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Intercambios

Los periódicos siempre han sido espacios de intercambios de correspondencia. Cualquier medio que se respete tiene entre sus principales secciones, una dedicada a pulsar la realidad desde la mirada del lector. En la prensa nacional cubana, para bien, en los últimos 15 años nacieron espacios con diversas frecuencias, cuyo objetivo esencial ha sido ofrecer a los lectores la posibilidad de exponer sus criterios en espacios institucionales, ya bien a partir de quejas, sugerencias o reflexiones.

Sin embargo, con la llegada de las nuevas Tecnologías de la Información y las Comunicaciones, espacios como el ya citado han tomado otros rumbos y si bien muchos medios trasladaron hacia los sitios virtuales rutinas propias de los medios impresos, la posibilidad de introducir comentarios en las noticias en las noticias de prensa, ha abierto otras maneras de comunicación entre las publicaciones y los lectores y entre estos entre sí.

Ahora que acaba de concluir la Serie del Caribe de Béisbol y ante el sonado fracaso del equipo de Ciego de Ávila en esta competición, y el abandono de Yuliesky y Lourdes Gurriel de la selección cubana de béisbol, se multiplicaron en Granma los comentarios a las noticias nacidas de estos acontecimientos noticiosos y como era de suponer, una tendencia que viene dándose hace tiempo, pero en menor escala, se multiplicó de manera exponencial.

Ya los asiduos lectores a estos espacios de la publicación no solo opinan, disienten, ofrecen criterios, critican, cuestionan tanto lo publicado por el periodista, como la propia noticia en sí, sino que ahora han probado a intercambiar y comunicarse a través de los comentarios en la web con otros lectores, y además de haber convertido el espacio en un foro de debate, sienten que ese también es un lugar para “conversar” entre ellos.

Y entonces uno aprecia que se dirigen a personas directamente, les hablan de diversos sucesos o del mismo comentario hecho por el aludido, a la espera que el moderador del medio, entienda y cumpla con su nueva función de intermediario ya no entre el medio y el lector, sino entre lectores de una misma noticia, que casi seguro solo se conocen porque tuvieron como lugar común la caja de comentarios del periódico Granma.

Por ahí anda entonces una nueva forma de comunicarnos en las actuales condiciones de desarrollo tecnológico. Aquí no media un teléfono celular, ni llamadas por Imo, ni video llamadas por Internet, ni nada que se le parezca.

Se trata de la utilización de un medio de prensa, que “abrió” sus puertas a los lectores para que opinaran, y algunos de estos, lo hicieron ir más allá. Ahora es también un espacio para el intercambio entre quienes se mantienen fieles a un tema y a un medio. Quienes trabajamos entonces en este mundo de la información y las tecnologías, tenemos que comprender el significado de tal actitud y como tal reaccionar y responder. ¿Qué es lo mejor que puede hacerse en casos como este? ¿Publicamos el intercambio entre los lectores o solo entre estos y quienes trabajamos en el medio?

Es un asunto para meditar. Los invito a ofrecer aquí sus opiniones, luego de una ausencia larga en este espacio, la cual aspiro no vuelva a repetirse. Aquí están también las puertas abiertas.

Resistencia. Entre lo analógico y lo digital

Después de unos meses alejado de mi blog, vuelvo hoy con un tema que se está haciendo recurrente en la redacción y en otros espacios, y que tiene que ver con la reacción de los profesionales ante lo nuevo. Lo veo como la gran paradoja entre lo analógico y lo digital.

Y podrá pensarse que siempre todo lo nuevo es bien recibido y aceptado por quienes a la postre resultarán beneficiados, pero no es así. La resistencia es el peor enemigo que tienen las ideas renovadoras.

Y advierto que por mi propia edad no soy un nativo digital, sino alguien en el tránsito desde lo análogico -oh, aquellas máquinas de escribir que eran un sueño en los 80- hacia una cultura digital sin la cual difícilmente pueda uno imaginarse el presente y mucho menos el futuro.

Sin embargo, a veces sorprende que esos mismos llamados y reconocidos como nativos digitales, sean los primeros en oponerse férreamente a todo lo que pueda significar renovación, nuevos aires.

¿Por qué? Pues creo que no solo basta con ser de una generación que nació con la computadora y el mundo digital intrínseco, hace falta sobre todo un pensamiento abierto a los cambios, una mirada desprejuiciada, voluntad para la asimilación de conocimientos que puedan enriquecernos, deseos de sumarse a lo que pueda mejorar nuestras rutinas de trabajo.

Sin embargo, cuando sucede lo contrario, es decir, cuando la resistencia al cambio encuentra seguidores que solo indican su desacuerdo porque sí y nada más, debe preocuparnos, entonces, que no estemos todos preparados para hacer entender lo que se piensa y o defiende con vehemencia.

Y yo me preguntaría, solo por citar un ejemplo. ¿Qué es más sencillo y práctico a estas alturas, para trabajar dentro de una organización cualquiera interconectada entre computadoras, trabajar por una red y acceder por carpetas a la información, con todo lo enredado que se vuelve ese proceso, o hacerlo en un entorno web, sobre bases de datos, con un buscador que devuelva en milésimas de segundos múltiples informaciones que necesitamos?

Más que la respuesta que yo pueda ofrecer, me gustaría que otros con más conocimientos ofrecieran sus puntos de vista. A estas alturas, ya casi no es importante ser nativo digital o no, creo que lo imprescindible es tener una mentalidad que se adecue a los tiempos que vivimos, marcados por una influencia de lo digital cada vez más creciente, en lo que muchos estudiososo llaman la Sociedad de la Información y donde las herramientas que surgen cada vez simplifican más las maneras de acceder a sus prestaciones.

Sería muy saludable que las resistencias quie se interponen entre lo analógico y lo digital, no aparezcan por caprichos o desconocimiento, que el freno no venga de las mentes y las voluntades, sino y en última instancia de las limitaciones tecnológicas. Así pudiera entenderse cualquier oposición a lo nuevo y más moderno. Lo otro, es negar el desarrollo y por consecuencia el propio futuro.

Cuidado con las enfermedades virtuales

Mucho se habla por estos tiempos de los “peligros” que acechan a quienes en la era de las Nuevas Tecnologías de la Información y las Comunicaciones, han caídos, presos, de los adelantos tecnológicos que por días revolucionan la existencia humana.

Se sabe, se ha escrito y se comenta con bastante frecuencia, los daños que puede causar el exceso de tiempo frente a una computadora y las enfermedades asociadas a ello, pero no quiero referirme específicamente ahora a este tipo de daños físicos, más bien me interesa, sin desdeñar la nueva era en la que vivimos, acercarme a otros más asociados a prácticas abusivas o de exceso en la relación del hombre y de la mujer, para que no me critiquen el enfoque de género, con esos aparatos que se nos han hecho imprescindibles en la vida moderna.

El uso de las herramientas informáticas es sin dudas una de las posibilidades más gratas que ha tenido el ser humano en los últimos 40 años, de eso no hay duda, sin embargo, el abuso en su empleo, puede de hecho ser nocivo, sino se controla bien y se convierte en enfermizo.

¿A dónde quiero llegar, se preguntarán algunos?

Pues solo es alertar, buscar la reflexión sobre todo para que la socialización a la que hemos estado acostumbrados durante mucho tiempo, no sea desplazada por un apego desenfrenado a la computadora o a los teléfonos móviles o cuanto aparato las grandes industrias inventen en su carrera hacia el infinito.

Y lo digo porque he tenido conocimiento sobre ciertos grupos de personas que solo y nada más, viven, y viven y requeteviven para y desde una computadora o un teléfono móvil, y si con Internet, mejor o ¿peor? y empiezan un alejamiento de sus semejantes que casi se convierten, ellos mismos en máquinas en su cotidiano andar.

Podrán pensar que exagero, pero nada más alejado de la realidad.

Ejemplos andan por ahí infinitos, disueltos en la gran autopista de Internet. Y aclaro que no solo los jóvenes, como a veces se piensa, son quienes más apegados están a prácticas que los van individualizando en sus conductas.

Me podrán decir algunos que ese comportamiento es intrínseco a la vida moderna, y quizá no les falte razón, pero no creo que ante tan avalancha, la solución sea esa y no otra.

El hombre y la mujer, por naturaleza, necesitan de las relaciones humanas para su desarrollo, y ha sido así desde que el mundo lo es y si bien en los actuales tiempos las vías de comunicación variaron, lo que no debía cambiar es ese sentido de convivencia que tanta falta nos hace.

Esto es solo un mínimo acercamiento a un tema mucho más complejo, que imagino debe tener ocupado a unos cuantos sicólogos, sociólogos y otros especialistas, enfrentados a una realidad cambiante, pero que no debe llevarnos a la soledad en nuestra vidas.

Analicemos bien nuestro comportamiento diario. Que debemos utilizar las tecnologías en nuestro beneficio es ya una necesidad vital, pero no pueden ellas llevarnos a “enfermedades” que pudieran ser irreversibles.

Otras opiniones, como siempre, las espero por acá.

Los retos de la virtualidad

Ahora que comienza el 2012 y por ahí se filtran ciertas amenazas contra algunos de los principales adelantos vinculados a Internet, preciso escribir unas breves líneas sobre los retos que la virtualidad impone en esta era de la modernidad, donde casi nadie sabe qué es lo que está detrás de esa pantalla, ya bien en el teléfono inteligente, la tabletas o las pantallas más tradicionales de las computadoras de escritorios o laptop.

Y aclaro que no me estoy refiriendo a las vías que las propias redes sociales han creado en su dispersión mundial y mucho menos a que este tipo de fórmulas de contactos no sean efectivas para que cada quien logre sus propósitos en la vida.

El tema viene a colación ante la multiplicidad de nuevos sitios que nacen cada día en la red de redes y que uno se pregunta cómo es posible que se mantengan con sus ritmos habituales de entrega de los productos comunicativos para los que fueron creados.

Es ahí adonde quiero llegar, es decir, creo que estamos enfrentados todos a un dominio mayor de esa virtualidad que el propio desarrollo de las tecnologías han puesto en nuestras manos. ¿Cuántas personas puede haber hoy detrás de una publicación web informativa? ¿Acaso se necesitan grandes redacciones para mantener on line una página noticiosa de cierto decoro profesional? ¿No son cada vez más virtuales muchos de los sitios que hoy pueden marcar pauta dentro del complicado entramado que significa Internet?

A las interrogantes que yo mismo realizo, no les tengo todas las respuestas. Solo puedo aportar desde el estudio de ciertas propuestas, que han demostrado que para la realización de acciones en la web son necesarios ciertos requisitos, de lo contrario, todo esfuerzo que pueda hacerse quedaría muy por debajo de las necesidades informativas de los lectores más exigentes.

El primero de esos requisitos es sin dudas, poseer una conectividad. Este punto es clave y sin él posiblemente el resto no tengan mucho sentido. Y por supuesto, que mientras más rápida sea, será mejor, pero cualquiera que sea la vía para ello, significará el primer paso hacia el resto de las acciones que se deben realizar.

Pero no solo basta con tener,  pues puede desperdiciarase mucho si no se utiliza con efectividad y utilidad. Por ello, acompaña a la conectividad, una variable muy, pero muy importante;  se trata del tiempo, ese que casi nunca nos alcanza, pero que es imprescindible tomarlo en cuenta ante cualquier empeño en tales circunstancias. Hoy, creo yo, que nos alcanza menos que antes, pues ciertas adicciones de la vida moderna a las computadoras e Internet, restan tiempo para otras prácticas, que antaño eran realizables sin la “internetdependencia” o la “computadorización extrema” de la vida moderna. Y que conste que no critico, solo observo los comportamientos de que somos presa cada uno de nosotros.

No puede olvidarse entre los necesarios enfoques, las capacidades tecnológicas mínimas imprescindibles con que se deben contar, no solo en software, sino muy importante, el hardware, fundamentalmente los servidores que servirán como soporte para cualquier emprendimiento.

Y dejé de último en este breve pase de lista, al recurso, desde mi modesta apreciación, más importante y preciado: el ser humano y su capacidad profesional para emprender cualquier ¿aventura? en los tiempos de las Nuevas Tecnologías de la Información y las Comunicaciones. Sin los hombres y mujeres que deben otorgarle a la tecnología su valor de uso individual o social, poco se podrán alcanzar ante las competencias cada vez más altas que aparecen en el diario bregar.

Creo que por ahí seguiremos andando cada día desde la virtualidad que nos permite la era actual, con los primeros 11 años cumplidos del sigo XXI.

¿Tendremos muchos y mayores retos en los años por venir? Casi seguro. Ojalá y estas reflexiones en el inicio del 2012, también ayuden a meditar sobre este tema, uno de los tantos que merecen que nos detengamos a pensar.

¿Acaso la virtualidad será superada por algo que aún el ser humano no ha pensado todavía? Ver para creer.

La individualización del placer

El placer en los tiempos que corren está ligado a ciertas cosas materiales, me comentó hace poco un conocido mientras reflexionaba sobre cómo en la era de las Nuevas Tecnologías de la Información y las Comunicaciones el disfrute, pasa, según él casi inexorablemente, por ciertos niveles de posesión de objetos electrónicos de última generación.

Y alguien que se encontraba cerca decía no coincidir plenamente con tal afirmación, pues, para esta otra persona, llevar un vida plena requiere de muchos otros atributos, muy, pero muy lejos de la necesidad de contar con artefactos tecnológicos de la última moda.

Así, en esa dicotomía imagino se encuentren actualmente muchas personas en este mundo, pues por un lado están los defensores de una existencia atada a lo último que saldrá al mercado de los aparatos tecnológicos, mientras otros siguen refugiados en sus tradicionales hábitos en armonía con una convivencia menos virtual.

Y traigo el tema a colación, a propósito de los cambios que se vienen operando en muchas actividades de la vida diaria, donde cada vez más el uso de computadoras, teléfonos móviles en toda su amplia gama de inventos, y otros equipos, con Internet como telón de fondo, tienden a cierta individualización de los hábitos de vida cotidianos, a lo que pueden sumarse redes sociales, como Facebook, que si bien han revolucionado la manera de relacionarse entre las personas, también han provocado cierta adicción por momentos casi enfermiza, de estar “pegados” frente al ordenador.

A esta altura, alguien podría preguntarme, y a dónde quieres llegar con estas letras. Pues creo necesario que meditemos sobre cómo dentro los cambios obligados que nos ha impuesto la modernidad, preservamos ciertas formas que no se contradicen con la visión futurista de la vida.

Por ejemplo, en las redacciones periodísticas cada vez con más fuerza se aprecia la poca presencia de los profesionales, pues en muchos casos tienen conexión a Internet desde sus casas y ya se sabe que muchos en estos tiempos pretenden aplicar, parafraseando, aquella frase de “Denme Internet y moveré al mundo”.

Pues lo cierto es que muchos profesionales de los medios olvidaron el camino hacia sus antiguos predios y ya no necesitan visitar los espacios físicos, habida cuenta que la Internet transformó las rutinas de producción en todos los sentidos.

Ello es inevitable y no podemos negar sus ventajas, pero no deben quedar sin análisis los posibles contratiempos que traen tales prácticas, sobre todo si se entiende que la obra colectiva y la discusión y el intercambio in situ son prácticas muy saludables. Las relaciones humanas directas no tienen y no tendrán nunca sustitutos virtuales.

Otro tanto puede ocurrir con ciertas prácticas que se han venido a entronizar con la aparición de las redes sociales.

¿Acaso hay un tiempo determinado para estar frente a una computadora, “navegando” por las redes sociales? ¿Los cambios de conducta que ya son apreciables en algunas personas adictas a esos espacios, serán normales o inducidos por las nuevas tecnologías? ¿No debemos tomarnos ciertos aires de vez en cuando para salir al mundo real donde convivimos? ¿Podemos respirar si tener contacto o acceso a Internet?

Son algunas interrogantes que me vienen a la mente, que para muchos parecerán anticuadas y sé de antemano que desatarán la polémica.

Mientras, recuerdo la anécdota de dos amigas, que corren el peligro de  iniciar un no deseado distanciamiento en su centro de trabajo y en sus relaciones diarias, pues una de ellas no se despega de Facebook, mientras la otra le suplica que conversen sobre la última travesura de su mascota canina.

Ya para ellas, nada está siendo igual. Algo les cambió su manera de relacionarse. ¿Acaso fueron las Nuevas Tecnologías? ¿Las redes sociales? o ¿La vida misma?