En su edición dominical, el periódico Juventud Rebelde mostró algunas ideas sobre la percepción de los cubanos acerca de la crisis económica mundial y las posibles consecuencias que puede traer sobre la vida de los más de 11 millones de seres que vivimos en esta tierra.
Resultó elocuente la manera en que muchos de los entrevistados abordaron el tema. En una buena parte de ellos, no se apreció una alta preocupación sobre lo que podía suceder en el país con el agravamiento de las condiciones económicas mundiales. Como si estuviéramos “vacunados” contra los vaivenes de la economía mundial.
Sin embargo, no pueden subestimarse los efectos que, a largo, mediano y a corto plazo, pienso yo, tendrá la situación mundial sobre la vida cotidiana de la población. Y no estoy hablando de los apagones que las agencias de prensa internacionales radicadas en La Habana, “planificaron” en sus despachos, al parecer antes que las propias autoridades de la Unión Eléctrica. Si, porque inmediatamente después que un medio cubano llama al ahorro, y reflexiona que las empresas y el sector residencial deben disminuir el consumo eléctrico, porque se está gastando más de lo que es posible, allá van los “grandes medios” a multiplicar la noticia desde sus posiciones editoriales y ya casi que nos ponen en cuarentena eléctrica antes de haber enfermado.
Pero bueno, su tarea la tienen que cumplir. No andamos aislados en este mundo global y anárquico. Dependemos para la vida, en un alto componente, de las importaciones de materias primas y mercancías en general, que el país no puede producir y tiene que adquirir en el exterior. A lo que se suma, el hostigamiento de Estados Unidos a cualquiera que intente comerciar con Cuba. No dejo tampoco afuera, los errores que en el camino hacia la aspiración de una sociedad más justa, se han cometido en estos años.
Sin embargo, por qué no se aprecia una gran alarma en los ciudadanos cuando la crisis poco a poco toca a nuestras puertas.
Sería bueno conocer otras opiniones. Por mi parte, creo que los cubanos, a pesar de los pesares, como reza un dicho popular, hemos sentido durante todos estos años, la seguridad de que aunque poco, siempre hemos contado con lo mínimo indispensable para vivir, es verdad que no con abundancia, pero tampoco con las penurias que a veces se describen por ahí.
Es una rara mezcla de saber que tienes poco, pero lo tienes, con las ansias de tener un poco más y decir, “deja ver cómo lo obtengo”.
Y ahí quiero detenerme un minuto. Todavía nos anda faltando en el “deja ver cómo lo obtengo”, un poco más de esfuerzo personal. El trabajo, como motor impulsor para lograr y realizar las aspiraciones personales, aún no se ha convertido, para muchos, en el resorte que hale hacia lo que necesita el país.
Trabajar no está significando, para una parte de quienes aquí habitan, el camino indispensable para crear y obtener los beneficios a los que se aspiran. Es verdad que hay condicionamientos económicos que lo lastran, se sabe bien que la dualidad monetaria es hoy una de las barreras para lograrlo, pero ello no debe impedir que pongamos al trabajo en el centro de cualquier camino hacia la mejoría de las condiciones en las que nos desenvolvemos.