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Las nuevas señales de la comunicación

El intento de Golpe de Estado contra el presidente ecuatoriano Rafael Correa revela varias lecturas para el campo de la comunicación y la información actual.

Y no solo lo digo por la manipulación mediática tradicional de las grandes trasnacionales de la mentira, esas que no reconocerán jamás que lo sucedido ese día fatídico para la constitucionalidad en América Latina fue el secuestro de un presidente, y un zarpazo contra la democracia, que por suerte no pudo consumarse.

Se sabe que CNN y algunos otros medios que se autoproclaman paladines de la libertad de expresión, como las grandes agencias de noticias y periódicos de mucha “autoridad”, tienen un libreto predeterminado para ocasiones como esta. La compañía norteamericana lo que vio en Ecuador fue una sublevación, una rebelión de policías descontentos. En fin, que para estos emporios mediáticos, los sucesos de aquel día no apuntaban a dañar la institucionalidad de un país y de un gobierno elegido democráticamente por el pueblo.

Pero dejo a los lingüistas y a otros profesionales un análisis más profundo, que se acerque quizá al uso de términos engañosos, que puedan desentrañar cuánto de maldad se esconde detrás de cada palabra utilizada.

Lo que quiero comentarles hoy es otra de las lecciones que, al menos para mí,  dejó este acontecimiento desde el punto de vista de la comunicación y que los editores de los medios en Internet no debemos desconocer.

Durante las tensas horas que duró el secuestro de Correa y las protestas del pueblo que avanzaba en su rescate, en Juventud Rebelde ofrecimos a los lectores fieles a nuestra página  un seguimiento minuto a minuto, posibilidad que nos ofrecía poder ver en Vivo las imágenes que Telesur, por suerte, nos hacía llegar de lo que acontecía en el país sudamericano.

En la vorágine de ofrecer a los internautas “lo último”, nació la idea de conocer qué opinaban los lectores de la web sobre el zarpazo a Correa.

Para ello construimos una breve nota cuyo titular era Opine sobre el intento de Golpe de Estado en Ecuador, con el propósito de palpar las apreciaciones que sobre lo que acontecía tenían quienes estaban accediendo a los productos informativos que ofrecíamos instantáneamente.

En pocos minutos, decenas de lectores de sumaron al apoyo a Correa con frases de aliento, expresiones de solidaridad y llamados a respetar la constitucionalidad de aquella nación.

Por otro lado, se mantuvo durante toda latarde- noche la actualización constante de lo sucedido hasta el momento victorioso cuando el presidente ecuatoriano llegó al Palacio de Gobierno, sus palabras y el apoyo popular. En días posteriores ofrecimos el seguimiento informativo que se desprende debe hacerse.

Pasaron los días, y llegaron los análisis dentro de nuestro medio de los resultados de esa amplia cobertura. Resultó interesante constatar, entonces, algunos de los datos que aportaron los análisis estadísticos. Para sorpresa de muchos, lo más leído de la histórica jornada y en días posteriores, resultó la nota breve, pequeña, escueta, donde invitábamos a los lectores a compartir sus opiniones sobre el acontecimiento noticioso del día.

¿Casualidad? ¿Era eso lo previsible sino nos atenemos a lo tradicional? ¿Acaso la función de siempre no fue dar noticias y nada más? ¿Realmente el acontecimiento noticioso era lo que más interesaba al lector? ¿Por qué tantas visitas a la nota en cuestión?

Estas y otras muchas interrogantes comenzaron a darnos vueltas en la cabeza, pues además de haber hecho la cobertura instantánea de lo que ocurría, también se multiplicaron los mensajes en las redes sociales, los correos electrónicos, en fin, no hubo herramienta de las que están a mano en Internet y disponibles, que no utilizáramos, sin embargo, lo que generó más tráfico en tales circunstancias no fue necesariamente la noticia, sino la posibilidad que le dimos al lector de opinar.

Ante tal panorama y aunque pueda tomarse como una simple casualidad o un ejemplo aislado, no debemos desconocer que algo ha ido cambiando.

Es deber primero de un Editor prestar atención especial a un suceso como este, sobre todo si queremos “enganchar” a más personas para que vean nuestros contenidos.

En esta era de las Nuevas Tecnologías, la comunicación nos está ofreciendo nuevas señales. El lector no quiere estar pasivo, es partícipe y cómplice, quiere que su punto de vista sea tenido en cuenta, no desear estar como simple espectador, ahora se involucra, opina, disiente, contradice, apoya, y cada vez más toma como bandera las posibilidades de intercambio activo que se abren.

El internauta dice “las condiciones cambiaron, mi opinión cuenta, vale y la tienes que tomar en cuenta, ya no solo es de allá para acá, también es de aquí para allá”.

Es decir, los medios no debemos estar de espaldas a realidades como esta. Antes el mensaje iba en una sola dirección, ahora “el fuego” es cruzado y puede haber tiros más certeros, incluso, del lado de quienes nos leen.

Son algunos retos que tenemos hacia el futuro, nuevas señales de los cambios que envuelven a quienes permanecen en los medios “tradicionales”, posibilidades que debemos medir en todo su alcance, para que cada paso que se de, en un mundo como este, no sea en vano.