿Frialdad solamente?  Invito a reflexionar sobre este nuevo tema.

¿Pueden desaparecer en Cuba los periódicos impresos?

Acabo de leer un extenso reportaje publicado en el periódico El País, de España. Se titula El futuro de la prensa: El momento crucial, donde se aborda profundamente la crisis económica e Internet y su influencia en las industrias periodísticas actuales.

El análisis toma un grupo de declaraciones de directivos de los principales medios de Estados Unidos y algún que otro español (curiosamente, nunca le preguntan a los periódicos de nuestro continente si tienen algo que opinar, porque, me imagino, piensan todavía que los de al lado de acá somos indios con levita, como sino tuviéramos cosas que decir), quienes ofrecen sus consideraciones acerca de lo que está sucediendo hoy con los periódicos impresos y el temor de que desaparezcan ante la extensión desenfrenada de la web.

Luego de leer el trabajo, un colega me decía que a él le parece que los medios impresos en Cuba no están sujetos a esas reglas y que aun hoy debemos continuar privilegiando nuestras ediciones impresas, que debemos lograr que las marcas reconocidas de los diarios en la isla tengan una influencia mayor, y que ello solo se logrará con el mejoramiento de los contenidos. “Ahí está la clave”, me decía pidiendo más agilidad, inmediatez, profundidad, diversidad, polémica y seriedad a la hora de abordar la vida de los cubanos. En todo eso el colega tiene razón.

Pero, después de conversar con él me vinieron a la mente varias preguntas. ¿Pueden desaparecer en Cuba los periódicos impresos? ¿Estamos preparados los profesionales del Periodismo para integrarnos a la web con nuestros contenidos? ¿La academia está formando a los nuevos periodistas en las competencias que exige un medio como Internet?

Pretender responder estas interrogantes en un breve comentario parece menos que imposible, porque aún, ni en esos grandes medios tienen la respuesta.

Sin embargo, no debemos estar de espaldas a las realidades que el mundo moderno ha impuesto a la vida actual. Internet llegó para quedarse, como se dice en buen cubano y desconocer sus posibilidades lo que hace es aislarnos de un mundo donde los inventos tecnológicos más recientes buscan ofrecer facilidades que se conectan directamente con la world wide web.

Lo que si está claro es que no podemos continuar pensando solamente en las estructuras y en las rutinas productivas de los medios tradicionales. Deben saltarse las barreras mentales que dan una mayor prioridad editorial a los periódicos impresos.

Y digo que el camino no solo lo labran los periodistas, tiene que empezar, a mi juicio, por quienes dirigen los medios, principales responsables de que sus colectivos comiencen a pensar y a sentir hacia la web.

Se habla mucho en Cuba de que los jóvenes no leen. No tengo una encuesta a mano para defender o refutar esa idea, pero téngase en cuenta que el sistema de educación ha ido introduciendo en los programas de estudio la asignatura de computación con mayor fuerza y hoy es raro que un adolescente llegue a los 15 años sin conocer todos los secretos de una PC.

Las tiradas de los periódicos además, son limitadas. En un país de 11 millones de personas, qué pueden significar 700 mil periódicos diariamente. Es como una gota de agua en un inmenso mar.

Tenemos que pensar más en Internet. Los blog, los foros de discusión, y otras facilidades están ahí y no debemos desaprovecharlas. Las herramientas poco a poco llegan, los profesionales capaces están y las posibilidades de hacerlo también. Tiempo que perdamos, es casi imposible recuperarlo. Sobre esto me gustaría conocer otras opiniones.