¿Hasta dónde concedemos?

En otras oportunidades he reflexionado en este espacio sobre el desafío que ha significado para los medios de prensa enfrentarse a dinámicas nuevas de la comunicación actual y en especial hemos debatido sobre los comentarios a las noticias en la web.

En momentos anteriones he recibido juicios diferentes sobre cómo actuar ante tales circunstancias,  cuando se miran las prácticas tradicionales en la relación emisor-receptor y que de alguna manera ha hecho cambiar enfoques sobre cómo proceder sin tener que renunciar a los objetivos esenciales del medio.

Dentro de esa complejidad, marcada por muchas personas y muchos criterios diferentes, he defendido y continúo defendiendo la necesidad de ciertos límites, más ligados a principios morales que a otros enjuiciamientos, con lo que a veces ciertos visitantes de este post pretenden dictar lecciones de una libertad que ellos no predican. Pero eso último es asunto para otro momento.

Los comentarios en las páginas web nacieron para quedarse, pero tienen un orden y todos debemos respetarlo.

No vale mucho quien solo busca espacios para la ofensa y no para el debate, quien anda escaneando espacios para ubicar sus descargos y no para argumentar con razones convicentes sus puntos de vista diferentes.

Es lo que sucede a veces con ciertos asiduos a comentar en espacios con tales fines, y que aparecen con sus notas llenas de odio y resentimiento, solo para ofender y provocar, no para debatir y socializar.

Entonces, uno se pregunta, ¿acaso eso es lo que algunos acuñaron y muchos se creyeron que es la muchas veces mencionada y poco practicada libertad de expresión? ¿Semejante proceder debe ser admitido en los medios de prensa? ¿Las malas palabras o las ofensas personales deben encontrar espacio en los comentarios de nuestros medios? ¿ Por qué algunos acuden a esos métodos, desde mi punto de vista poco éticos, y no al debate desnudo y sin ningún temor? ¿Cuántos no lo hacen escudados en identidades falsas? ¿No es eso también cobardía?

Los medios estamos en el proceso de aprendizaje y no estamos exentos de errores a la hora de definir qué hacer en cada momento.

Sin embargo, nuestra función no puede ser hacerle el juego a quienes buscan que caigamos en sus trampas bien diseñadas. Cada sitio web pone sus normas y los internautas deben adaptarse a ellas. No debemos conceder mucho más de lo que situamos como condición primera para aparecer en nuestros medios, es también una fórmula para “enseñar”,  si de alguna manera podemos llamar a ese ejercicio de regulación y moderación de los contenidos.

Y no me vayan a decir ahora que es censura, porque tendría muchos ejemplos a mano, allende las fronteras de Cuba, de ciertos paladines y abanderados de la “libertad de prensa”, que niegan con su proceder diario lo que pretenden criticarnos a los de esta Isla caribeña.

De todas formas, espero por las divergencias para construir entre todos las opiniones que acompañen esta nueva entrega.

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14 pensamientos en “¿Hasta dónde concedemos?

  1. avatarJuan

    En Argentina, la mayoría de los diarios no ponen filtro, algunas notas (sobre todo en los diarios de la derecha) se llenan de mensajes, llenos de odio, insultos y amenazas varias (y con errores de ortografía). Saludos.

  2. avatarsan

    Cada cual es dueño de sus propias palabras y si existen estos foros debiera darce derecho libre a quien quiera expresarse, es real que se censuran comentarios y sobre todo en juventud revelde, no se el porque pero sinceros y atentos comentarios tanto de credito como de descredito se censuran o para hablar en otro tono ¨no se publican¨, y me pregunto ¿para que dan entonces la posibilidad de opinion?, admito que no me gustan los comentarios con insultos y frases vulgares, siempre los reviso buscando una segunda interpretacion del articulo para autoevaluarme, es importante por ello que estos aporten sobre el tema en cuestion.

  3. avatarAlfonso Teijelo

    Lamento decir que, exactamente ayer, me volvió a morder el “perro” de la moderación “a discreción”. Expresé mi opinión ante un escrito de José Alejandro en Acuse de Recibo. Juro que fui respetuoso, adecuado, y solo mencioné mis preocupaciones ante problemas que nos aquejan. El hecho es que mi comentario, una vez más, fue ignorado. Y no se debió a problemas técnicos. Sigo sin entender cómo funciona esa forma de moderación. Y lamentablemente, parece que el hecho de no ser periodista, o académico ha provocado que mis modestos reclamos sean ignorados. Aunque agradezco que mi opinión sea publicada aquí, siento que los que sufrimos esa “moderación inmoderada” merecemos una explicación. Gracias de nuevo.

  4. avatarAlfonso Teijelo

    Coincido plenamente con los criterios que respaldan el rechazo al insulto y la grosería en estos medios. Sin embargo, hay algo que no deja de preocuparme. En su interesante artículo usted señala: “Cada sitio web pone sus normas y los internautas deben adaptarse a ellas…” Esta es una frase cuyo contenido suscribo totalmente. Pero sobre la base de estas palabras, me sigue molestando el hecho de que, al menos en lo que respecta a secciones, como “Acuse de Recibo”, en Juventud Rebelde, con cierta frecuencia son bloqueados comentarios hechos de buena fe, con total honestidad, y que cumplen a rajatabla con las normas establecidas por el sitio. Incluso he podido notar que textos muy parecidos, pueden o no, ser censurados. Es como si la facultad moderadora dependiera de quién está a cargo en un momento determinado, excediéndose más allá de las normas. Con toda honestidad, siento que todavía prima el miedo a ciertas palabras o temas, que parecen ser considerados “tabú” por los moderadores correspondientes. El tema es muy interesante, y tiene una enormidad de tela por donde cortar. Por ejemplo; me pregunto frecuentemente qué mandato “divino” le dio a determinados individuos la propiedad del concepto de lo que es revolucionario o no. La Revolución la estamos haciendo todos los cubanos, así que, de un modo u otro, todos tenemos un pedacito de su verdad. El problema surge cuando esos “propietarios intelectuales” tienen el poder de imponer un criterio y silenciar otros. De ahí que quien ejerce el trabajo de moderador, tiene la enorme responsabilidad de respetar criterios ajenos, aún cuando no coincidan con los suyos, e incluso cuando sean “criterios a contracorriente” (lo que no significa admitir el veneno como alimento legítimo). Raúl nos ha llamado a todos a decir nuestras opiniones sin cortapisas. Hagamos realidad ese llamado. Gracias.

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