Caballero, ¡esto es el colmo!

La manipuladora CNN no tiene desperdicio por estos días. Bueno, podría ser un desperdicio la propia televisora, pero no viene al caso eso ahora. Realmente no tienen compostura en esa gran trasnacional de la mentira y el engaño.

Ya no les bastó cambiar su ropaje durante el mismo día del zarpazo y pasar de decir que había un Golpe de Estado a que lo que estaba sucediendo era una Sucesión forzosa. Vaya terminología la que se inventan.

Ahora andan utilizando otras tácticas para la subversión.

Veamos, para ellos Zelaya no es presidente, sino ex presidente, el usurpador Michelleti, presidente electo. La misma fórmula utilizada en Venezuela en el 2002. El mismo guión actualizado y con otros personajes, en el 2009. No les ha bastado que todo el continente, sus instituciones y la mayoría de los presidentes latinoamericanos hayan dicho que lo que está sucediendo en Honduras en un verdadero Golpe de Estado, ni que Obama o la Clinton se hayan desmarcado, afirmando que el único presidente legítimo es Zelaya.

En el colmo de una burda manipulación, mientras transmitía este lunes a media mañana el discurso del presidente hondureño Manuel Zelaya en la Asamblea General de las Naciones Unidas, dividía la pantalla y mostraba, en un cuadro superior y mayor, manifestaciones a las que acompañaba con un cintillo aludiendo a que los hondureños estaban rechazando a su presidente.

Pero, caballeros, ni una sola imagen, ni un solo comentario de la represión, ni siquiera un pequeñito pase a las marchas de los campesinos y los sectores populares, al atropello y a los militares  equipados con las armas largas. Nada de gases lacrimógenos. Es como si no existieran los heridos y los masacrados.  Sé que es como pedirle peras al olmo, como reza el refrán, pero estos “paladines de la libertad de prensa y la objetividad”, debían tener algún recato y no seguir prestándose a la burda maniobra de los sectores más reaccionarios del país centroamericano.

El golpe mediático no ha sido solo dentro de Honduras, los impostores han contado, como siempre, con la complicidad de los grandes medios. Pero el tiro les saldrá por la culata, como decimos acá en la Isla.

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2 pensamientos en “Caballero, ¡esto es el colmo!

  1. avatarlibertad

    Cada quien con su papel. Eso es la democracia. Los políticos sonríen, hablan, hablan sin parar, hacen lo que no dicen, y se guardan la carta militar para casos extremos. El ejército desfila, recluta a muchachos pobres, encumbra a hijitos de papá, y en situaciones extremas acude al llamado de los políticos. Y los medios, ah los medios, construyen escenarios, sucesos, esperanzas, desilusiones; trazan sobre el aire, con finos ademanes, las fronteras de la verdad y la mentira, de los sueños y las pesadillas. Veamos las cosas más terrenalmente: los políticos pueden ser contradictorios (esa es su esencia), por ejemplo, Hillary Clinton puede hacer de mala, y decir –cuando ya todos los estados latinoamericanos han condenado el golpe–: “la administración considera que la situación ha evolucionado en un golpe, pero de momento evitamos calificar los hechos en Honduras”, para que enseguida Obama, con el ceño fruncido y la sonrisa benévola en los labios, haga de bueno y descalifique esas declaraciones con una rotunda condena a los golpistas.
    Los militares no se molestan por ello; saben que cada quien se comporta según el buen guión de una democracia, y que los políticos deben decir lo que deben decir. Pero los medios, ah los medios, empiezan a tejer largas, delgadas e inofensivas telarañas, que terminan por enredarnos, por inmovilizarnos. Pongo un ejemplo, CNN –como ven, hablo en grande–, empieza diciendo que el presidente hondureño fue “detenido” por los militares, no dice que fue “secuestrado” (y ellos sí dominan el idioma), hasta que resulta imposible el escamoteo de los términos. Pero no se rinden: esa es su misión. Entre noticias de aquí y de allá, empieza a infiltrarse una noticia: “el presidente depuesto no respetaba la legalidad”; si somos observadores la veremos crecer con la misma alegría con la que crece cualquier criatura viviente. Hasta que se traga a la noticia de partida: el golpe de estado vuelve a convertirse en arresto judicial. Los militares cumplían órdenes de los tribunales.
    Mientras, los golpistas nombran a un nuevo presidente y a su gabinete. Todos los estados del mundo lo desconocen –hasta Obama, ese es el papel de los políticos en una democracia–, pero la CNN subrepticiamente empieza a referirse a Zelaya como ex presidente y a Patricia Rodas como ex canciller. Bien, pero puede pasar que el truco no funcione, o que funcione a medias. Sobran los recursos. Por ejemplo –y los últimos acontecimientos en Honduras nos proporcionan tantos ejemplos, que cualquier maestro de escuela podría impartir un curso completo con ellos–, la CNN y los grandes medios repiten una y otra vez que todo está en orden, que la resistencia es mínima y se limita a “organizaciones sociales de izquierda”. Hablan de la perniciosa influencia de Chávez y de Fidel. Las imágenes muestran calles solitarias, y soldados que cuidan la tranquilidad ciudadana ante la irreflexiva actitud de los extremistas. Los enfrentamientos entre manifestantes y soldados, los arrestos y los heridos, no se televisan, es decir, no existen. Los canales locales –sucursales de CNN y demás medios imperiales–, trasmiten muñequitos, y la CNN “se hace la loca”. Cuando ya han arrestado o secuestrado (elija usted el término correcto) a más de 160 líderes populares, y dispersado a los manifestantes de la capital –los del interior, sin información, se dan cuenta de lo sucedido muchas horas después–, el nuevo “presidente” convoca a una manifestación de respaldo a su nombramiento. Entonces las calles elegidas se llenan de cámaras de la CNN, siempre en pos del mejor perfil. El dictador de facto hace entonces lo que debe hacer un político en esos casos y levanta el brazo en señal de victoria, como si acabase de ganar las elecciones. La pantalla del televisor se llena de multitudes que vitorean al usurpador, mientras que en un recuadro inferior, el genuino presidente hace sus descargos. Hay un instante en que usted no sabrá ya distinguir quien es el presidente constitucional y quien de los dos hombres, Micheletti o Zelaya, es el autor del golpe de estado. El espectáculo alcanza su clímax cuando Micheletti –¿todos los dictadores llevan apellidos italianos?–, clama desde la tribuna, como corresponde a un político: ¡viva la democracia!
    Pero no quiero hacerle perder tiempo. He descrito las funciones de cada actor en una “democracia”, pero no he dicho lo más importante: nunca preste atención a lo que dicen los políticos, eso es irrelevante. Si usted quiere saber cuál es la verdadera opinión de Obama u otro presidente del grupo de los que cuentan (ya sabe a qué me refiero), escuche lo que dice CNN, lea la prensa norteamericana, que es como decir, lea la gran prensa de cualquier estado. Ahora viene mi advertencia: esa prensa está preparando las condiciones para presionar un acuerdo que mediatice el regreso de Zelaya. Quiero decir, que más allá de su carisma y de sus palabras de afecto, Obama se explica más claramente en la voz de sus medios, porque para eso son los políticos y para eso son los medios, en una “genuina” democracia. Y Obama también quiere aplastar la insurrección latinoamericana.

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