Archivo por meses: Septiembre 2014

Cuando la noticia está en el comentario

“Y Polonia gana el mundial en 4 sets 18 a 25, 25 a 22, 25 a 23 y 25 a 22, justo ganador”.

Así escribió en la caja de comentarios de una información sobre el Mundial de voleibol, rama masculina, un internauta de Granma y con ello dio “el palo periodístico” al revelar quién se había coronado en el campeonato de la disciplina con sede en Polonia.

Pudiera parecer intrascendente el hecho de que un lector sea quien ofrezca la valiosa información, pues con la interconexión mundial en la que vivimos, muchas noticias “vuelan” más rápido que el más moderno de los aviones.

Sin embargo, traigo a colación el hecho por lo significativo que resulta como ejemplo de cómo van cambiando las dinámicas de la comunicación a partir de las posibilidades que ofrecen hoy las nuevas tecnologías de la información y la comunicación.

Pensemos por un momento que tiempos atrás, antes de la llegada masiva de las tecnologías, quien primero informaba era el medio de prensa, que tenía acreditado a un periodista, al que se le paga porque cubra la información, le ofrece los recursos a su alcance para que pueda realizar la cobertura, etc, y por esa vía, es decir, el profesional entrenado para tales lides, siempre nos enterábamos del resultado.

Ahora, un lector ha colgado un breve texto de 23 palabras en la caja de comentarios de una noticia de Granma, y nos ha dado la noticia, sin que medie, en este caso, la función social del periodista, como tradicionalmente lo hemos visto.

Hace poco, igualmente, en una nota sobre este deporte, otro internauta o no sé si el mismo de la ocasión que narro, fue describiendo, segundo a segundo, los pormenores de uno de los partidos del mundial de voleibol, y lo hizo en la caja de comentarios de una noticia relacionada con el evento y Granma fue publicando los resultados de aquel partido por esa vía.

Ello nos lleva a hacernos varias interrogantes. ¿Por qué no fuimos capaces, como medio, de hacer lo que el lector pudo hacer? ¿No tenemos capacidad o nos falta emprendimiento? ¿Perdemos el monopolio de la información ante acontecimiento tales? ¿El famoso y muy comentado periodismo ciudadano se impondrá en el futuro de esta profesión? ¿Hasta dónde estaremos dispuestos a “ceder” en la primicia de las noticias? ¿Estamos conscientes de las amenazas que imponen sucesos de esta naturaleza?

Es verdad, que por otro lado se corren riesgos ante la veracidad o no de la información que nos ofrecen, pero en esta ocasión el lector demostró seriedad, puesto que al final el resultado era tal cual nos lo estaba diciendo.

Las preguntas podrían ser muchas otras. La realidad es que mientras más lentos seamos desde los medios en ofrecer visiones como esta, y no palpitemos y conozcamos a fondo que la instantaneidad es ya intrínseca a los modos de hacer del Periodismo actual, poco podremos hacer ante situaciones similares y siempre habrá alguien que nos dé el “palo periodístico”, ya bien desde su móvil o bien, como en este caso, desde la caja de comentarios de una noticia publicada en Granma.

Nada, algo más para meditar entre quienes estamos inmesos en el mundo intenso del Periodismo y la comunicación. Otra alerta ante los desafíos futuros, otra señal para tomar en cuenta. Ya, hace mucho rato, perdimos el monopolio, debemos tener cuidado, podemos perder la esencia misma y podríamos quedarnos en nada. Pensemos.

Resistencia. Entre lo analógico y lo digital

Después de unos meses alejado de mi blog, vuelvo hoy con un tema que se está haciendo recurrente en la redacción y en otros espacios, y que tiene que ver con la reacción de los profesionales ante lo nuevo. Lo veo como la gran paradoja entre lo analógico y lo digital.

Y podrá pensarse que siempre todo lo nuevo es bien recibido y aceptado por quienes a la postre resultarán beneficiados, pero no es así. La resistencia es el peor enemigo que tienen las ideas renovadoras.

Y advierto que por mi propia edad no soy un nativo digital, sino alguien en el tránsito desde lo análogico -oh, aquellas máquinas de escribir que eran un sueño en los 80- hacia una cultura digital sin la cual difícilmente pueda uno imaginarse el presente y mucho menos el futuro.

Sin embargo, a veces sorprende que esos mismos llamados y reconocidos como nativos digitales, sean los primeros en oponerse férreamente a todo lo que pueda significar renovación, nuevos aires.

¿Por qué? Pues creo que no solo basta con ser de una generación que nació con la computadora y el mundo digital intrínseco, hace falta sobre todo un pensamiento abierto a los cambios, una mirada desprejuiciada, voluntad para la asimilación de conocimientos que puedan enriquecernos, deseos de sumarse a lo que pueda mejorar nuestras rutinas de trabajo.

Sin embargo, cuando sucede lo contrario, es decir, cuando la resistencia al cambio encuentra seguidores que solo indican su desacuerdo porque sí y nada más, debe preocuparnos, entonces, que no estemos todos preparados para hacer entender lo que se piensa y o defiende con vehemencia.

Y yo me preguntaría, solo por citar un ejemplo. ¿Qué es más sencillo y práctico a estas alturas, para trabajar dentro de una organización cualquiera interconectada entre computadoras, trabajar por una red y acceder por carpetas a la información, con todo lo enredado que se vuelve ese proceso, o hacerlo en un entorno web, sobre bases de datos, con un buscador que devuelva en milésimas de segundos múltiples informaciones que necesitamos?

Más que la respuesta que yo pueda ofrecer, me gustaría que otros con más conocimientos ofrecieran sus puntos de vista. A estas alturas, ya casi no es importante ser nativo digital o no, creo que lo imprescindible es tener una mentalidad que se adecue a los tiempos que vivimos, marcados por una influencia de lo digital cada vez más creciente, en lo que muchos estudiososo llaman la Sociedad de la Información y donde las herramientas que surgen cada vez simplifican más las maneras de acceder a sus prestaciones.

Sería muy saludable que las resistencias quie se interponen entre lo analógico y lo digital, no aparezcan por caprichos o desconocimiento, que el freno no venga de las mentes y las voluntades, sino y en última instancia de las limitaciones tecnológicas. Así pudiera entenderse cualquier oposición a lo nuevo y más moderno. Lo otro, es negar el desarrollo y por consecuencia el propio futuro.